Colegio Rochester consolida su esencia medioambiental

Colegio Rochester consolida su esencia medioambiental

La agenda 2030, avalada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), tiene entre sus pilares el desarrollo sostenible. Este rubro

La agenda 2030, avalada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), tiene entre sus pilares el desarrollo sostenible. Este rubro es transversal a todos los espectros de la sociedad, y un ejemplo de buenas prácticas se ve en los estándares de construcción  sostenible.

 

Para este sector, responsable alrededor del 7% de las emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI) en Colombia, es importante que los edificios sean sostenibles desde su fase de planeación y diseño, hasta la finalización del proyecto. Todo su ciclo de vida debe estar atravesado, horizontalmente, por la sostenibilidad. En Colombia, desde 2022, se tiene contemplado el mecanismo de clasificación de actividades económicas y activos que contribuyan al logro de los objetivos y compromisos ambientales que el país tiene actualmente a nivel global y el Colegio Rochester, de Bogotá, ha sido un ejemplo de cumplimiento.

 

La institución, con más de 60 años de funcionamiento, ha contemplado desde su diseño e implementación el sistema LEED para la construcción, un hito que se ve potenciado por el hecho de que, no solamente se queda el conocimiento en las instalaciones, sino que se está transmitiendo a las nuevas generaciones.

 

“Las directivas del Colegio, en cabeza de Juan Pablo Aljure, buscaron por años cambiar la sede. Visitaron diferentes instituciones en Estados Unidos para traer ideas de cómo desarrollar el proyecto y cuando, finalmente, encontraron la sede en la que estamos hoy, inició el proceso de sostenibilidad integral a través del GBCI y la certificación LEED, en primera instancia”, esto cuenta Jorge Quintero, director de Sostenibilidad del Colegio Rochester, durante una visita guiada por las instalaciones.

 

Este centro académico fue el primero en el mundo, con educación desde kinder hasta grado doce, en recibir la certificación TRUE GOLD, que avala los programas de cero desperdicio,demostrando que desvían más del 96% de los residuos de un camión de basura. Esta es una certificación entregada por la Green Business Certification Inc. (GBCI), una entidad que promueve y verifica técnicamente la sostenibilidad desde la arquitectura.

 

María Alexandra Cardona, Líder de Desarrollo de Negocios de GBCI en Colombia, asegura que el Rochester es una prueba de cómo el marco de referencia LEED ayuda a que los objetivos de construcción sostenible sean una realidad: “este desarrollo es un camino de mejora continúa en pilares fundamentales de la sostenibilidad, como lo es la calidad de vida, la eficiencia de los recursos y el cuidado del ambiente”.

Estos reconocimientos son avalados por datos ejemplares: en el periodo de 2024  a 2025, el Colegio ha logrado una tasa de desvío de residuos del 97,6 %, gracias, entre otros, a los sus programas de reciclaje, en colaboración con operadores departamentales, además de centros de compostaje para los desperdicios orgánicos, de los cuáles han entregado ya toneladas a causas sociales, y han consolidado una iniciativa para reutilizar sus uniformes, que favorece a los más necesitados. 

“Sin duda el acompañamiento del GBCI ha sido fundamental para los logros del Colegio. Gracias al acompañamiento de la organización hemos podido dar los pasos necesarios, en la dirección correcta, para obtener no sólo la certificación LEED, sino también la TRUE de cero desperdicios, y las re certificaciones con LEED en  Operación y Mantenimiento, que hemos obtenido a lo largo de este proceso”, dice Quintero.

 

Así mismo, los paneles solares y la estrategia de aprovechamiento de la energía, que incluye bombillos inteligentes en aulas, que detectan la presencia y ausencia de personas en la misma y distribuyen la iluminación acordemente, resultaron en un ahorro 71,68 % en el gasto de energía, desde 2020 hasta la fecha. De igual manera, durante el mismo periodo de tiempo, el Colegio ha logrado un ahorro de agua del 43,21 %, gracias a buenas prácticas de tratamiento, disposición y distribución del recurso. Uno de los hitos es el aprovechamiento del agua tratada para abastecer las cisternas de las instalaciones, en lugar de usar agua potable para el mismo propósito.

Dichos números son admirables y están acompañados de una eficiencia operativa. “Un edificio sostenible se traduce en ahorro de energía, un aprovechamiento íntegro de los recursos se traduce en menos gasto y calidad de espacios saludables para sus estudiantes y funcionarios,. Desarrollar estas estrategias trae beneficios no sólo académicos y ambientales, sino también financieros”, dice Cardona.

A todos estos esfuerzos in situ se suman iniciativas comunitarias como la siembra masiva de árboles nativos, que han llevado a cabo con apoyo del municipio de Chía y el Gobierno distrital, y sus programas de preservación de fauna, que velan por todas las especies nativas del sector como el oso de anteojos y el mico tití cabeciblanco en la región caribe.

 

 

Alirio Aguilera
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