Banco de Occidente advierte sobre el impacto de la crisis en Medio Oriente en la inflación y el crecimiento global para 2026
La prolongación de las tensiones en Medio Oriente continúa generando ondas de choque sobre la economía global, principalmente a través de los mercados de energía, fertilizantes y transporte. Para el Banco de Occidente, filial de Grupo Aval, la persistencia de estas disrupciones representa uno de los principales riesgos para la reducción de la inflación, la normalización de las tasas de interés y el avance económico a nivel global en 2026.
El análisis destaca que el Estrecho de Ormuz (por donde transitaba cerca del 20% del petróleo y gas global, y alrededor del 40% del comercio marítimo de la urea) continúa en el epicentro de la seguridad energética mundial. Las recientes disrupciones han reducido significativamente el tránsito por esta vía, con esto el precio del petróleo Brent se ubica alrededor de los US$106 por barril, un incremento del 71% en lo que va del año.
“La prolongación del conflicto implica que el choque energético continúa transmitiéndose a distintos componentes de la economía. Los mayores costos de energía, transporte e insumos productivos pueden hacer que la inflación sea más persistente y obligar a los bancos centrales a mantener una postura monetaria restrictiva durante más tiempo”, explica David Cubides, economista jefe del Banco de Occidente
Debido a esta coyuntura, el Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento mundial de 3,0% en 2026 y de 3,4% en 2027. Aunque la economía global continúa creciendo, la persistencia de las presiones sobre energía y otros insumos mantiene elevados los riesgos sobre la inflación y podría limitar una reducción más rápida de las tasas de interés.
Efectos en Colombia y Latinoamérica
Para la región, el impacto continúa siendo asimétrico. Mientras países importadores netos de energía, como Chile o Perú, que enfrentan una presión más directa por el aumento en costos, Colombia presenta un balance mixto:
- Presión inflacionaria: el aumento de los precios internacionales de la energía y las disrupciones en fertilizantes representan un riesgo adicional para los costos de producción y los precios de los alimentos. La urea llegó a superar los US$850 por tonelada en abril y, aunque posteriormente corrigió hasta ubicarse alrededor de US$400 por tonelada en septiembre, se mantiene por encima de los niveles pre-conflicto con un mercado aún expuesto a nuevas interrupciones de oferta.
- Tasa de cambio: los mayores precios del petróleo pueden favorecer los ingresos externos del país y actuar como amortiguador para el peso colombiano. Sin embargo, este efecto compite con una mayor aversión al riesgo global.
- Logística: las disrupciones en las principales rutas de transporte del Medio Oriente continúan elevando los costos asociados al comercio internacional y mantienen la volatilidad sobre los mercados de energía.
Ante la volatilidad, el Banco de Occidente enfatiza que la preparación macroeconómica es clave. “El principal reto para Colombia es evitar que este choque externo se traduzca en una mayor persistencia de la inflación del país. Para ello será clave mantener unas cuentas fiscales sostenibles, que el Banco de la República avance en la convergencia de la inflación hacia la meta y preservar la confianza de inversionistas y empresarios”, puntualiza Cubides.
A pesar del entorno de incertidumbre, la región continúa ofreciendo oportunidades para los inversionistas debido a los altos precios de las materias primas y a tasas de interés todavía elevadas frente a las economías desarrolladas.