América Latina lidera la adopción de inteligencia artificial generativa en el campo
El 72 % de los agricultores de cultivos especializados en América Latina ya utiliza bioestimulantes, alternativas biológicas que ayudan al crecimiento de las plantas, la absorción de nutrientes y su tolerancia al estrés. La región registra así el mayor nivel de adopción entre los mercados analizados, en un contexto en el que los productores buscan nuevas formas de proteger sus cultivos frente a condiciones cada vez más exigentes.
El clima es una de esas presiones. El 58 % de los agricultores de la región identifica los eventos climáticos extremos entre los tres mayores riesgos para su rentabilidad durante los próximos dos años, por encima del aumento en los costos de los insumos (42 %) y la escasez de agua (29 %).
El hallazgo hace parte de Global Farmer Insights 2026, la cuarta edición del estudio bienal de McKinsey & Company, que recoge las respuestas de 5.500 agricultores de diez países y analiza cómo están cambiando sus decisiones frente a un escenario marcado por menores márgenes, costos elevados, volatilidad geopolítica y condiciones climáticas cada vez más impredecibles.
La situación es particularmente relevante para América Latina. Mientras en Norteamérica y Europa los costos de los insumos son la principal preocupación, en la región el clima ocupa el primer lugar. El estudio señala que la exposición a fenómenos extremos, junto con la presión de plagas y su resistencia, está aumentando el interés por soluciones capaces de proteger el rendimiento de los cultivos.
Colombia ya enfrenta esta presión climática de forma directa. Según cifras de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), divulgadas en septiembre de 2026, los fenómenos climáticos asociados a El Niño y los incendios forestales generaron pérdidas por $75.327 millones para el sector pecuario en apenas 86 días, con afectaciones en 19 departamentos, equivalentes al 60 % del territorio nacional.
El balance incluye más de 15.500 bovinos muertos y cientos de miles de hectáreas afectadas por inundaciones, sequía e incendios. La cifra confirma, a escala local, lo que refleja el estudio de McKinsey: el clima dejó de ser un riesgo eventual para convertirse en una variable que golpea directamente la rentabilidad del campo.
Un productor más cauteloso
La presión no es únicamente climática. A escala global, la intención neta de aumentar el gasto durante los próximos 12 a 18 meses cayó 24 puntos porcentuales frente a 2024, aunque continúa siendo positiva en la mayoría de los mercados analizados. Los agricultores están aplazando algunas compras y evaluando con mayor rigor el retorno de cada inversión.
El fertilizante es uno de los ejemplos más claros: 36 % de los agricultores señala que sería una de las primeras categorías en las que reduciría gasto cuando disminuye la rentabilidad, pero también es la principal categoría en la que esperan reinvertir cuando sus márgenes se recuperen.
“Los agricultores de la región están enfrentando decisiones cada vez más complejas. La presión del clima se suma a un entorno de costos y márgenes desafiantes, y eso hace que cada inversión tenga que demostrar con mayor claridad su valor. No se trata de dejar de innovar, sino de ser mucho más selectivos sobre dónde invertir y qué soluciones pueden generar un impacto concreto en la operación”, señaló Tim Lilie, socio de McKinsey & Company.
América Latina lidera la adopción de soluciones biológicas
La cautela, sin embargo, no está frenando la innovación. Uno de los principales hallazgos del estudio está en la adopción de biocontroles y bioestimulantes, utilizados para apoyar desde el manejo de plagas y enfermedades hasta el crecimiento, la absorción de nutrientes y la tolerancia de los cultivos al estrés.
América Latina registra los niveles de adopción más altos entre las regiones analizadas. Entre los agricultores de cultivos especializados, 67 % utiliza al menos un biocontrol y 72 % al menos un bioestimulante. En cultivos extensivos, las cifras llegan a 45 % y 52 %, respectivamente.
Además, los productores latinoamericanos muestran motivaciones particulares: 42% señala la innovación entre los factores más importantes al comprar productos biológicos y 36% menciona la sostenibilidad, porcentajes superiores a los registrados en las demás regiones.
La inteligencia artificial también llega al campo
La otra transformación está ocurriendo en el terreno digital. El 17 % de los agricultores encuestados globalmente ya utiliza inteligencia artificial generativa para tareas relacionadas con su actividad, desde planeación y manejo de cultivos hasta búsqueda de información, comparación de productos y resolución de problemas cotidianos.
América Latina presenta la mayor adopción entre las regiones estudiadas: 26% de los agricultores utiliza herramientas gratuitas de IA generativa y 13% paga por este tipo de soluciones. A nivel global, además, 72% espera que esta tecnología tenga algún impacto sobre sus operaciones durante los próximos tres a cinco años.
Pero la tecnología todavía tiene un límite importante. Los agricultores consultados por McKinsey expresan dudas sobre la capacidad de estas herramientas para entregar recomendaciones agronómicas suficientemente adaptadas a las condiciones particulares de cada terreno y cultivo. Por eso, el estudio concluye que el potencial de la IA dependerá de su capacidad para combinar información y velocidad con contexto local, experiencia acumulada y conocimiento técnico.
“La rápida adopción de inteligencia artificial muestra que existe apertura a nuevas herramientas cuando son fáciles de incorporar y ayudan a resolver necesidades concretas. Pero en agricultura el contexto local es determinante: el tipo de cultivo, el suelo, el clima y la experiencia acumulada siguen siendo fundamentales. El mayor potencial está en combinar esas capacidades humanas con herramientas que permitan procesar más información y tomar decisiones con mayor agilidad”, agregó Tim Lilie.
Los resultados dibujan así un campo latinoamericano sometido a una presión creciente, pero no inmóvil frente a ella. Ante un clima más impredecible y recursos que deben administrarse con mayor cautela, los agricultores están buscando innovaciones capaces de resolver problemas concretos y demostrar su valor en cada cultivo.