Cuando preservar el cine es resguardar la memoria del país
Hay países que conservan sus monumentos, sus documentos y sus obras de arte. Colombia también ha hecho un trabajo valioso para conservar sus imágenes. Porque en ellas, más allá de las películas, están los rostros, las ciudades, los paisajes, las costumbres, los conflictos, las celebraciones y las maneras en que distintas generaciones aprendieron a mirar y a contar el país.
Los 40 años de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano constituyen en este año 2026, una fecha que trasciende el aniversario de una institución cultural. Son cuatro décadas de una tarea esencial para la historia de Colombia: buscar, rescatar, conservar, restaurar, documentar y volver accesibles las imágenes en movimiento que forman parte de la memoria nacional.
La conversación sobre los antecedentes, sus logros y realizaciones será el eje del encuentro que reunirá a Myriam Garzón, Rito Alberto Torres y Jorge Mario Vera, en una conversación sobre el patrimonio audiovisual colombiano, sus desafíos y las historias que todavía permanecen detrás de películas, noticieros, documentales y registros que han sobrevivido al paso del tiempo, informó la historiadora María Margarita López Forero, quien será la moderadora del evento de conmemoración.
Una historia que comenzó antes de 1986
La preocupación por conservar la memoria cinematográfica colombiana no nació con la Fundación. Sus antecedentes se remontan a la década de 1950, con los esfuerzos del Cine Club de Colombia y la creación de la Filmoteca Nacional, posteriormente vinculada a la Cinemateca Colombiana.
En 1984, la entonces Compañía de Fomento Cinematográfico, FOCINE, convocó un Comité de Preservación del Patrimonio Fílmico Nacional. El proceso desembocó en la creación formal de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano el 28 de julio de 1986.
Desde entonces, la institución asumió una tarea que en buena medida había permanecido dispersa: convertir la conservación de las imágenes colombianas en un trabajo sistemático, técnico y permanente.
Hoy su acervo supera las 200.000 unidades de cine, video y otros soportes, además de fotografías, carteles, objetos, guiones, contratos, libros, revistas y recortes de prensa. Es, en consecuencia, mucho más que una colección de películas: es un archivo de la vida colombiana registrada por las cámaras.
Del celuloide a la memoria digital
El trabajo de Patrimonio Fílmico ha acompañado las profundas transformaciones tecnológicas del audiovisual. Durante años significó rescatar y estabilizar películas deterioradas, especialmente materiales antiguos registrados en nitrato de celulosa. Posteriormente incorporó procesos de duplicación, digitalización, restauración y catalogación.
La alianza con instituciones públicas y privadas y, especialmente, el acceso a recursos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico ha permitido ampliar estos procesos. La Fundación también ha trabajado con el ente público RTVC en la digitalización y catalogación de fondos audiovisuales de la televisión pública.
El resultado puede medirse en cifras recientes: la Fundación señala que durante sus cuatro décadas ha rescatado 5.866 minutos de patrimonio audiovisual, de los cuales 4.311 minutos —cerca del 74 %— fueron preservados digitalmente durante los últimos once años.
En 2025, por ejemplo, fueron intervenidos 15 títulos, equivalentes a 317 minutos de material audiovisual, mientras se verificó el estado técnico de 2.100 rollos y se puso en marcha una primera fase del Plan Nitrato sobre 405 rollos contenidos en 348 latas. También se digitalizaron 80 horas de noticieros cinematográficos y se restauraron digitalmente otras 20 horas de Telediario.
Recuperar lo que parecía perdido
La historia de la Fundación también puede leerse a través de las películas que logró rescatar.
Entre ellas están fragmentos de María (1922), considerada el primer largometraje colombiano; Alma Provinciana (1925), Bajo el cielo antioqueño (1925) y Garras de oro (1926). En el caso de María, apenas sobrevivieron 25 segundos, pero esos segundos son hoy un testimonio irreemplazable de los primeros pasos del cine nacional.
Especial significado tiene el Archivo Histórico Cinematográfico de los Hermanos Acevedo, cuyos registros abarcan de 1915 a 1955. El archivo fue reconocido en 2018 por la UNESCO dentro del Registro de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo.
La dimensión histórica de esos materiales es enorme: allí aparecen acontecimientos políticos, personajes públicos, transformaciones urbanas, celebraciones populares y episodios de la vida cotidiana. Es decir, imágenes que permiten estudiar Colombia desde aquello que las cámaras consiguieron registrar.
Preservar no significa esconder
Uno de los grandes desafíos contemporáneos es que conservar no puede significar simplemente guardar.
El propósito final es que las imágenes puedan ser investigadas, proyectadas, estudiadas, utilizadas por nuevos realizadores y conocidas por públicos que no vivieron el tiempo en que fueron filmadas.
Por eso la Fundación desarrolla procesos de digitalización, catalogación, licenciamiento, publicaciones, exhibiciones, actividades pedagógicas y circulación cultural. En 2025 participó u organizó más de 80 actividades entre festivales, muestras, talleres, encuentros académicos, cine conciertos y conversatorios en Colombia y en escenarios internacionales.
Los 40 años plantean así una pregunta hacia el futuro: ¿qué imágenes de la Colombia de hoy tendrán que conservarse para que dentro de cincuenta o cien años el país pueda reconocerse en ellas?
La celebración de Patrimonio Fílmico no mira únicamente hacia atrás. También recuerda que cada imagen que desaparece puede significar una página menos de la historia nacional. Conservarla es, en última instancia, una manera de impedir que el país pierda la posibilidad de verse a sí mismo