Los monstruos financieros que deberían asustarnos
Por: Iván Francisco Tunjano, docente de la Escuela de Contabilidad y Finanzas Globales de la Universidad Politécnico Grancolombiano.
Hay cosas que parecen venir del más allá: fantasmas que aparecen cuando menos los esperamos y demonios que resultan difíciles de expulsar. En las finanzas también existen. Solo que no llegan envueltos en niebla ni aparecen a medianoche; suelen presentarse justo cuando más necesitamos dinero. Y no todos los monstruos son igual de peligrosos.
El primero se presenta con dos nombres: “gota a gota” o “paga diario”. Promete dinero inmediato, sin trámites y sin preguntas, pero la verdadera película de terror comienza después: intereses desproporcionados, cobros abusivos e intimidación. Detrás de una solución aparente suele esconderse una pesadilla de largo plazo. A estos demonios es mejor nunca abrirles la puerta.
Cerrada esa puerta, aparece un “monstruo” mucho más conocido: la tarjeta de crédito. Tiene mala fama, pero no siempre la merece. El problema no es la tarjeta, sino creer que el cupo disponible es plata extra. Cuando eso ocurre, es fácil gastar más de lo que realmente se puede pagar y convertir una herramienta útil en una fuente de preocupaciones.
En otra habitación aparece un fantasma: el crédito de consumo. Suele llegar de forma amable y con una pregunta aparentemente inofensiva: “¿Necesita dinero? utilizalo para lo que quieras”. Es ese “para lo que quieras” el que debería hacernos detener un momento. Cualquier compra puede disfrutarse hoy, el dinero llega primero; las cuotas, después.
Sin embargo, no toda deuda es un villano. Un crédito que permite ampliar un negocio, adquirir un activo productivo o financiar un proyecto capaz de generar ingresos puede convertirse en una herramienta de crecimiento. La diferencia no está en pedir dinero prestado, sino en para qué se usa y si realmente se puede pagar.
Es aquí donde aparece el verdadero monstruo de esta historia. No es la tarjeta de crédito, ni el crédito de consumo, ni siquiera el endeudamiento en sí mismo. Es la falta de criterio para tomar decisiones financieras.
La mayoría de las personas reconoce el peligro de un “gota a gota”. Lo difícil es darse cuenta de que algunos de los errores financieros más costosos llegan envueltos en ofertas, facilidades de pago o promesas de comodidad. Una deuda aparentemente inofensiva puede comprometer ingresos durante años cuando se adquiere sin comprender sus implicaciones.
Por eso queda una última habitación por abrir. Allí habita un monstruo silencioso que no presta dinero ni llama a cobrar: la falta de educación financiera. Quizás sea el más peligroso, porque consigue algo que ningún otro puede hacer por sí solo: convencernos de abrir la puerta.
En las historias de terror, el peligro aparece cuando la amenaza pasa desapercibida. En las finanzas ocurre algo similar. Antes de aceptar un crédito vale la pena preguntarse: ¿realmente lo necesito?, ¿podré pagarlo sin afectar mis finanzas?, ¿qué consecuencias tendrá esa decisión dentro de unos meses o unos años?
Porque los monstruos financieros más peligrosos rara vez parecen tales cuando llaman a la puerta.