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📅 martes, 27 de octubre de 2026 🕘 01:10:07 pm

Colegio Refous apuesta por una educación ambiental que transforme hábitos

Cuidar el medio ambiente puede comenzar con una pregunta tan sencilla como qué hacer con los residuos después del descanso, pero el verdadero desafío está en convertir esa inquietud en una forma de vivir. Bajo esa premisa, el Colegio Refous impulsa una propuesta de educación ambiental que busca ir más allá del reciclaje y las campañas ocasionales para formar estudiantes conscientes de su entorno, responsables de sus decisiones y comprometidos con el cuidado de la vida.

La apuesta parte de una convicción: la conciencia ambiental no se enseña únicamente con información, se construye a través de experiencias, hábitos y relaciones cotidianas. Por eso, en el Refous, aprender a separar los residuos, sembrar árboles o reconocer las especies vegetales del colegio hace parte de un proceso formativo más amplio, en el que el cuidado de la naturaleza está estrechamente ligado al respeto por los demás y a la vida en comunidad.

“Custodiar el entorno es también cuidar a quien está a mi lado: al compañero que comparte el salón, a la persona de servicios generales que recoge lo que dejamos”, explica María Paula Rodríguez Triana, docente de Ciencias Sociales y coordinadora del Proyecto Ambiental Escolar (PRAE) del Colegio Refous.

Esta mirada amplía el sentido de la educación ambiental. No se trata solamente de que los estudiantes aprendan a identificar los residuos aprovechables o comprendan conceptos como el cambio climático, sino de que puedan relacionar ese conocimiento con sus propias decisiones: lo que consumen, lo que desechan y la manera en que se relacionan con su entorno.

Aprender haciendo: cuando el medio ambiente se convierte en un aula viva

En el Colegio Refous, la naturaleza no es únicamente un tema de estudio: es también un espacio para observar, experimentar y aprender. Las actividades de siembra de árboles, las caminatas por el entorno y los procesos de aprovechamiento de residuos orgánicos permiten que los estudiantes comprendan de manera práctica las consecuencias de sus acciones y las posibilidades de generar cambios.

La institución trabaja en la separación de residuos desde la fuente, con puntos señalizados para diferenciar los materiales aprovechables, los orgánicos y los no aprovechables. También desarrolla iniciativas de compostaje, aprovechamiento de residuos de poda y producción de abono mediante pacas digestoras, experiencias que permiten explorar cómo materiales que suelen desecharse pueden reincorporarse a los ciclos naturales.

A estas acciones se suman el consumo de productos cosechados dentro de la institución, como parte de sus esfuerzos por reducir su huella ambiental, y la promoción de hábitos de alimentación saludable en la cafetería y durante el almuerzo escolar.

Otra de las iniciativas en marcha es la construcción de un catálogo ambiental de la flora del colegio. En este proyecto, los estudiantes investigan las características, la historia y las particularidades de las plantas que los rodean para compartir ese conocimiento con la comunidad educativa. Así, el reconocimiento de la biodiversidad se convierte en una oportunidad para fortalecer el sentido de pertenencia por el territorio.

“Lo que más les queda es lo que tocan, lo que pesan y lo que transforman con sus propias manos”, señala Rodríguez Triana, al destacar la importancia de las experiencias prácticas para conectar las decisiones cotidianas con sus efectos en el ambiente.

Los estudiantes, protagonistas del cambio

Uno de los ejes de esta estrategia es la participación de los propios alumnos. El colegio cuenta con una red de líderes ambientales de tercero a undécimo grado, quienes acompañan a sus compañeros en la separación de residuos, promueven buenas prácticas y contribuyen a fortalecer una cultura de cuidado dentro de la institución.

Su papel va más allá de recordar dónde depositar cada material. La intención es que los estudiantes desarrollen capacidades para asumir responsabilidades, compartir conocimientos y movilizar a otros desde el ejemplo.

Para el Refous, el liderazgo entre pares tiene un valor especial: las iniciativas ambientales adquieren mayor sentido cuando nacen de los intereses de los jóvenes y encuentran espacio para convertirse en acciones concretas. Por eso, la institución busca escuchar sus inquietudes e involucrarlos en la construcción de las actividades del PRAE.

Este proceso también empieza a reflejarse en las preguntas que surgen en la vida escolar. ¿Qué ocurre con los residuos después de desecharlos? ¿Por qué se utilizan tantos plásticos de un solo uso? ¿Qué especies de árboles crecen en el colegio? ¿Cómo funciona una paca digestora?

Más que respuestas aisladas, estas preguntas evidencian una forma distinta de observar el entorno. Como explica la coordinadora del PRAE, cuando los estudiantes comienzan a cuestionar sus hábitos y a interesarse por las consecuencias de sus decisiones, se abre una oportunidad para construir cambios sostenidos en el tiempo.

Una responsabilidad que atraviesa todas las áreas y llega a las familias

La educación ambiental también plantea un reto para los colegios: dejar de entenderla como una responsabilidad exclusiva de las ciencias naturales. En el Refous, el propósito es integrarla a las distintas áreas del conocimiento y a los momentos cotidianos de la vida escolar.

Desde las Ciencias Sociales, por ejemplo, los estudiantes pueden estudiar las formas en que las comunidades han habitado y transformado sus territorios, así como la relación de los pueblos indígenas, entre ellos los muiscas de la Sabana de Bogotá, con el agua y la tierra. Estas reflexiones permiten comprender que los problemas ambientales tienen dimensiones históricas, geográficas, sociales y culturales.

A su vez, el trabajo pedagógico incorpora preguntas sobre la responsabilidad individual, las consecuencias de las decisiones y el respeto por los seres vivos. La intención es que el cuidado del entorno no dependa de una clase específica o de una semana dedicada al planeta, sino que forme parte de la identidad de la comunidad educativa.

En ese proceso, las familias cumplen un papel fundamental. Los hábitos de consumo, la separación de residuos y la disposición adecuada de materiales como pilas y aceite usado requieren coherencia entre lo que se promueve en el colegio y lo que ocurre en casa. Por eso, la institución busca vincular a las familias a sus iniciativas ambientales y reconoce que los aprendizajes también pueden viajar en la dirección contraria: de los hijos a sus hogares.

“Las familias son un apoyo fundamental, porque lo que se aprende en el colegio solo se vuelve hábito si se vive también en casa”, afirma Rodríguez Triana.

De la sostenibilidad a la conciencia ambiental

En un contexto marcado por desafíos como el cambio climático, el consumo excesivo y la gestión de residuos, la propuesta del Colegio Refous pone el foco en una pregunta de fondo: ¿cómo lograr que las nuevas generaciones no solo conozcan los problemas ambientales, sino que se sientan parte de las soluciones?

Para la institución, la respuesta comienza en lo cercano. Entender qué sucede con los residuos que produce una comunidad, reconocer la biodiversidad del entorno y asumir responsabilidades compartidas son pasos que permiten conectar las grandes discusiones ambientales con decisiones que se toman todos los días.

Este enfoque busca desarrollar cuatro capacidades complementarias en los estudiantes: compromiso para sostener sus responsabilidades; asombro para reconocer el valor de la naturaleza; conocimiento para comprender los procesos y sus consecuencias; y ubicación para reconocerse como parte de un territorio y entender su relación con el mundo.

El propósito no es formar únicamente estudiantes que sepan reciclar, sino ciudadanos capaces de actuar con criterio, sensibilidad y responsabilidad, incluso cuando no hay alguien supervisando sus decisiones.

“Educar en conciencia ambiental es formar personas que caminan con los ojos abiertos, conscientes de su entorno y listas para buscar soluciones en lo que les corresponde cada día”, concluye Rodríguez Triana.

Con esta apuesta, el Colegio Refous busca consolidar una cultura ambiental que trascienda sus instalaciones y se extienda a las familias y al entorno. Una transformación que no depende de una sola campaña ni de acciones extraordinarias, sino de la constancia con la que una comunidad aprende a cuidar lo que comparte: su territorio, sus recursos y la vida que la rodea.

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Autor

Alirio Aguilera

Alirio Aguilera, periodista bogotano egresado de la Universidad Central de Bogotá, especializado en periodismo económico en la Universidad de la Sabana y con magister en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana con amplia experiencia en medios de comunicación y también como docente de varias universidades y con gran experiencia como asesor de comunicaciones en el sector público y privado.

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