El presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, abrió ALIM2025 en la Ciudad de Cartagena, sin rodeos: Latinoamérica no avanza porque a cada país le dio por pelear su propio partido mientras el marcador regional se hunde. El tono fue directo, sin maquillaje diplomático, con un mensaje que cayó como baldado de agua fría entre
El presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, abrió ALIM2025 en la Ciudad de Cartagena, sin rodeos: Latinoamérica no avanza porque a cada país le dio por pelear su propio partido mientras el marcador regional se hunde. El tono fue directo, sin maquillaje diplomático, con un mensaje que cayó como baldado de agua fría entre empresarios, gremios y representantes de la industria alimentaria del continente. Mac Master pidió lo que casi nunca se escucha en voz alta: que la región decida, por fin, si quiere crecer como bloque o seguir repitiendo la historia de oportunidades perdidas. Y lo hizo rematando con una frase que dejó claro el calibre de su preocupación: “Necesitamos una agenda, ojalá colectiva de todos los países de la Región, de un mercado y de productos integrados”.
Para Mac Master, insistir en lógicas fragmentadas es una condena autoimpuesta que ya se volvió costumbre y que está frenando el potencial de miles de empresas que hoy podrían estar vendiendo, produciendo y escalando mucho más rápido si existiera algo parecido a un mercado verdaderamente regional. América Latina lleva décadas prometiéndose a sí misma una integración industrial y comercial que nunca termina de ocurrir. ALIM2025, al menos en su apertura, arrancó con la dosis de sinceridad que hacía falta: la región ya no se puede dar el lujo de seguir posponiendo decisiones estratégicas mientras el mundo entero reconfigura cadenas productivas, define nuevas reglas para la seguridad alimentaria y acelera transiciones tecnológicas.
El dirigente gremial también quiso bajarle el tono a la idea de que estos encuentros solo sirven para hablar de riesgos y advertencias. Para él, el valor real está en mirar hacia adelante, incluso cuando la región parece más ocupada en apagar incendios que en planear futuro. Lo dijo sin adorno y sin intención de endulzar el discurso: “Este tipo de encuentros es para pensar en el futuro. No sería valioso solo tener precauciones empresariales. Más que eso, es la propuesta de hacia el desarrollo y demostrar que América Latina es mucho más de lo que ha demostrado hasta ahora”. El mensaje tenía una carga de frustración, pero también de urgencia: seguir administrando la región con mentalidad de corto plazo es exactamente lo que la mantiene rezagada.
Mac Master insistió en que la industria alimentaria un sector que mueve empleo, logística, innovación, exportaciones y cadena de valor en prácticamente todos los países del continente puede ser la plataforma que impulse una integración real si se toman decisiones ahora. Para él, ALIM2025 no es un foro más, sino un escenario para ponerle nombre y apellido a las oportunidades que se siguen escapando: logística regional fragmentada, aranceles que castigan la producción intra-latinoamericana, normativas incompatibles y sistemas de certificación que parecen diseñados para complicar, no para integrar. En otras palabras, más trabas que incentivos en un sector que debería ser motor económico y no campo de batalla.
El presidente de la ANDI también reconoció que la región tiene algo que pocas veces se aprecia: una capacidad productiva enorme, diversidad agrícola, empresas que ya compiten globalmente y una demanda interna que podría estimular cualquier proceso de integración si existiera una mínima coordinación. En ese sentido, su discurso buscó sacudir la pasividad de gobiernos y empresarios que, año tras año, se reúnen a diagnosticar los mismos problemas, pero sin convertirlos en políticas o compromisos concretos. La sensación en el auditorio era clara: o ALIM2025 se convierte en un punto de inflexión, o pasará a engrosar la larga lista de cumbres sin consecuencias.
En su intervención, Mac Master también dejó entrever un punto político inevitable: la región oscila entre modelos económicos contradictorios, tensiones internas y agendas nacionales que rara vez dialogan entre sí. Esa falta de alineación, en su opinión, es incompatible con la idea de construir una industria latinoamericana capaz de competir con bloques mucho más articulados como la Unión Europea o Asia-Pacífico. Lo dijo sin señalar a ningún gobierno, pero el mensaje quedó flotando: o los países dejan de pensar en sí mismos como islas, o la región seguirá dependiendo de decisiones tomadas en otras latitudes.
Al terminar su discurso, el presidente de la ANDI dejó claro que no se trataba de un regaño ni de un intento moralista, sino de una invitación a actuar sin máscaras y sin excusas. ALIM2025 arrancó con la sensación de que ya no basta con celebrar la “enorme oportunidad latinoamericana” como si fuera un eslogan vacío. Mac Master puso sobre la mesa la urgencia de convertir ese potencial en estructura, coordinación y estrategia. Si su llamado cala o no, será algo que la industria tendrá que demostrar más allá de los discursos. Pero, de entrada, la conversación quedó lanzada: América Latina tiene todo para crecer, pero solo si decide, de una vez por todas, hacerlo junta.














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