Colombia y Brasil: ¿Aliados estratégicos en la ruta del cacao?

Colombia y Brasil: ¿Aliados estratégicos en la ruta del cacao?

Por: Diana Valdés, profesora de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional del Politécnico Grancolombiano. Cuando hablo de cacao, no me refiero únicamente al grano que termina convertido en chocolate, pienso en empleo digno en zonas rurales, en ingresos que sostienen familias y en un motor silencioso del progreso económico que atraviesa la historia de

Por: Diana Valdés, profesora de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional del Politécnico Grancolombiano.

Cuando hablo de cacao, no me refiero únicamente al grano que termina convertido en chocolate, pienso en empleo digno en zonas rurales, en ingresos que sostienen familias y en un motor silencioso del progreso económico que atraviesa la historia de nuestras regiones tropicales. El cacao es uno de los productos agrícolas con mayor presencia en el comercio internacional, y su cultivo en áreas tropicales se ha vuelto un recurso decisivo para la renta rural y la dinámica productiva de países como los nuestros.

En Latinoamérica, Colombia y Brasil ocupan un lugar estratégico en esta cadena global de valor, ambos países cuentan con capacidad productiva relevante y una participación sostenida en la industria del cacao y sus derivados. Sin embargo, y aquí está el matiz, aunque compartimos condiciones geográficas y climáticas similares, nuestras estructuras productivas, niveles de industrialización y patrones de comercio no se parecen tanto. Precisamente por esa divergencia, la relación bilateral se vuelve un laboratorio vivo para observar cómo las teorías del comercio internacional se expresan en la realidad.

Con esa pregunta en mente, desarrollé junto con mis estudiantes del programa de Negocios Internacionales del Politécnico Grancolombiano en Medellín, Sara Triana, Sofía Correa, Erwin Román, Andrés Córdoba, Maikol Arrieta y Jeremy Vargas, un estudio sobre las relaciones comerciales entre Brasil y Colombia alrededor de la comercialización del cacao. Quisimos mirar más allá del dato aislado y conectar la teoría con la práctica, para entender qué explica la posición de cada país en el mercado internacional y qué oportunidades están ahí.

En el análisis incorporamos varias teorías fundamentales del comercio: la ventaja absoluta de Adam Smith, la ventaja comparativa de David Ricardo, el modelo Heckscher-Ohlin, la ventaja competitiva de Porter y el comercio intraindustrial. Hablamos de capacidad económica, capacidad de producción, comportamiento exportador, costos de oportunidad y provisión de factores; variables que, en conjunto, explican cómo se construyen ventajas y cómo se pierde competitividad si no se ajusta la estrategia.

La demanda mundial de cacao ha ido en aumento, impulsada por el crecimiento sostenido de la industria del chocolate y por una preferencia creciente de los consumidores por productos diferenciados y sostenibles. Aquí es donde Colombia y Brasil encuentran ventanas claras: Colombia por su cacao fino y de aroma reconocido globalmente; Brasil por su tamaño, infraestructura y capacidad agroindustrial para escalar procesos y derivados.

Pero los problemas son muy similares. Enfrentamos la volatilidad de los precios internacionales, el cambio climático que altera ciclos y rendimientos, barreras técnicas al comercio que complican la homologación sanitaria, y problemas de infraestructura logística que, en la práctica, ralentizan o encarecen el intercambio entre los dos países. Es decir: tenemos oferta y demanda, tenemos condiciones naturales, pero nos faltan engranajes.

Si nos detenemos en Brasil, el panorama es claro: ostenta la posición de sexto mayor productor mundial de cacao, con una producción anual que supera las 200.000 toneladas, concentradas principalmente en los estados de Pará y Bahía. Aun así, en 2024 el país redujo su producción en 18,5 % respecto a 2023. Las causas son fenómenos climáticos adversos y plagas que golpearon la calidad y la cantidad del cacao producido.

En contraste, Colombia alcanzó en 2024 una producción histórica de más de 73.000 toneladas, con un crecimiento del 23 %. Ese salto tiene un impacto directo en los ingresos de aproximadamente 65.000 familias productoras. Y en el frente externo, las exportaciones de cacao y derivados sumaron 265,1 millones de dólares en 2024, duplicando los valores del año anterior, con Estados Unidos, México y varios países europeos como destinos principales (Analdex, 2025).

El escenario entre ambos países sigue siendo complejo. Colombia incrementa su producción y amplía acceso a mercados; Brasil, por su parte, lidia con desafíos internos que limitan su capacidad exportadora. Es ahí donde variables como las fluctuaciones productivas, las condiciones climáticas, la gestión de plagas y las políticas comerciales influyen de manera directa en la competencia regional y en el potencial de flujos de exportación e importación de cacao entre Colombia y Brasil.

Hablemos del problema sin rodeos. La relación comercial cacaotera entre Colombia y Brasil es buena, pero si de verdad queremos transitar hacia una integración productiva, debemos ir más allá de la compraventa. Colombia posee una ventaja comparativa clara en cacao fino y de aroma (el 95 % de su producción). Brasil, por su lado, tiene mayor territorio, infraestructura industrial y tecnología para procesar derivados del cacao. Y contamos con un marco útil: el Acuerdo de Complementación Económica N.º 72 entre Colombia y Mercosur nos da condiciones favorables para reducir aranceles, promover inversiones y cooperación técnica.

Pero entre el deseo y la realidad, se interponen obstáculos concretos. Los desafíos logísticos son persistentes: muy poca conectividad terrestre por la Amazonia, falta de infraestructura fronteriza, costos altos de transporte y baja frecuencia de rutas, tanto marítimas como aéreas. A esto se suman diferencias sanitarias que complican la homologación y una escasez de centros de almacenamiento adecuados. Por eso, la competitividad frente a mercados internacionales se ve limitada y, para completar, la conexión sigue dependiendo de países terceros como Panamá. Aunque se han impulsado rutas multimodales y acuerdos logísticos, hoy por hoy incrementan costos y tiempos.

Entonces, ¿cuál es la solución? Si queremos transformar la relación comercial positiva en una verdadera integración productiva, tenemos que capitalizar la complementariedad natural: el cacao fino y de aroma colombiano y la robusta capacidad industrial brasileña deben encontrarse. Y para que eso ocurra, hay que superar barreras logísticas que encarecen el intercambio por la falta de conectividad y la dependencia de rutas que pasan por terceros países.

Esto se traduce en acciones concretas y urgentes: armonizar normativas sanitarias, agilizar trámites aduaneros para destrabar el flujo en frontera, establecer centros logísticos binacionales de acopio y promover alianzas directas entre cooperativas productoras y empresas procesadoras. Son medidas tácticas, pero poderosas: permiten mitigar los desafíos de la geografía amazónica, reducir drásticamente los costos de transporte y acelerar los tiempos de entrega. En suma, consolidar una cadena de valor regional eficiente, capaz de competir con fuerza en el mercado internacional.

La ruta está trazada, ahora hace falta recorrerla con decisiones valientes y con una logística a la altura de lo que ya somos capaces de producir. ¿Nos animamos?

 

Alirio Aguilera
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