Por: Ángela Julieta Mora, docente de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional del Politécnico Grancolombiano En Colombia hemos logrado avances importantes en cobertura y acceso a la educación superior, pero aún enfrentamos un desafío estructural: la desconexión entre lo que enseñamos en las aulas y lo que realmente necesita el mercado laboral. Como docente
Por: Ángela Julieta Mora, docente de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional del Politécnico Grancolombiano
En Colombia hemos logrado avances importantes en cobertura y acceso a la educación superior, pero aún enfrentamos un desafío estructural: la desconexión entre lo que enseñamos en las aulas y lo que realmente necesita el mercado laboral. Como docente y profesional comprometida con la formación empresarial, me pregunto constantemente si estamos preparando a nuestros estudiantes para liderar, emprender e innovar en un entorno económico cada vez más exigente y globalizado.
El caso de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) es especialmente revelador. Estas representan más del 90 % del tejido empresarial colombiano y generan cerca del 80 % del empleo formal, según cifras del Ministerio de Comercio. Sin embargo, muchas de ellas siguen enfrentando barreras estructurales en innovación, internacionalización y transformación digital. En el capítulo “El emprendimiento y la innovación en la Pyme colombiana”, que escribí para el libro “Negocios internacionales en tiempos de cambio: entornos globalizados” del Politécnico Grancolombiano, analizo justamente estas brechas y cómo la educación superior puede y debe contribuir a cerrarlas.
Desde mi experiencia, estoy convencida de que formar en negocios internacionales, análisis de datos, comercio electrónico o gestión de riesgos no puede seguir siendo un complemento opcional, debe ser el núcleo de la formación empresarial. En el Politécnico Grancolombiano hemos asumido este reto fortaleciendo nuestros programas con contenidos actualizados en transformación digital, sostenibilidad y liderazgo estratégico. Porque en un país donde las Pymes son el motor de la economía, no basta con entregar diplomas, hay que entregar herramientas reales para competir, crecer y generar empleo de calidad.
Pero el conocimiento técnico, por sí solo, no es suficiente. Uno de los hallazgos más preocupantes en estudios recientes sobre educación superior en Colombia es el déficit en habilidades blandas entre los graduados de programas en administración, negocios e ingeniería. Liderazgo, comunicación, trabajo en equipo y toma de decisiones estratégicas siguen siendo competencias poco desarrolladas en muchos profesionales. Y esto tiene un impacto directo en la sostenibilidad de las empresas.
Un emprendedor sin visión de liderazgo difícilmente podrá escalar su negocio, y un gerente sin mentalidad emprendedora difícilmente innovará dentro de su organización. Por eso creo firmemente que el emprendimiento y el liderazgo no deben tratarse como competencias separadas, se necesitan profesionales capaces de combinar creatividad con estrategia, visión con ejecución, y que estén dispuestos a asumir riesgos, gestionar personas y adaptarse a entornos cambiantes.
Además, debemos entender que la educación superior no solo forma individuos, sino que también fortalece el tejido empresarial del país. Cada graduado que crea una empresa, que lidera un equipo o que transforma un proceso dentro de una Pyme, está aportando a la competitividad nacional. Por eso, las universidades debemos asumir un rol más activo en la dinamización económica, no solo desde la formación, sino también desde la investigación aplicada, la consultoría y la transferencia de conocimiento.
En ese sentido, es clave fomentar una cultura de innovación desde las aulas. No basta con enseñar modelos de negocio o teorías de administración, hay que invitar a los estudiantes a resolver problemas reales, a trabajar con empresas locales, a experimentar con nuevas tecnologías y a pensar globalmente desde lo local. Solo así lograremos que la educación superior sea un verdadero motor de transformación empresarial.
Transformar la educación empresarial implica también fortalecer los vínculos entre universidad y empresa. Necesitamos más espacios de práctica real, más proyectos de innovación aplicada, más alianzas con sectores productivos y tecnológicos. Solo así lograremos que nuestros graduados no solo encuentren empleo, sino que también generen valor, impulsen el crecimiento de las Pymes y contribuyan al desarrollo económico del país.
La educación superior no puede seguir siendo una fábrica de títulos. Debe convertirse en una plataforma de transformación empresarial y social. Formar líderes y emprendedores es, en esencia, formar ciudadanos capaces de dinamizar regiones, abrir mercados y construir un país más competitivo. Porque canalizar las competencias específicas puede ampliar la rotación laboral y mejorar salarios.















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