Por: Alejandro Murcia Rodríguez, docente de la Escuela de Marketing y Branding del Politécnico Grancolombiano Durante años, el marketing se ha enfocado en conquistar al cliente externo, en seducir al consumidor, en brillar hacia afuera. Pero ¿qué pasa con lo que ocurre puertas adentro? ¿Qué pasa con quienes hacen posible que una marca exista, respire
Por: Alejandro Murcia Rodríguez, docente de la Escuela de Marketing y Branding del Politécnico Grancolombiano
Durante años, el marketing se ha enfocado en conquistar al cliente externo, en seducir al consumidor, en brillar hacia afuera. Pero ¿qué pasa con lo que ocurre puertas adentro? ¿Qué pasa con quienes hacen posible que una marca exista, respire y evolucione?
Es aquí donde entra el endomarketing, una estrategia que, lejos de ser una moda corporativa importada, es una necesidad urgente en contextos como el nuestro, donde las emociones, la cercanía y el sentido de pertenencia son el verdadero motor de las organizaciones.
El endomarketing no es poner frases motivacionales en los pasillos, ni enviar correos con gifs de “¡Feliz lunes!”. Es mucho más profundo, es diseñar experiencias internas que conecten a las personas con el propósito de la empresa, es convertir la cultura organizacional en una ventaja competitiva. Y sí, también es una forma de hacer branding desde adentro.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando llevamos esta lógica a cualquier organización? Muchos podrían pensar que no aplica, que eso es para compañías con departamentos de talento humano y presupuestos millonarios. Pero la verdad es que todas las empresas necesitan endomarketing. Porque aquí no solo vendemos productos o servicios, construimos relaciones y experiencias, y eso solo es posible si quienes hacen parte del equipo se sienten vistos, escuchados y valorados.
No hablo de grandes campañas. Hablo de gestos cotidianos que transforman. Como reemplazar los correos impersonales por plataformas donde los colaboradores puedan dialogar, o crear espacios donde se reconozcan los logros, no solo laborales, sino humanos, o usar herramientas digitales para visibilizar lo que antes pasaba desapercibido.
Los datos lo confirman: una cultura organizacional sólida puede aumentar la productividad en más del 40%. Y aunque eso suene a lenguaje empresarial, en cualquier sector significa menos burocracia, más escucha activa, menos rotación, más compromiso. Cuando la comunicación interna deja de ser vertical y se vuelve horizontal, la confianza florece y los conflictos se disuelven.
En el Politécnico Grancolombiano, donde tengo el privilegio de enseñar, hemos vivido esto de cerca. Y esto es solo el comienzo, porque el futuro del endomarketing también se juega en la tecnología, no para reemplazar lo humano, sino para amplificarlo. Chatbots que resuelven dudas internas en segundos, realidad virtual para entrenar habilidades blandas, análisis de datos para anticipar la desmotivación antes de que sea irreversible…
Pero nada de esto sirve sin liderazgo. Y no me refiero a un gerente carismático o un CEO con discurso inspirador, me refiero a una comunidad que entiende que todos somos líderes en potencia, que transformar empieza por escuchar, por proponer, por atreverse a hacer las cosas distinto.
Así que, si alguien dice que el endomarketing es solo una moda corporativa, lo invito a mirar hacia adentro, porque la verdadera innovación no empieza con pantallas táctiles ni con rankings internacionales, empieza cuando cada persona que entra a una empresa se siente parte de algo que vale la pena construir… juntos.















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