US$9 billones cambiarán de manos: ¿qué significa para Colombia?

El mundo está entrando en la mayor transferencia de riqueza de la historia: más de US$9 billones pasarán de una generación a otra en los próximos años, según el Global Wealth Report 2025. Y aunque esta transición es global, tendrá efectos directos en países como Colombia, donde la riqueza está altamente concentrada y las estructuras

El mundo está entrando en la mayor transferencia de riqueza de la historia: más de US$9 billones pasarán de una generación a otra en los próximos años, según el Global Wealth Report 2025. Y aunque esta transición es global, tendrá efectos directos en países como Colombia, donde la riqueza está altamente concentrada y las estructuras empresariales dependen fuertemente de la continuidad familiar.

Colombia aporta entre el 0,5 % y el 0,8 % de la riqueza mundial, los desafíos no son exclusivos del país, sino parte de una tendencia global: a nivel mundial, el 1 % más rico concentra el 37 % de la riqueza, el 10 % acumula el 65 % y solo el 12 % de las empresas familiares llega a la tercera generación, aun cuando el 96 % desea mantener el negocio dentro del núcleo familiar (Oxfam Intermón).

Este escenario adquiere mayor relevancia si se considera el aporte estructural que las empresas familiares hacen al país: son responsables de más del 80 % del tejido empresarial, generan millones de empleos y sostienen buena parte del bienestar económico de los hogares colombianos. Su continuidad no es solo un asunto privado: es un asunto de desarrollo nacional.

A esta dinámica se suma un fenómeno demográfico silencioso: la población está envejeciendo, las familias son más pequeñas y los procesos sucesorales se han vuelto más complejos. El resultado: cientos de miles de millones de pesos en riesgo de fragmentarse, disputarse o perder valor por falta de planificación.

Frente a este panorama, las estructuras fiduciarias se han convertido en una herramienta esencial para la organización y protección del patrimonio en Colombia. Su relevancia económica es contundente (Asofiduciarias):

• El sector fiduciario administra más de $1.000 billones, equivalentes al 57,3 % del PIB.

• Gestiona 8.100 proyectos de vivienda, que suman cerca de $112 billones.

• El 72 % de los proyectos inmobiliarios en el país utilizan fiducia.

• Solo en 2025, las fiduciarias generaron más de $4 billones en rendimientos para sus inversionistas.

La fiducia dejó de ser un mecanismo exclusivo para operaciones de gran escala y hoy es una herramienta de planificación familiar, empresarial y sucesoral utilizada en el mundo entero.

El crecimiento del número de “millonarios cotidianos” (los llamados EMILLIS), sumado al aumento de la riqueza en sectores como tecnología, agronegocios, energía y emprendimiento, está impulsando a más familias a preguntarse por su legado.

Las preocupaciones más frecuentes incluyen: cómo evitar conflictos entre herederos, cómo proteger activos frente a demandas o embargos, cómo asegurar que la voluntad del fundador se respete y cómo planificar impuestos sucesorales o evitar la desorganización patrimonial.

La evidencia global muestra que la riqueza se diluye no porque falten recursos, sino porque faltan reglas, procesos y claridad familiar.

Cada vez más familias están migrando de un concepto tradicional de herencia a un enfoque estructurado: ordenar, separar, proteger y planificar. En este contexto, los patrimonios autónomos y los fideicomisos se han consolidado como mecanismos efectivos para garantizar continuidad, proteger activos y evitar que las decisiones familiares queden expuestas a riesgos externos o disputas internas.

El sector fiduciario ha sido clave en formalizar este proceso en Colombia. Entre ellos, FiduOccidente, con más de $50 billones en activos administrados, destaca por acompañar a más de 130 familias en procesos de planificación, gobierno del patrimonio y sucesión.

“Los empresarios somos administradores temporales de la riqueza. El reto no es solo crear valor, sino asegurar que ese valor trascienda sin conflictos y con propósito”, afirma Mario Estupiñán, presidente de FiduOccidente. “Planificar el legado es una decisión estratégica, no emocional. Estructurar un patrimonio hoy es la forma más inteligente de proteger a quienes más queremos”.

En un entorno de envejecimiento poblacional, cambios sociales, concentración de riqueza y volatilidad económica, los expertos coinciden en que la planificación patrimonial dejó de ser un asunto del futuro: es una urgencia del presente.

Alirio Aguilera
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