La salud mental es un componente esencial del bienestar integral, y en Colombia dos de cada tres adultos han experimentado algún problema emocional, lo que evidencia la necesidad de prestarle la misma atención que a la salud física [6]. El vínculo entre cuerpo y mente es estrecho: el estrés, la ansiedad o la depresión pueden
La salud mental es un componente esencial del bienestar integral, y en Colombia dos de cada tres adultos han experimentado algún problema emocional, lo que evidencia la necesidad de prestarle la misma atención que a la salud física [6]. El vínculo entre cuerpo y mente es estrecho: el estrés, la ansiedad o la depresión pueden debilitar las defensas y favorecer la aparición de enfermedades; de igual forma, el dolor o las limitaciones físicas pueden agravar el malestar emocional y afectar la calidad de vida de las personas.
Un ejemplo claro de esta conexión entre cuerpo y mente es el herpes zóster, una condición causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster. Su dolor, que puede prolongarse incluso después de que las lesiones desaparecen, no solo afecta la movilidad y el descanso, también puede alterar el equilibrio emocional y la calidad de vida del paciente.
“El dolor es indescriptible, no es soportable ni llevadero. Durante semanas no pude asistir a clase ni cumplir con mis compromisos personales. La incertidumbre generaba ansiedad y estrés; sentía que mis rutinas y procesos diarios se desmoronaban. Mi ánimo y motivación cambiaron completamente”. Este testimonio de la docente Fedra Martínez nos permite entender cómo el dolor físico puede alterar la rutina y limitar las actividades cotidianas y el bienestar emocional.
“Hoy sabemos que el dolor crónico tiene un impacto directo sobre el sistema nervioso y las emociones. En el caso del herpes zóster, esta relación es evidente. El malestar físico puede generar ansiedad, insomnio o síntomas de depresión. Por eso, el abordaje del paciente debe ser integral, considerando tanto el control del dolor como el apoyo a su salud mental”, explica el Dr. Víctor Saravia, gerente médico senior de vacunas en GSK.
Herpes zóster: más que lesiones en la piel
El herpes zóster, o culebrilla, se manifiesta con una franja de ampollas, generalmente, en un lado del torso. Suele iniciar con sensaciones de ardor, dolor, picazón u hormigueo en la piel, a veces acompañadas de fiebre o malestar general. Estos signos pueden aparecer incluso antes de que surja el sarpullido, por lo que prestarles atención y consultar al médico de manera oportuna es clave para reducir complicaciones.
En muchos casos, el dolor de esta enfermedad persiste incluso después de que las lesiones desaparecen, una condición conocida como neuralgia posherpética.
Mantener un sistema inmune fuerte mediante una buena alimentación, actividad física regular y manejo del estrés contribuye a reducir el riesgo de desarrollar herpes zóster. La vacunación en adultos de 50 años o más, así como en personas con enfermedades crónicas o inmunocomprometidas, es también una herramienta eficaz para prevenir su aparición.
En cuanto al tratamiento, este debe iniciarse con antivirales dentro de las primeras 72 horas tras los primeros síntomas disminuye la intensidad del dolor y reduce la posibilidad de secuelas como la neuralgia posherpética. Actuar a tiempo no solo evita complicaciones físicas: también evita que el dolor se convierta en un factor que afecte la estabilidad emocional del paciente.
La experiencia de Fedra muestra cómo el dolor físico sostenido puede alterar la estabilidad emocional, generar ansiedad y afectar la capacidad de llevar una vida cotidiana funcional [9]. Atender ambas dimensiones, la física y la emocional, es clave para una recuperación completa y para proteger la calidad de vida de los adultos [4]. No subestimes el herpes zóster, háblalo con tu médico. Para más información, visita www.mevacunopor.com















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