15 millones de registros clínicos ponen a prueba la continuidad del sistema de salud
Colombia llega al cambio de mando presidencial con una tarea silenciosa, pero decisiva: evitar que la historia clínica interoperable se pierda entre las carpetas del empalme. Mientras la discusión pública se concentra en deudas, giros, EPS y reformas, hay otro frente que puede cambiar la experiencia diaria de millones de pacientes: que su información médica no quede atrapada en una sola institución.
La comparación ayuda a entender el reto. Hace unas semanas, durante un vuelo, vi la conferencia anual de desarrolladores de Apple. Lo que más me llamó la atención no fueron los dispositivos, sino una promesa repetida: que la información del usuario pueda estar disponible en distintos equipos, con seguridad y privacidad. Si una conversación o una foto puede aparecer en el celular, el computador o la tableta, ¿por qué un antecedente médico, una fórmula o una imagen diagnóstica no deberían estar disponibles para el profesional que atiende una urgencia?
Esa pregunta aterriza en Colombia justo cuando el país cambia de Gobierno. La historia clínica electrónica interoperable no empezó ayer. La Ley 2015 de 2020 abrió el camino para que los datos clínicos relevantes pudieran compartirse de manera segura entre actores autorizados del sistema. Después, el Ministerio de Salud definió qué información debía circular y, en 2025 con la resolución 1888, adoptó el Resumen Digital de Atención en Salud, conocido como RDA, para que cada atención deje una ficha mínima y consultable.
El plazo clave fue el 15 de abril de 2026, cuando los actores obligados debían integrar sus sistemas al modelo nacional. Desde entonces, según reportes sectoriales, se han transmitido más de 15 millones de RDA. La cifra debe certificarse en el empalme, pero ya muestra que no se trata de una idea en borrador: el país empezó a mover millones de registros clínicos en pocos meses.
La prueba real está en el paciente
La interoperabilidad suele sonar a palabra de ingenieros, pero su impacto es cotidiano. Durante años, muchos pacientes cargaron radiografías en sobres de manila, repitieron exámenes porque una clínica no tenía acceso a los resultados de otra o reconstruyeron de memoria sus medicamentos al llegar a una consulta. Esa fragmentación cuesta tiempo, dinero y puede afectar decisiones médicas.
El nuevo modelo busca corregir ese problema con una idea sencilla: que la información relevante acompañe al paciente. Un adulto mayor que no recuerda todos sus medicamentos, una persona con enfermedad crónica que cambia de ciudad o un paciente que llega inconsciente a urgencias no deberían empezar de cero cada vez que cruzan la puerta de una IPS.
Por eso, el empalme en salud no debería limitarse a balances financieros. El equipo entrante tendría que recibir respuestas claras: cuántos prestadores ya están conectados, cuántos registros se han transmitido, en qué zonas avanza más lento el proceso, qué fallas se han detectado y qué presupuesto se necesita para sostenerlo.
Hay un punto especialmente sensible: los medicamentos. Una instrucción reciente del Ministerio de Salud ordenó que la prescripción, el direccionamiento, la dispensación y el suministro de medicamentos financiados con recursos de la UPC se registren de manera interoperable. Traducido: el sistema debería saber qué formuló el médico, dónde debía entregarse, si se entregó o no, y en qué punto se rompió la cadena.
Ese cambio puede tener alto valor práctico. En un país donde miles de usuarios se quejan por demoras, faltantes o vueltas innecesarias para recibir tratamientos, contar con esa trazabilidad permitiría pasar de las denuncias dispersas a una radiografía más precisa del problema. También ayudaría al Estado a decidir dónde enviar recursos, dónde reforzar atención y qué regiones requieren más apoyo.
El riesgo es que el relevo político frene un proceso que ya está en marcha. La información clínica no cambia con la banda presidencial. Los diagnósticos, tratamientos y controles siguen su curso, aunque cambien ministros o equipos técnicos. Por eso, la prueba para el nuevo Gobierno será mantener la continuidad, exigir seguridad en el manejo de datos sensibles y evitar que una política de Estado termine detenida.
La noticia de fondo no es que Colombia tenga una nueva plataforma. Es que el sistema empezó a construir la posibilidad de que la información médica llegue antes que el paciente a la consulta, a la urgencia o a la farmacia. Si ese avance se sostiene, puede traducirse en menos barreras, mejores decisiones y una atención más oportuna. Si se pierde, el costo no será tecnológico: lo pagarán los pacientes.
