Nuevo giro en la política comercial de EE. UU.
Por: Alexander Balzan, PhD (c). Profesor Asociado Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional del Politécnico Grancolombiano.
La administración Trump vuelve a mover las piezas del tablero del comercio internacional con la publicación de un nuevo paquete de aranceles que afecta a 67 países, incluidos Canadá, Taiwán, India , Suiza, y, a Colombia, que ha sido ubicada dentro del nivel “Base Line” con un arancel del 10 %. La decisión, que entra en vigor el próximo 7 de agosto, confirma la tendencia proteccionista de la Casa Blanca y añade una nueva capa de incertidumbre para las economías emergentes de América Latina.
Durante décadas, Estados Unidos fue el principal promotor del libre comercio global, moldeando instituciones y acuerdos que integraron a decenas de países en un mercado interdependiente. Hoy, esa narrativa se ve reemplazada por una estrategia que mezcla unilateralismo, presión política y defensa a ultranza de la industria doméstica estadounidense. Según la nueva orden ejecutiva, cualquier bien considerado “transshipped” (es decir, reexportado para evitar tarifas más altas) enfrentará un arancel del 40 %, una medida dirigida principalmente a China pero que podría golpear indirectamente a terceros países.
Colombia, al quedar bajo la tarifa base del 10 %, se encuentra en una situación ambivalente. Por un lado, evita los niveles punitivos del 25–41% impuestos a países como India, Canadá o Myanmar; por otro, se rompe con una tradición de libre comercio bilateral enmarcada en el TLC vigente. Sectores clave como el agroindustrial, textil y metalmecánico podrían enfrentar costos adicionales y menor competitividad en un mercado que sigue siendo destino de más del 30% de nuestras exportaciones.
Más allá del impacto económico inmediato, estas medidas revelan la fragilidad de la globalización tal como la conocíamos. Las cadenas globales de valor, construidas durante décadas, se ven tensionadas por decisiones unilaterales que buscan “reindustrializar” a EE. UU. pero que, en la práctica, generan inflación interna, incertidumbre global y relaciones comerciales condicionadas al alineamiento político. Colombia debe leer esta señal con atención: en un mundo donde las reglas cambian de la noche a la mañana, la internacionalización ya no puede depender exclusivamente de la estabilidad de un socio hegemónico.
La oportunidad está en diversificar mercados, fortalecer la integración regional y apostar por estrategias digitales y de innovación que posicionen nuestros productos más allá de la dependencia histórica de Estados Unidos. Este nuevo episodio es una advertencia y, a la vez, un llamado a repensar nuestra propia narrativa de inserción en la economía global.
En este contexto, la diplomacia económica cobra un nuevo protagonismo. Colombia necesita fortalecer su capacidad de negociación comercial y anticiparse a escenarios de tensión geopolítica que impactan directamente sus exportaciones. La creación de alianzas estratégicas con bloques como la Unión Europea, ASEAN o la Alianza del Pacífico, así como la exploración de tratados con economías africanas emergentes, puede ofrecer un contrapeso frente a la volatilidad de las decisiones estadounidenses. No se trata solo de diversificar destinos comerciales, sino de construir una política exterior coherente con los desafíos de un orden internacional cada vez más fragmentado.
