Consumo final impulsa el PIB, pero la inversión no mejora
Por. Mauricio Hernández-Monsalve – BBVA Reserch
El segundo trimestre de 2025 dejó señales mixtas al cierre. La actividad económica comenzó el periodo con debilidad, afectada por la ubicación de la Semana Santa en abril, que redujo el número de días hábiles y restó dinamismo a varios sectores. En términos interanuales, las cifras mensuales del ISE —indicador que aproxima el comportamiento del PIB— mostraron una aceleración hacia el final del trimestre, beneficiada por la desaparición de los efectos de calendario que habían limitado el resultado de abril: el crecimiento anual pasó de 0,9 % en abril a 2,9 % en junio, lo que llevó el promedio trimestral del PIB al 2,1 %.
Sin embargo, las variaciones mensuales ajustadas por estacionalidad cuentan una historia distinta: tras crecer 1,4 % en abril, el ISE retrocedió 0,2 % en mayo y 1,1 % en junio, evidenciando que la aceleración anual no se corresponde necesariamente con una mayor fortaleza de la economía. Por el contrario, el cierre del trimestre estuvo marcado por caídas en sectores clave como la industria manufacturera, la construcción y la intermediación financiera, lo que matiza el optimismo que podría desprenderse de las asas interanuales.
Los indicadores líderes de julio refuerzan parcialmente esta visión. La fortaleza del consumo se mantiene visible, respaldada por el buen desempeño en ventas de automóviles, la mejora en la confianza, un buen resultado de nuestro indicador de big data y la evolución positiva del empleo.
A esto se suman avances en varios frentes productivos y de actividad: aumentaron las importaciones de materias primas, creció la demanda de energía, se expandió el transporte de carga por carreteras y, en el frente de la construcción, las licencias aprobadas a junio —complementadas con las mejores ventas de vivienda en julio— apuntan a un posible repunte de la inversión.
En conjunto, estos elementos sugieren que el segundo semestre pareció arrancar con buen ritmo, aunque ese impulso inicial sigue condicionado por barreras al crecimiento en sectores como la minería y la construcción —esta última con un desfase natural entre el otorgamiento de licencias y su materialización en obra—, así como por las dudas sobre la capacidad de recuperación de la inversión, que parte de niveles históricamente bajos.
Mantenemos nuestra proyección de crecimiento del PIB para 2025 en 2,3 %. No obstante, el resultado podría ser mayor si se consolidan las señales positivas ya analizadas —como la mejora en la confianza y en los indicadores líderes—, y si, además, las exportaciones no tradicionales continúan mostrando un impacto menor al previsto por los mayores aranceles de Estados Unidos.
También sería clave que los gobiernos nacional y regional mantengan una ejecución elevada del gasto público, tal como se ha observado hasta ahora en funcionamiento y empleo a nivel nacional, y en infraestructura en el ámbito regional, y que el mercado laboral conserve su fortaleza sin mostrar una desaceleración derivada de los mayores costos asociados a reformas, reducción de la jornada laboral y aumentos del salario mínimo.
