Esto es lo que debe saber antes de iniciar una rutina de ejercicios
Cada vez más personas deciden empezar a hacer ejercicio motivadas por mejorar su salud, participar en carreras, practicar algún tipo de deporte en auge, como running, pádel, ciclismo, ejercicio funcional o simplemente adoptar un estilo de vida más activo. Sin embargo, antes de elegir la rutina o el entrenamiento, pocos se detienen a conocer si su estado de salud y condición física son adecuados para iniciar este proceso de manera segura.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 31 % de los adultos en el mundo, cerca de 1.800 millones de personas, no alcanza los niveles recomendados de actividad física. En Colombia, el 48,3 % de los adultos entre 18 y 64 años tampoco cumple con estas recomendaciones y el 56,9 % permanece dos o más horas al día frente a pantallas, de acuerdo con un estudio publicado en la Revista Biomédica del Instituto Nacional de Salud.
Después de meses o incluso años de sedentarismo, comenzar una rutina exigente puede aumentar el riesgo de lesiones, sobrecargas musculares o complicaciones asociadas a enfermedades no diagnosticadas. Por ello, es recomendable realizar un chequeo médico antes de iniciar un programa de entrenamiento, especialmente cuando se van a practicar deportes de alta exigencia o existen factores de riesgo como sobrepeso, hipertensión, enfermedades cardiovasculares o antecedentes de lesiones.
De acuerdo con la doctora Catalina Blanco, médica deportóloga de Compensar, “uno de los errores más frecuentes es querer recuperar en pocos días la condición física que no se construyó durante meses e incluso años. También es común seguir rutinas de alta exigencia o replicar ejercicios de redes sociales sin considerar que cada persona tiene características, antecedentes y objetivos diferentes. Conocer ese punto de partida permite entrenar de forma segura, progresar de manera adecuada y convertir el ejercicio en un hábito sostenible”.
La medicina deportiva: una aliada para empezar la actividad física adecuadamente
La medicina deportiva no está dirigida únicamente a quienes ya presentan una lesión. También cumple un papel preventivo para las personas que desean iniciar o retomar la actividad física, al permitir identificar factores de riesgo y orientar el tipo e intensidad de ejercicio más adecuados para cada persona.
“Dependiendo de cada caso, una valoración puede incluir la revisión de la historia clínica, un examen físico, evaluaciones funcionales, análisis de composición corporal y, cuando es necesario, pruebas diagnósticas complementarias. Con esta información, los especialistas pueden orientar un plan de ejercicio personalizado que contribuya a reducir el riesgo de lesiones y favorezca una progresión segura”, agregó la doctora Blanco.
Como parte de este enfoque preventivo, entidades como Compensar cuentan con un Plan de Chequeo Médico Deportivo, mediante el cual un equipo interdisciplinario realiza este tipo de valoraciones y acompaña a las personas con recomendaciones de ejercicio acordes con sus características y metas.
Este acompañamiento también contribuye a derribar algunos mitos que aún persisten alrededor de la actividad física. Creencias como que “si no duele, no sirve”, que es necesario bajar de peso antes de empezar a hacer ejercicio o que entre más intensidad mejoran los resultados, pueden convertirse en barreras para adoptar hábitos saludables o conducir a prácticas poco seguras durante el entrenamiento.
Además, mantenerse activo no significa necesariamente asistir a un gimnasio. Caminar, montar bicicleta, nadar, bailar o practicar un deporte también son alternativas para incorporar movimiento a la vida cotidiana. La OMS recomienda que los adultos acumulen al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada y ejercicios de fuerza dos veces a la semana.
Más allá de la disciplina elegida o de la intensidad del entrenamiento, el mayor reto es construir un hábito que pueda sostenerse en el tiempo. Para lograrlo, más que buscar resultados inmediatos, es necesario respetar los tiempos de adaptación del cuerpo y mantener una práctica constante, de modo que el movimiento se convierta en una herramienta de prevención, bienestar y calidad de vida.