La seguridad del ahorro entra en una nueva etapa
El celular se convirtió en una de las principales puertas de entrada de los colombianos al sistema financiero. Durante 2025, internet y las aplicaciones móviles concentraron cerca de 7 de cada 10 transacciones monetarias realizadas en el país, según el Reporte de Inclusión Financiera 2025 de la Superintendencia Financiera de Colombia. La tendencia continúa creciendo: en el primer trimestre de 2026, los canales no presenciales representaron el 84,6% del total de operaciones del sistema financiero.
Este crecimiento también ha llevado a la banca a reforzar sus inversiones en protección. Según un informe de Asobancaria, durante 2025 el sector destinó $3,6 billones a innovación, transformación digital y ciberseguridad, un 9% más que el año anterior. La cifra refleja cómo la seguridad se ha convertido en un componente cada vez más relevante de la transformación digital del sistema financiero.
Pero cuando cada vez más personas administran sus recursos desde el celular, proteger el dinero también implica proteger las decisiones que se toman desde él. Ya no basta con verificar quién ingresa a una aplicación; también es necesario contar con mecanismos que permitan confirmar quién está realizando una operación y tomando una decisión sobre su dinero.
Para Cristal Idárraga, directora de Pibank en Colombia, “cuando una persona mueve sus ahorros desde el celular, necesita sentir que tiene el control de su dinero y que puede hacerlo de una manera sencilla. Por eso, la seguridad debe integrarse a la experiencia sin convertirse en un obstáculo, pasando de solo ser un requisito de acceso a la banca digital, para estar presente en los momentos de uso que realmente la necesitan y permitir que el cliente siga tomando decisiones de manera ágil y tranquila”.
La seguridad ya no está solo en la contraseña
Transferir dinero, cambiar una contraseña, actualizar datos personales o registrar un nuevo dispositivo son acciones que hoy pueden realizarse en pocos segundos desde un celular. Por su impacto, estas operaciones requieren mecanismos adicionales para comprobar que quien las realiza es realmente el titular de la cuenta.
En esta evolución, la biometría gana espacio como una herramienta para reforzar la verificación de identidad. En Colombia, 7,2% de los intentos de creación de cuentas digitales fueron sospechosos de fraude durante 2025, según TransUnion. Herramientas como el reconocimiento facial o la lectura de huellas permiten añadir una capa de validación basada en características propias de cada persona. Para el usuario, el proceso puede ser tan sencillo como mirar la cámara del celular, mientras que para la entidad representa una forma adicional de comprobar que quien realiza una operación es realmente el titular de la cuenta. “La industria avanzó hacia modelos en los que la validación de identidad se integra en diferentes momentos de la experiencia financiera, especialmente aquellos en los que existe un mayor riesgo para los recursos del cliente”, agrega Idárraga.
Seguridad sin complicarle la vida al usuario
El desafío no es sumar más controles, sino hacer que la seguridad acompañe al usuario sin complicar su experiencia. La banca digital tiene entonces una doble tarea: proteger mejor los recursos y, al mismo tiempo, hacer que esa protección sea fácil de utilizar. Por eso, las entidades incorporan mecanismos capaces de reconocer dispositivos habituales, identificar comportamientos inusuales y solicitar validaciones adicionales cuando sea necesario. Así, el celular no solo se convierte en la principal herramienta para administrar el dinero, sino también en una pieza clave para protegerlo.
Pibank, un ejemplo de esta evolución
En Colombia esta transformación también se refleja en las herramientas que las entidades locales incorporan a sus aplicaciones. Pibank, por ejemplo, incorporó recientemente la validación biométrica en las transferencias de dinero como una capa adicional de protección. El reconocimiento facial también está disponible en su aplicación para otros procesos sensibles, como la actualización de datos, el cambio de contraseña o el registro de un celular asociado a la cuenta cuando las personas cambian su smartphone.
“Para nosotros, incorporar estas herramientas no significa hacer más compleja la experiencia del cliente, sino acompañarlo mejor en aquellos momentos en los que necesita mayor protección. La confianza también se construye cuando una persona puede administrar sus recursos de manera simple y ágil, sabiendo que existen mecanismos que ayudan a proteger sus decisiones”, concluyó Idárraga.
La evolución de la banca digital no consiste solo en hacer más desde el celular, sino en hacerlo con confianza y tranquilidad. En un escenario donde el ahorro y las transferencias están cada vez más ligados al teléfono móvil, la seguridad debe evolucionar al mismo ritmo que los hábitos de los colombianos.