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Antioquia genera más de 38.000 toneladas de residuos peligrosos al año

Antioquia genera más de 38.000 toneladas de residuos peligrosos (RESPEL) al año, equivalentes al 7 % de la generación nacional, de acuerdo con información oficial de 2024 analizada por Atica. Sin embargo, solo el 7,7 % de estos residuos fue aprovechado o valorizado, una cifra que evidencia el desafío del departamento para avanzar hacia un modelo de gestión con mayor recuperación de materiales, tratamiento especializado y economía circular.

La situación adquiere una dimensión particular en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, donde durante 2024 se reportó la generación de 11.500 toneladas de residuos peligrosos, equivalentes al 2 % del total nacional. De este volumen, 5.506,7 toneladas, correspondientes al 47,6 %, fueron sometidas a procesos de tratamiento; 3.243,7 toneladas, equivalentes al 28,1 %, requirieron disposición final; y 2.808,6 toneladas, el 24,3 %, alcanzaron procesos de aprovechamiento o valorización.

La dinámica de estos residuos está estrechamente relacionada con el sector salud. En el Valle de Aburrá, la corriente Y1-A4020, asociada a residuos clínicos y biosanitarios, alcanzó 6.279 toneladas, mientras que los aceites minerales usados, identificados como Y8-A3020, representaron 1.621 toneladas.

Aunque los grandes generadores concentran la mayor parte del volumen físico, con 9.269 toneladas, la gestión de RESPEL en la región depende de una red amplia de establecimientos. En 2024 se registraron 1.459 fuentes reportantes, entre pequeños, medianos y grandes generadores.

Aceites usados y residuos biosanitarios, entre las principales oportunidades de valorización

Desde la experiencia de Atica, y teniendo en cuenta los reportes oficiales del IDEAM y la evolución normativa del país, las corrientes con mayor potencial de mejora en Antioquia incluyen los aceites usados y sus emulsiones (Y8 y Y9), así como los residuos biosanitarios (Y1.2).

Los aceites usados representan uno de los mayores volúmenes de generación de residuos peligrosos en el departamento. En este frente, las metas normativas progresivas previstas a partir de 2028 deberán impulsar mayores tasas de valorización y re-refinación, siempre que exista separación adecuada, trazabilidad y capacidad técnica para su manejo.

En el caso de los residuos biosanitarios, su alta generación está asociada a la densidad del sector salud en Medellín y el Valle de Aburrá. Algunas tecnologías permiten evaluar alternativas de tratamiento y valorización energética, como la producción de Combustible Derivado de Residuos (CDR), previa validación técnica, sanitaria y normativa de cada corriente.

Este tipo de soluciones puede contribuir a sustituir parcialmente combustibles fósiles en aplicaciones industriales autorizadas y reducir la dependencia de la disposición final. No obstante, su implementación exige control estricto, tratamiento previo cuando aplique, trazabilidad documental y cumplimiento de los requisitos ambientales y sanitarios.

No todo residuo hospitalario puede reciclarse.

Frente a la posibilidad de dar una segunda oportunidad a materiales que hoy terminan en disposición final, Atica precisa que no todos los residuos hospitalarios son aprovechables. Sus características de riesgo biológico, sanitario y normativo limitan las alternativas de recuperación directa.

Por esta razón, el potencial de mejora no consiste en convertir todo residuo peligroso en materia prima. También está en el tratamiento previo a la disposición final y, especialmente, en una mejor segregación en la fuente.

Los residuos biosanitarios pueden someterse a procesos de esterilización u otros tratamientos especializados que reducen su peligrosidad y disminuyen el impacto asociado a su disposición. Esto no significa que todo el material pueda reincorporarse a nuevos ciclos productivos, pero sí que puede gestionarse de manera más segura, controlada y con menor presión sobre los sistemas de disposición final.

En el caso de los residuos anatomopatológicos y cortopunzantes, las posibilidades de aprovechamiento son mucho más limitadas. Por su nivel de riesgo, requieren rutas de tratamiento de alta seguridad, como incineración u otras tecnologías autorizadas. En estos casos, la prioridad técnica no es el reciclaje, sino la eliminación segura del riesgo sanitario y ambiental.

La separación en la fuente puede reducir riesgos y costos

Para Atica, una de las principales oportunidades para reducir el volumen de residuos que requiere tratamiento como peligroso está en el lugar donde se origina. En las instituciones de salud, una clasificación inadecuada puede hacer que materiales ordinarios o aprovechables terminen mezclados con residuos infecciosos.

Cuando esto ocurre, aumenta el volumen que debe recibir tratamiento especializado, se incrementan los costos operativos y se reducen las posibilidades de recuperación de materiales no contaminados.

Fortalecer la separación en la fuente podría contribuir a disminuir parte del volumen enviado a tratamiento peligroso o disposición final. Sin embargo, el impacto concreto debe determinarse mediante auditorías por generador, caracterización de residuos y revisión de la composición real de bolsas, contenedores y rutas internas de manejo.

Por esta razón, no resulta técnicamente responsable establecer un porcentaje general de reducción sin contar con estos análisis específicos.

Mayor aprovechamiento generaría beneficios ambientales, operativos y económicos

Aumentar el aprovechamiento de residuos en Antioquia tendría efectos en tres dimensiones: ambiental, operativa y económica.

Desde el punto de vista ambiental, cada tonelada que logra desviarse de la disposición final contribuye a disminuir la presión sobre la infraestructura destinada a recibir residuos, reduce riesgos de contaminación y permite avanzar hacia modelos de economía circular.

En términos operativos y económicos, una mejor segregación puede traducirse en menores costos asociados al tratamiento de residuos mal clasificados, mayor recuperación de materiales no contaminados, más eficiencia en la gestión y mejor cumplimiento para clínicas, hospitales, laboratorios y demás generadores.

A esto se suman oportunidades para fortalecer cadenas de aprovechamiento, empleo verde, innovación y valorización de materiales en la región.

El cambio empieza antes del relleno sanitario

Desde una perspectiva técnica, Antioquia necesita fortalecer la gestión de residuos desde el origen. El tránsito de un modelo centrado principalmente en la disposición final hacia uno con mayor aprovechamiento no comienza en el relleno sanitario ni exclusivamente en las plantas de tratamiento. Empieza en la forma como empresas, instituciones y comunidades generan, separan, almacenan y entregan sus residuos.

Para Atica, los principales retos que deben fortalecerse en Medellín y el departamento son:

Mejorar la separación en la fuente: evitar que residuos aprovechables o no peligrosos se contaminen por una segregación inadecuada. En el sector salud, este aspecto es crítico porque una clasificación incorrecta puede convertir residuos de bajo riesgo en residuos que deben tratarse como peligrosos.

Fortalecer la caracterización real de los residuos: no basta con conocer cuánto se genera. Es necesario determinar qué tipo de residuos se producen, en qué áreas, con qué frecuencia y bajo qué condiciones.

Incrementar la cultura ambiental operativa: la economía circular requiere capacitación del personal, protocolos claros, seguimiento permanente y responsabilidad de cada área generadora.

Ampliar la infraestructura de aprovechamiento: el departamento necesita mayores capacidades de recuperación, valorización, tratamiento y transformación de materiales, especialmente de aquellos que hoy llegan a disposición final por falta de rutas técnicas o comerciales.

Garantizar trazabilidad y evidencia: certificados, manifiestos, reportes y seguimiento documental son fundamentales para demostrar que los residuos recibieron la ruta adecuada.

El desafío para Antioquia no consiste únicamente en generar menos residuos, sino en gestionar de manera diferenciada cada corriente, reducir la contaminación cruzada, aprovechar aquello que técnicamente puede ser recuperado y garantizar un tratamiento seguro para los residuos que, por sus características, no pueden reincorporarse a nuevos ciclos productivos.

Este enfoque permitiría avanzar progresivamente hacia una gestión basada en prevención, separación, tratamiento, valorización y economía circular, con beneficios ambientales y nuevas oportunidades para el desarrollo de cadenas de aprovechamiento en el departamento.

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Autor

Alirio Aguilera

Alirio Aguilera, periodista bogotano egresado de la Universidad Central de Bogotá, especializado en periodismo económico en la Universidad de la Sabana y con magister en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana con amplia experiencia en medios de comunicación y también como docente de varias universidades y con gran experiencia como asesor de comunicaciones en el sector público y privado.

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