El mercado colombiano reaccionó antes de que hablen de nuevo las urnas. Según un análisis financiero de Russell Bedford Colombia, entre la primera vuelta presidencial del 31 de mayo y el corte del 9 de junio empezó a sentirse el llamado “efecto Abelardo”: en ese periodo, la TRM bajó de $3.678,15 a $3.588,09, una caída
El mercado colombiano reaccionó antes de que hablen de nuevo las urnas. Según un análisis financiero de Russell Bedford Colombia, entre la primera vuelta presidencial del 31 de mayo y el corte del 9 de junio empezó a sentirse el llamado “efecto Abelardo”: en ese periodo, la TRM bajó de $3.678,15 a $3.588,09, una caída de $90,06, equivalente al 2,45 %. En la bolsa, el MSCI Colcap cerró ayer martes en 2.252,33 puntos, con un repunte diario de 2,71 %. La deuda pública también mostró valorizaciones selectivas, aunque los TES continúan presionados por tasas altas, déficit fiscal e incertidumbre política.
La expectativa se explica por el resultado electoral. Abelardo de la Espriella ganó la primera vuelta con el 43,7 % de los votos, frente al 40,9 % de Iván Cepeda, una diferencia de 2,8 puntos porcentuales que fue suficiente para activar una lectura favorable entre inversionistas, pero no para despejar el riesgo. La señal fue relevante porque llegó después de una jornada con más de 20 millones de votantes y en medio de una economía que todavía enfrenta restricciones fiscales: el Ministerio de Hacienda proyecta para 2026 un déficit del Sector Público No Financiero de 4,2 % del PIB y una deuda neta de 48,3 % del PIB.
La pregunta de fondo es si ese alivio financiero también podrá llegar al bolsillo de los colombianos. Aunque el peso se fortaleció, las acciones repuntaron y algunos TES mejoraron, las familias siguen enfrentando una tasa de interés del Banco de la República en 11,25 %, una inflación anual de 5,84 % y una tasa de usura para crédito de consumo de 28,79 % efectivo anual. Buena parte del optimismo ya está incorporado en los precios: Citi proyectó que De la Espriella ganaría en 17 de 18 escenarios simulados, mientras Goldman Sachs destacó el atractivo del peso colombiano en estrategias de carry, con un rendimiento cercano al 10 %, siempre que las condiciones locales se mantengan favorables.
Del entusiasmo financiero al bolsillo: la prueba que viene
Pero ese optimismo todavía no es un cheque en blanco. Según el análisis financiero de Russell Bedford el “efecto Abelardo” refleja más una apuesta anticipada de los mercados que una mejora estructural ya garantizada de la economía colombiana. La firma advierte que el mercado está incorporando una expectativa de mayor disciplina fiscal, mejor relación con el sector privado y reglas de juego más estables, pero que ese entusiasmo solo se sostendrá si después del 21 de junio aparecen señales concretas en materia de deuda, gasto público, inversión y seguridad jurídica.
En esa lectura coincide Roger Román, socio de impuestos de la compañía, quien advierte que el entusiasmo financiero debe pasar ahora de la expectativa a los hechos. “Hubo un gran entusiasmo y confianza, de hecho, el impacto se sintió el precio del dólar en el mercado, entró mucho dólar”, explica sobre la apreciación del peso colombiano. Sin embargo, advierte que ese movimiento no necesariamente será permanente si las expectativas políticas cambian o si el próximo gobierno no entrega resultados.
El primer termómetro será la tasa de cambio. Una victoria contundente de De la Espriella, acompañada de mensajes de prudencia fiscal, respeto institucional y estabilidad en las reglas de juego, podría mantener la presión bajista sobre la divisa. Eso ayudaría a importadores, empresas endeudadas en moneda extranjera, viajeros, hogares que compran tecnología o bienes importados y sectores que dependen de insumos externos. Pero si el resultado es más estrecho de lo previsto o si aparece ruido político, el mercado podría corregir rápidamente.
La segunda señal estará en la deuda pública. Cuando los títulos del Gobierno se valorizan y sus tasas bajan, el mensaje es que los inversionistas están dispuestos a prestarle al Estado a un menor costo. Para Román, ahí está el verdadero examen: “Ya sabemos que no podemos seguirnos endeudando”.
La tercera será la renta variable. El repunte de las acciones refleja que los inversionistas esperan mejores condiciones para banca, energía, infraestructura, petróleo, comercio y compañías reguladas. Sin embargo, si la valorización no viene acompañada de anuncios creíbles sobre inversión, reglas de juego, reforma tributaria y transición energética, el mercado puede tomar utilidades y devolver parte de las ganancias.
Para el bolsillo, el impacto no será automático. Un peso más fuerte puede ayudar a moderar precios de productos importados, tiquetes aéreos, tecnología, insumos y algunos costos empresariales. Pero eso no significa que las tasas de crédito vayan a bajar de inmediato. El Banco de la República mantiene su tasa de política monetaria en 11,25%, mientras la inflación anual de mayo fue de 5,84%, por encima de la meta del 3%. Con ese panorama, el alivio en tarjetas, créditos de consumo, préstamos empresariales o financiación hipotecaria dependerá más de la inflación, la confianza fiscal y las decisiones del Emisor que del resultado electoral por sí solo.
Por eso, el 21 de junio será mucho más que una fecha electoral. Será el día en que los mercados sabrán si la apuesta que ya hicieron tiene piso político o si deben recalcular. El “efecto Abelardo” ya movió el dólar, los TES y la bolsa. La gran pregunta es si también podrá moverse hacia algo más concreto: inversión, estabilidad, crédito y alivio real para el bolsillo.















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