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El coprocesamiento de residuos se multiplica en Colombia

El coprocesamiento de residuos se multiplica en Colombia

El aprovechamiento energético de residuos comienza a consolidarse en Colombia como una alternativa real dentro de la transición energética industrial. En los últimos años, la capacidad instalada de coprocesamiento —principal vía de uso de los combustibles derivados de residuos (CDR)— ha crecido de forma acelerada, especialmente en la industria cementera, lo que evidencia una adopción

El aprovechamiento energético de residuos comienza a consolidarse en Colombia como una alternativa real dentro de la transición energética industrial. En los últimos años, la capacidad instalada de coprocesamiento —principal vía de uso de los combustibles derivados de residuos (CDR)— ha crecido de forma acelerada, especialmente en la industria cementera, lo que evidencia una adopción creciente de este tipo de soluciones en el país.

Este avance ocurre en un contexto en el que Colombia recicla y reutiliza apenas el 12,4% de los residuos que genera, equivalente a cerca de 3,9 millones de toneladas al año, según el Departamento Nacional de Planeación (DNP). El 87,6% restante termina en disposición final, pese a que una parte importante de ese volumen tiene potencial de aprovechamiento energético.

El momento no es casual. Mientras el debate energético nacional se concentra en el futuro de los hidrocarburos, el fracking y las renovables, una fuente disponible hoy permanece fuera de la conversación: los residuos. Para Atica, compañía con 40 años de experiencia en gestión integral de residuos y economía circular, esa brecha representa una oportunidad directa para la seguridad energética y la reducción de emisiones de la industria.

“Existe una dimensión poco discutida de la seguridad energética: la demanda térmica industrial. Buena parte del consumo de energía de la industria no es electricidad, es calor de proceso que hoy se produce quemando carbón. En ese frente, los residuos pueden sustituir parcialmente combustibles fósiles sin requerir cambios en la matriz eléctrica del país.” — Mauricio Abondano, Gerente de Disposición Nacional de Atica.

Una fuente de energía que ya opera en el país

Los residuos con potencial energético corresponden principalmente a materiales sin ruta viable de reciclaje: plásticos multicapa o contaminados, textiles, papel y empaques complejos. Mediante procesos de separación, clasificación, trituración y acondicionamiento energético, estos materiales se transforman en combustibles derivados de residuos (CDR), utilizados en hornos industriales de alta temperatura, especialmente en el sector cementero.

Es una precisión técnica clave: este modelo no reemplaza el reciclaje. Se aplica exclusivamente a la fracción de residuos que no puede reincorporarse como materia prima.

“La jerarquía es clara: primero prevenir, luego reutilizar, después reciclar y solo al final valorizar energéticamente lo que no tiene otra alternativa. El CDR no compite con el reciclaje; su materia prima es, precisamente, lo que el reciclaje no puede absorber.” — Mauricio Abondano, Gerente de Disposición Nacional de Atica.

Actualmente, la compañía opera tres líneas dedicadas de producción de CDR, con una producción cercana a las 7.000 toneladas anuales, y gestiona alrededor de 200.000 toneladas de residuos al año, de las cuales más de 120.000 son aprovechables bajo esquemas de economía circular. Atica figura hoy entre los tres principales gestores de residuos peligrosos del país y opera con capital 100% colombiano.

Sustitución parcial del carbón en la industria

El principal aporte del CDR no está en la generación eléctrica, sino en la sustitución de combustibles fósiles en procesos térmicos industriales. En sectores como el cementero y el calero, estos combustibles pueden reemplazar parcialmente el carbón y el coque en hornos que operan por encima de los 1.000 °C, temperaturas que garantizan una combustión completa y controlada.

De acuerdo con estándares internacionales de coprocesamiento, la sustitución de combustibles fósiles por CDR reduce las emisiones de CO₂ asociadas a su combustión y, al mismo tiempo, evita la generación de metano que producirían estos residuos en rellenos sanitarios. El metano tiene un potencial de calentamiento global muy superior al del CO₂, lo que hace especialmente relevante su reducción dentro de los compromisos climáticos del país.

El resultado es una solución de doble impacto climático: menos emisiones por sustitución de carbón y menos emisiones por disposición final de residuos. Pocas medidas logran ese efecto simultáneo.

De obligación ambiental a decisión de competitividad

Más allá del beneficio ambiental, la sustitución térmica con CDR ofrece a la industria una fuente de calor menos expuesta a la volatilidad de los precios internacionales del carbón y el coque, lo que se traduce en mayor previsibilidad operativa. A ello se suma un efecto que las áreas de sostenibilidad ya están midiendo: la reducción de huella de carbono que se reporta a casas matrices, inversionistas y clientes.

“Los residuos no son solo un problema ambiental. También son una fuente de energía disponible hoy que puede reducir emisiones y mejorar la competitividad industrial. La pregunta ya no es si es viable, sino qué tan rápido el país decide escalarlo.” — Mauricio Abondano, Gerente de Disposición Nacional de Atica.

Un mercado en etapa temprana, con tecnología ya probada

Aunque Colombia ya cuenta con experiencias de coprocesamiento y producción de CDR, el mercado se encuentra en una fase inicial frente a referentes internacionales —particularmente europeos—, donde el modelo está ampliamente consolidado y la disposición en rellenos de residuos aprovechables está fuertemente restringida. El reto principal está en escalar la adopción para aprovechar el volumen de residuos que hoy no se recicla ni se reutiliza.

La lectura, sin embargo, es positiva: el país no requiere inventar nuevas tecnologías, sino acelerar la implementación de soluciones ya probadas y operativas. Atica plantea, además, un paso de política pública pendiente: que Colombia cuantifique de manera oficial el potencial energético de sus residuos con la misma seriedad con que inventaría otras fuentes de energía. Hoy esa medición no existe, y sin ella es difícil planear el aporte de los residuos a la matriz energética nacional.

 

Alirio Aguilera
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