Apretar o rechinar los dientes de vez en cuando, en un día de mucho estrés, no tiene mayores consecuencias: los músculos se tensan y, cuando el estímulo desaparece, vuelven a relajarse sin dejar secuelas. El problema empieza cuando ese gesto se vuelve crónico y silencioso, capaz de desgastar la dentadura, provocar dolores de cabeza y
Apretar o rechinar los dientes de vez en cuando, en un día de mucho estrés, no tiene mayores consecuencias: los músculos se tensan y, cuando el estímulo desaparece, vuelven a relajarse sin dejar secuelas. El problema empieza cuando ese gesto se vuelve crónico y silencioso, capaz de desgastar la dentadura, provocar dolores de cabeza y afectar la articulación de la mandíbula. Ese es el bruxismo, un hábito en gran parte inconsciente que muchas personas padecen sin saberlo.
Valentina Ocampo, docente de Odontología de Areandina, seccional Pereira, explica que la frontera entre lo ocasional y lo que ya requiere atención está en la aparición de daño o de síntomas persistentes. Conviene acudir al odontólogo cuando hay dolor o fatiga severa en la mandíbula al despertar, dolores de cabeza tensionales —sobre todo en las sienes—, desgaste dental acelerado, hipersensibilidad en los dientes, ruidos o trabamiento en la articulación temporomandibular (ATM) y una mala calidad del sueño.
“El cuerpo casi siempre avisa antes de que el daño sea visible. Muchos pacientes llegan creyendo que tienen migraña o un problema cervical, cuando en realidad la raíz está en la fuerza descontrolada con la que aprietan la mandíbula sin darse cuenta”, señala la docente de Areandina.
Las pistas que aparecen en casa
Como el bruxismo suele ser inconsciente, el cuerpo manda señales sutiles que vale la pena aprender a leer. Al despertar, una sensación de “mandíbula cansada”, rigidez facial o dificultad para abrir bien la boca. Cefaleas matutinas localizadas a los lados de la cabeza. En la boca, dientes que se ven más cortos, con bordes planos, microfracturas inexplicables o sensibilidad extrema al frío y al calor, además de marcas de los dientes en los bordes de la lengua y una línea blanca en el interior de las mejillas. También cuenta el entorno: si la pareja o la familia reportan ruidos nocturnos de rechinamiento, es una señal típica del bruxismo del sueño. La tensión persistente en cuello y hombros que no mejora con masajes completa el cuadro.
La relación entre este hábito, el estrés y los problemas de sueño es muy fuerte y está respaldada por la neurofisiología. La odontología basada en evidencia distingue hoy dos formas: el bruxismo del sueño, regulado por el sistema nervioso central y asociado a microdespertares, y el bruxismo de vigilia, ligado al estrés, la ansiedad y la concentración durante el día.
“Cuando aparecen trastornos del sueño, ansiedad generalizada o reflujo, tratar solo los dientes sería un error. El odontólogo debe trabajar de la mano con médicos del sueño, psicólogos o neurólogos, porque la boca es apenas la punta del iceberg”, advierte Ocampo.
Un caso especial es el de los niños y adolescentes. El error más frecuente de los padres es asumir que rechinar los dientes “se quita solo” o que es normal por el crecimiento. Aunque existe un bruxismo fisiológico durante el recambio dental, cuando persiste suele ser la manifestación de algo más: trastornos respiratorios de la vía aérea superior, como amígdalas o adenoides grandes y respiración bucal, problemas de conducta, déficit de atención e hiperactividad, acoso escolar o ansiedad infantil. Por eso conviene una evaluación que sume al odontopediatra, al pediatra y al otorrinolaringólogo.
Frente al tratamiento, la docente aclara qué ayuda de verdad y qué no resuelve el fondo. Las placas neuromiorrelajantes son la primera línea: no curan, pero protegen los dientes del desgaste, alivian la articulación y relajan los músculos. A ellas se suman el manejo del estrés con técnicas de biofeedback, meditación y terapia cognitivo-conductual; la fisioterapia maxilofacial para el dolor muscular; la toxina botulínica en casos severos, con efecto temporal; y cambios de hábitos como reducir cafeína, nicotina, alcohol y pantallas antes de dormir.
“Una placa no le quita a nadie la costumbre de apretar; solo hace que el daño lo reciba el acrílico y no el esmalte. Si no se controla el detonante, la persona seguirá apretando sobre ella”, puntualiza.
La especialista insiste en desmontar dos mitos: ni la ortodoncia ni el desgaste de los dientes para “arreglar la mordida” eliminan el bruxismo, porque su origen está en el sistema nervioso central y no en cómo encajan las piezas dentales. Entender eso, concluye, es el primer paso para tratarlo bien y dejar de buscar soluciones que no atacan la verdadera causa.















Leave a Comment
Your email address will not be published. Required fields are marked with *