En Economía y Desarrollo invitamos a Andrea Ortiz, directora de FUNPALCAT entidad que propende por el desarrollo y la atención social a pequeños productores de palma en el Catatumbo. ¿Qué es FUNPALCAT? FUNPALCAT es la Fundación Palmicultores del Catatumbo. Que se encarga de la responsabilidad social de la extractora Palnorte SAS, que está ubicada en
En Economía y Desarrollo invitamos a Andrea Ortiz, directora de FUNPALCAT entidad que propende por el desarrollo y la atención social a pequeños productores de palma en el Catatumbo.
¿Qué es FUNPALCAT?
FUNPALCAT es la Fundación Palmicultores del Catatumbo. Que se encarga de la responsabilidad social de la extractora Palnorte SAS, que está ubicada en el municipio de Tibú Norte de Santander, con 11 años de operaciones en territorio y 10 años en responsabilidad social. Nos encargamos de hacer que todo nuestro entorno, el de más de 45 comunidades donde tenemos proveedores de fruta para nuestra planta extractora, tengan una buena armonía y se sientan conscientes, atendidos y respaldados por una empresa a través de su Fundación Palmicultores del Catatumbo.
¿En qué áreas centran ustedes el desarrollo de la actividad de la fundación?
Las actividades sociales. Intervenimos proyectos con niños, jóvenes. Los atendemos a través de un proyecto que se llama Frutos para el Catatumbo.
Es un proyecto de más de 8 años de consolidación. Atendemos proyectos de infraestructura a través de nuestro proyecto de iniciativas comunitarias, en donde atendemos todo lo que tiene que ver con infraestructura social, escuelas, salones comunales, cerramientos escolares para la seguridad de los niños, comedores, baterías sanitarias, y también tenemos una línea ambiental en donde atendemos todo lo que tiene que ver con mitigación a los impactos ambientales. Proyectos de recolección de plástico, pues en atención a una necesidad que tiene nuestra zona, es que no hay recolección de basura, y nosotros nos encargamos de hacer todo lo que es la recolección del plástico que se genera en comunidad.
Pedagogía palmera. Enseñamos en los centros educativos todo lo que tiene que ver con las acciones que contribuyen al medioambiente que hacemos desde nuestra planta extractora. Esto pues para mitigar un poco este estigma que hay en tema de la palmicultura a nivel ambiental.
Entonces es importante enseñar a la gente, enseñar a los niños, enseñar a las comunidades, que nosotros hacemos prácticas responsables desde todo lo que tiene que ver con nuestra cadena y nuestra agroindustria.
¿A cuántas personas impactan con la gestión de la Fundación?
Nuestros proyectos impactan de manera directa e indirecta. Hay proyectos que llegan a impactar 200 y 300 niños, pero también tenemos proyectos que impactan hoy y quedan impactando al futuro.
Ejemplo, la construcción de una escuela o de un salón comunal o de un aula escolar, para ser más claros, hoy impacta a 30 niños, pero esta aula escolar que construimos puede durar 50 años. Entonces en estos 50 años muchos niños van pasando por ahí, muchas generaciones, y por eso nuestros proyectos no tienen como tal una cifra que yo te diga impactamos mil, sino que en temas ambientales igual, mensualmente estamos recolectando en comunidad más de 300 kilos de plástico que estamos evitando que se quemen, que se tiran a las fuentes hídricas, entonces pues estamos trabajando para futuras generaciones. Hoy podemos decir que estamos impactando más de 35 mil habitantes del municipio de Tibú, es uno de los municipios más grandes del norte de Santander.
Precisamente con el tema del orden público, sabemos que Tibú es una zona bastante de conflicto.
¿Cómo les ha ido? ¿Cuál ha sido el resultado que han tenido ustedes?
Es un tema bastante complejo, es un tema que sale por prensa nacional e internacional todos los días, pero nosotros estamos bendecidos porque La palma nos ha generado eso. Justo les cuento una anécdota de hace una semana que estuve en campo y me decía una persona, no nos hemos ido por la palmicultura, la palmicultura nos mantiene acá y eso nos llena a nosotros y nos impulsa a seguir trabajando en pro de todo lo que hacemos, desde la agroindustria, desde lo social, porque somos conscientes de que si nos vamos del territorio, que si no podemos estar en territorio, la gente nos necesita.
Entonces es importante ser fuertes. En este momento el llamado de nosotros, los que estamos allá, los que estamos liderando procesos sociales, los que estamos liderando desde la agroindustria, sabemos que tenemos que ser fuertes para que esas personas que están ahí, que están empezando, que se están consolidando, o esos palmeros que ya están en territorio y que están haciendo empresa, tratando de hacer empresa en una tierra tan difícil, porque hacer empresa en el Catatumbo es muy complejo, necesitan de nuestra fuerza para ellos poder continuar y ahí estamos. Hasta el momento la protección de Dios también la hemos tenido, Él nos ha cuidado porque no desconocemos la gracia de Él y ahí estamos.
Estamos siendo fuertes, estamos resistiendo en el Catatumbo y mientras Dios lo permita estaremos resistiendo.
En el tema del plástico, ¿ustedes qué hacen con ese plástico que recogen?
Ese plástico es un proyecto en el que nosotros ya hemos logrado completar todo el ciclo, en lo que hablamos de economía circular. Nosotros como fundación hacemos educación y recolección.
Cuando te hablo de educación, estamos en 30 centros educativos rurales y esto pues no lo hemos logrado de ya para allá. En este ejercicio llevamos más de 5 años porque este proyecto nació en pandemia, nació en comunidad y no fue exitoso en comunidad, porque cuando tú le dices a la comunidad vamos a hablar de medio ambiente y las respuestas no son las mejores. Y en ese ir y venir y en revisar y replantearnos, en su momento lo llevamos a los centros educativos y fue donde el proyecto tuvo mucho éxito.
Cuando llegamos a los centros educativos, llegamos a 1, a 2, a 3, a 4, hasta que hoy logramos estar en 30 con puntos de acopio. Entonces llegamos, enseñamos educación constantemente. Todas las semanas estamos dictando educación ambiental en los centros educativos a los niños, el reciclaje, la recolección, el cuidado del medio ambiente y tenemos puntos de acopio estratégicos ubicados.
Entonces no solo se recoge el plástico que se genera en los centros educativos, sino también en casa. Entonces, ¿qué hace el niño? Se convierte en un agente multiplicador. Llega a la casa, le dice a papá y mamá, en el colegio estamos reciclando, se lleva el tarrito del soflán, del cloro, lo deposita y nosotros todos los meses tenemos una ruta de recolección.
Hacemos todo lo que tiene que ver con un ciclo de recolección. Lo llevamos a planta extractora, que es el punto de acopio principal y te respondo la pregunta, lo entregamos a una empresa norte santandereana, orgullosamente cucuteña, que se llama Equisanza, lo recoge y lo transforma, porque ellos tienen las máquinas, se encargan del siguiente ciclo, lo transforman en una fibra plástica que reemplaza la malla electrosoldada en la construcción. Entonces ahí cerramos el ciclo con un aliado.
Nosotros no vendemos, no comercializamos, entregamos y esta empresa nos devuelve cosas para los centros educativos, útiles escolares, útiles deportivos, porque acá tampoco la idea es lucrarse, aunque el plástico no es lucrativo. Entonces es así como nosotros logramos cerrar el ciclo de la transformación del producto del plástico.















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