El Niño: amenaza con mayor exposición a riesgos climáticos, sequías y restricciones energéticas
Aon plc advierte en su informe El Niño 2026 LATAM: Gestión de Riesgos y Resiliencia que identifica una mayor exposición a riesgos climáticos, déficits hídricos y estrés térmico para los sectores productivos, energéticos e infraestructura de Colombia de cara a la temporada 2026/27.
Según datos de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el fenómeno se clasifica actualmente en la categoría “muy fuerte”, con probabilidad de alcanzar niveles récord, y se espera que continúe fortaleciéndose hasta alcanzar su máxima intensidad entre noviembre de 2026 y enero de 2027. El reporte señala que, a diferencia del Cono Sur (donde El Niño genera un aumento masivo de precipitaciones e inundaciones), en Colombia, Venezuela, Centroamérica y el norte de Brasil la señal dominante es el déficit severo de lluvias, las altas temperaturas y la reducción crítica de los niveles hídricos.
En el contexto histórico colombiano, aunque los episodios de La Niña suelen registrar mayores pérdidas por inundaciones (equivalentes a hasta 2 puntos del PIB), los eventos de El Niño generan impactos económicos profundos por sequías, racionamientos e incendios forestales. Como antecedente, en el periodo 2015-2016 las pérdidas por El Niño alcanzaron los COP 3,6 billones (con pérdidas de COP 476.000 millones solo por incendios), mientras que en el evento 2023-2024 el nivel del principal embalse proveedor de agua para Bogotá descendió al nivel crítico del 16%, desencadenando racionamientos prolongados.
“Cuanto más fuerte sea El Niño, mayor será la probabilidad de impactos posteriores en América Latina, aunque los resultados específicos nunca están garantizados: por eso la planificación basada en escenarios es clave.”, señaló Daniel Paris, Head of Global Risk Consulting para Latinoamérica en Aon. “Hoy el clima ya no es un riesgo aislado ni estacional, sino que genera efectos sistémicos que se propagan por toda la cadena de valor, desde la producción en el campo hasta la logística, la energía y el financiamiento. Por eso la gestión actual del riesgo climático exige combinar inteligencia analítica, transferencia de riesgo y planificación de escenarios, para que las organizaciones puedan proteger sus balances y sostener su capacidad de crecimiento incluso en contextos climáticos extremos”.
Zonas de mayor riesgo y focos geográficos críticos en Colombia
Los análisis de Aon, respaldados por su herramienta Climate Risk Monitor (CRM), identifican áreas clave de exposición en el territorio colombiano donde los riesgos climáticos requieren atención prioritaria:
- Región Centro y Sabana de Bogotá: Vulnerabilidad alta ante la caída extrema en los niveles de almacenamiento de agua y riesgos de desabastecimiento hídrico. Adicionalmente, los modelos proyectan incrementos sustanciales en la demanda de refrigeración (Cooling Demand) de entre un 171% (escenario de bajas emisiones) y hasta un 1.938% (escenario de altas emisiones hacia 2055), elevando los costos energéticos, sumado al peligro permanente de inundaciones repentinas (Flash Floods) en las épocas de transición invernal.
- Región Caribe (Barranquilla): Exposición extrema al estrés térmico (Heat Stress), con un incremento proyectado de entre el 98% y el 192% hacia mediados de siglo. Esta condición eleva el riesgo a categoría de “muy alto”, impactando de forma directa la productividad de la mano de obra, la salud de los trabajadores expuestos al aire libre y aumentando el riesgo de interrupciones de negocio.
- Cuencas hidrográficas principales: La disminución en los caudales fluviales genera alertas por la reducción en la navegabilidad comercial para el transporte de carga y combustibles, además de tensionar la disponibilidad de agua para las represas de generación hidroeléctrica del país.
Sectores bajo mayor exposición en Colombia
- Agroindustria y alimentos: La escasez de lluvias, la saturación por temperaturas extremas y el riesgo de incendios de cobertura vegetal amenazan el rendimiento de los cultivos principales, retrasan los ciclos de siembra y cosecha, e incrementan la volatilidad de precios en la canasta básica.
- Energía y servicios públicos: La disminución en el volumen de los embalses compromete la generación hidroeléctrica (matriz principal del país), obligando a recurrir a generación térmica de mayor costo y aumentando el riesgo de restricciones en la oferta de energía y agua potable.
- Logística, infraestructura crítica y telecomunicaciones: Los bajos niveles en los ríos reducen la capacidad del transporte fluvial de carga pesada, mientras que las temperaturas extremas y la eventual filtración por precipitaciones atípicas de corta duración comprometen la infraestructura vial, centros de datos y redes eléctricas.
Recomendaciones de Aon
Las organizaciones pueden fortalecer su preparación para la temporada 2026/27 mediante varias acciones:
- Evaluación de coberturas y seguros paramétricos: Analizar pólizas vigentes e incorporar estructuras paramétricas que garanticen liquidez rápida ante umbrales climáticos superados.
- Evaluación de coberturas y seguros paramétricos: Analizar pólizas vigentes e incorporar estructuras paramétricas que garanticen liquidez rápida ante umbrales climáticos superados.
- Inversiones en mitigación: Priorizar defensas contra inundaciones y redundancia energética en activos críticos ubicados en zonas de alto riesgo.
- Sistemas de alerta temprana: Implementar plataformas de monitoreo hidro-meteorológico y satelital integradas a los planes de continuidad del negocio.
“Frente al escenario proyectado para 2026/27, anticipar dónde y cuándo podrían concentrarse los efectos de El Niño permite a las organizaciones ajustar sus estrategias de protección y tomar decisiones más informadas antes de que ocurran las interrupciones operativas. El desafío no es solo prever el fenómeno, sino traducir esa señal climática en decisiones concretas de gestión de riesgo para toda la cadena de valor en Argentina”, refuerza Daniel.