El súper niño: Cuando el clima nos invita actuar de una manera distinta
Por: Sergio Rengifo Caicedo – Director Ejecutivo CECODES
A veces creemos que los grandes desafíos del futuro llegarán dentro de varias décadas. Sin embargo, el fenómeno de El Niño nos recuerda que el futuro ya comenzó. Cada sequía, cada ola de calor y cada presión sobre los sistemas energéticos y alimentarios funciona como un ensayo general de los retos que enfrentaremos en un planeta más cálido. La pregunta no es si veremos estos cambios, sino qué tan preparados estaremos para responder.
El Niño es un fenómeno climático asociado al calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Aunque ocurre de manera natural cada cierto número de años, su interacción con el cambio climático está aumentando la intensidad y complejidad de sus impactos. El Foro Económico Mundial advierte que la combinación entre eventos de El Niño y el calentamiento global puede generar fenómenos meteorológicos más extremos, alterar patrones de lluvia, intensificar sequías e inundaciones y poner en riesgo la seguridad alimentaria y los sistemas productivos a escala global.
Nuestra región alberga algunos de los ecosistemas más importantes del planeta, una vasta riqueza hídrica y una enorme capacidad productiva. Sin embargo, también enfrenta una alta exposición a sequías, inundaciones, incendios forestales y fenómenos climáticos extremos. Cuando estos eventos ocurren, no solo afectan al medio ambiente. Impactan la producción agrícola, la generación de energía, las cadenas logísticas, la seguridad alimentaria y la competitividad de los países.
Para Colombia, las implicaciones son especialmente sensibles. Una reducción prolongada de las precipitaciones disminuye los niveles de los embalses que abastecen buena parte de nuestra generación hidroeléctrica. El resultado suele reflejarse en mayores presiones sobre las tarifas de energía, incrementos en los costos operativos y riesgos de racionamiento. A esto se suman las restricciones en el acceso al agua para hogares, industrias y actividades agropecuarias.
El impacto tampoco se limita al sector energético. La agricultura enfrenta disminuciones en la productividad de cultivos, mayores costos de riego y afectaciones en la calidad de las cosechas. Cuando la oferta agrícola disminuye, aumentan los precios de los alimentos, se presionan los costos de producción y se generan efectos en cascada sobre múltiples sectores económicos. Como ha señalado la Organización Meteorológica Mundial, los eventos asociados a El Niño pueden poner en riesgo medios de vida, producción de alimentos y estabilidad de las comunidades más vulnerables.
En mi opinión, el fenómeno de El Niño también representa una oportunidad para acelerar las transformaciones que el país necesita. Cada inversión en eficiencia energética, cada avance en economía circular, cada proyecto de energías renovables y cada decisión orientada a fortalecer cadenas de suministro más resilientes aumenta nuestra capacidad de competir en un contexto global marcado por la incertidumbre climática.
Las organizaciones que liderarán el futuro no serán necesariamente las más grandes, sino aquellas capaces de anticipar los cambios y convertir los desafíos en oportunidades de innovación. El reciente análisis de nuestra casa matriz el World Business Council for Sustainable Development, resalta precisamente que fenómenos como El Niño deben servir como pruebas de resiliencia empresarial, impulsando a las compañías a prepararse mejor frente a interrupciones operativas, riesgos de abastecimiento y nuevas exigencias del entorno
Frente a eventos como El Niño, la respuesta no puede ser la resignación. Debe ser la acción colectiva. Porque cuando una empresa gestiona mejor el agua, cuando innova para usar menos energía o cuando fortalece la resiliencia de su cadena de valor, no está resolviendo un problema en solitario. Está aportando a la construcción de una economía más preparada para el futuro.
El verdadero desafío no es resistir la próxima sequía. El verdadero desafío es aprovechar este momento para construir una Colombia y una América Latina más resilientes, competitivas y sostenibles para las generaciones que vienen.