Especialistas alertan que 8 de cada 10 personas infectadaspor hepatitis ignoran su diagnóstico
En el marco del Día Mundial contra la Hepatitis, los especialistas en salud hacen un llamado urgente a la ciudadanía para derribar mitos sobre esta condición y promover la salud hepática en el país. Aunque tradicionalmente se asocia esta enfermedad de manera exclusiva a infecciones virales, la hepatitis es en realidad un síndrome de inflamación del hígado que puede responder a múltiples orígenes, incluyendo el consumo excesivo de alcohol, el uso inadecuado de medicamentos y las fallas en el sistema inmunológico.
El impacto en la salud pública colombiana es significativo. De acuerdo con los registros del Instituto Nacional de Salud (INS) y el sistema Sivigila, en Colombia se notifica cada año un promedio cercano a los 8.000 casos de hepatitis virales. De esta cifra, la hepatitis A encabeza los reportes con más de 4.300 casos derivados de picos epidémicos locales, seguida por la hepatitis B, que mantiene una incidencia constante superior a los 2.500 diagnósticos anuales. Por su parte, la hepatitis C registra más de 1.000 reportes al año, con una tendencia ascendente impulsada por el fortalecimiento de las campañas de tamizaje y diagnóstico oportuno.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cerca del 80 % de las personas con hepatitis B o C desconocen su condición. Esta falta de diagnóstico oportuno retrasa la atención médica y acelera la progresión del daño hacia complicaciones severas como la cirrosis y el carcinoma hepatocelular o cáncer de hígado.
Una amenaza que va más allá de los virus
Debido a que el hígado tiene una extraordinaria capacidad de compensación y regeneración, la inflamación puede avanzar durante meses o años sin manifestar señales evidentes. Por esta razón, casi todas las formas de hepatitis son consideradas “amenazas silenciosas” que con frecuencia sólo se descubren cuando el órgano presenta fallas avanzadas.
“Existe la falsa creencia de que si no estuvimos expuestos a un virus, nuestro hígado está a salvo. Sin embargo, el órgano sufre por múltiples factores de la vida cotidiana. El consumo crónico de alcohol genera sustancias tóxicas como el acetaldehído, las cuales destruyen las células hepáticas y pueden desencadenar una hepatitis alcohólica, cuya mortalidad en casos graves alcanza entre el 30 % y el 50 %”, advierte la Dra. Carmen Hernández, directora Nacional de Gestión Integral del Riesgo en Salud de Bienestar IPS.
Asimismo, la automedicación representa un peligro latente; por ejemplo, el acetaminofén consumido por encima de los 4 gramos diarios es la causa más frecuente de falla hepática aguda por fármacos en el mundo, sin dejar de lado el riesgo del uso desmedido de antibióticos o suplementos ‘naturales’ sin registro sanitario.
A estas causas no infecciosas se suman el hígado graso asociado a disfunción metabólica y la hepatitis autoinmune, un trastorno en el que el propio sistema inmunológico desconoce las células hepáticas y las ataca de forma persistente hasta generar fibrosis o insuficiencia hepática.
Tipos de transmisión, señales de alerta y curación
Comprender la diferencia entre los tipos de hepatitis es clave para actuar a tiempo. La hepatitis A se transmite por agua o alimentos contaminados, genera una enfermedad aguda y no se vuelve crónica, contando además con una vacuna altamente efectiva. En cambio, las hepatitis B y C se contagian principalmente por contacto con sangre o fluidos corporales y pueden evolucionar a infecciones crónicas. La hepatitis B está incluida en el esquema nacional de vacunación, mientras que la hepatitis C, aunque no posee vacuna, cuenta hoy en día con tratamientos antivirales orales con tasas de curación superiores al 95 %.
Ante una inflamación hepática grave, el cuerpo emite señales de alarma físicas que no deben ignorarse, como:
- Coloración amarillenta en la piel y los ojos.
- Orina oscura (de color similar al té).
- Heces muy claras.
- Picazón generalizada.
- Cansancio extremo sin causa aparente.
- Molestia o dolor localizado en la zona superior derecha del abdomen.
“La detección temprana cambia por completo el pronóstico de un paciente. Cuando el daño se limita a inflamación o acumulación de grasa, suspender la sustancia causante o iniciar el tratamiento médico permite la recuperación parcial o total del tejido hepático”, puntualiza la Dra. Hernández.
Finalmente, la entidad invita a la comunidad a revisar sus esquemas de vacunación, asistir a controles médicos periódicos con exámenes de laboratorio, evitar la automedicación y adoptar hábitos saludables como una alimentación balanceada y al menos 150 minutos de ejercicio a la semana para proteger la salud del hígado.