El cambio climático está transformando los entornos laborales en el mundo y Colombia no es ajena a esta realidad. Una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como las olas de calor, las sequías y las precipitaciones intensas están afectando cada vez más la productividad laboral, incrementando los riesgos para la salud de los trabajadores
El cambio climático está transformando los entornos laborales en el mundo y Colombia no es ajena a esta realidad. Una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como las olas de calor, las sequías y las precipitaciones intensas están afectando cada vez más la productividad laboral, incrementando los riesgos para la salud de los trabajadores y generando mayores costos para las organizaciones y la economía.
Este panorama cobra especial relevancia ante el fortalecimiento del Fenómeno de El Niño que, según el más reciente informe de predicción climática del IDEAM, presenta una probabilidad superior al 95 % de consolidarse durante el segundo semestre de 2026 y extenderse hasta el primer trimestre de 2027. Incluso, existe un 63 % de probabilidad de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre noviembre de 2026 y enero de 2027, lo que lo convertiría en uno de los episodios más intensos registrados desde 1950.
Las proyecciones indican que las temperaturas podrían ubicarse entre 1 y 2 °C por encima del promedio histórico y alcanzar hasta 3 °C adicionales entre agosto y diciembre de este año. A ello se suma una reducción estimada de las lluvias entre el 40 % y el 80 %, dependiendo de la región.
Por su parte, estimaciones del Banco Mundial[1] señalan que los episodios de sequía generan una reducción aproximada del 0,6 % en las horas trabajadas en el sector formal. Sin embargo, el impacto es considerablemente más agudo en el sector informal, donde los periodos prolongados de déficit hídrico provocan una disminución cercana al 4,5 % en las horas laboradas y una caída del 6,4 % en los ingresos mensuales.
Más de $10,6 billones en posibles pérdidas para la productividad
En este contexto, el Consejo Colombiano de Seguridad (CCS) presentó durante el primer día del 59 Congreso de Seguridad, Salud y Ambiente ─el encuentro técnico más importante del país y la región en estas materias─ un estudio que cuantifica el potencial impacto que el fortalecimiento del Fenómeno de El Niño tendría sobre la productividad laboral colombiana.
Para ello, el CCS tomó el ingreso laboral promedio de la población ocupada en pesos colombianos que, para un trabajador informal se ubica en $1.329.230, equivalente a cerca del 78 % del salario mínimo legal establecido, mientras que el de un trabajador formal asciende a $3.263.367, en promedio[2].
Así las cosas, teniendo en cuenta los datos del Banco Mundial, la población ocupada a nivel nacional, los salarios promedio y un periodo de afectación proyectado a ocho meses, el CCS estimó que Colombia podría dejar de percibir 10,69 billones de pesos en productividad entre julio de 2026 y febrero de 2027 como consecuencia de los efectos asociados al Fenómeno de El Niño.
La cifra equivale al 0,57 % del Producto Interno Bruto nacional y supera la tercera parte del valor propuesto para la más reciente reforma tributaria, lo que evidencia que el cambio climático representa no solo un desafío ambiental, sino también un riesgo económico para el desarrollo del país.
El estudio evidencia, además, que el mayor impacto recaería sobre los trabajadores informales. Del total de las pérdidas estimadas, 8,95 billones de pesos corresponderían a esta población, mientras que el sector formal asumiría costos cercanos a 1,74 billones de pesos.
La diferencia radica en quién asume las pérdidas. En el empleo informal es el propio trabajador quien deja de percibir ingresos o debe extender sus jornadas para compensar la reducción de productividad. En el empleo formal, en cambio, el costo termina siendo absorbido por las empresas mediante la disminución de las horas efectivamente trabajadas o el pago de horas extras para mantener la operación.
“Las altas temperaturas asociadas al Fenómeno de El Niño representan un riesgo creciente para la salud de los trabajadores, especialmente en sectores como agricultura, construcción, transporte, servicios públicos y turismo, entre otros. Los efectos del cambio climático ya no pueden analizarse únicamente desde una perspectiva ambiental. Hoy representan un desafío para la productividad, la competitividad empresarial. Este panorama exige que las organizaciones incorporen la adaptación climática dentro de sus decisiones estratégicas y fortalezcan la protección de los trabajadores frente a riesgos cada vez más frecuentes e intensos”, afirmó Adriana Solano Luque, presidenta del Consejo Colombiano de Seguridad.
Para la directiva los resultados del estudio evidencian que la población trabajadora más vulnerable continúa siendo la más expuesta a los impactos del cambio climático. “Nos preocupa especialmente que cerca de nueve billones de pesos de estas pérdidas recaigan sobre trabajadores informales, quienes dependen de sus ingresos diarios y cuentan con menores mecanismos de protección frente a fenómenos extremos, lo que dificulta aún más los esfuerzos para reducir la pobreza, especialmente en el contexto actual”, agregó.
Trabajo decente frente al cambio climático
Los resultados del estudio serán analizados durante el 59 Congreso de Seguridad, Salud y Ambiente, espacio que, del 1 al 3 de julio, reunirá a líderes empresariales, autoridades, académicos y organismos internacionales para discutir cómo el cambio climático está redefiniendo los desafíos de la seguridad y salud en el trabajo, entre otros temas coyunturales.
Durante de la rueda de prensa de inauguración, Ítalo Cardona, director de la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para los Países Andinos, destacó que la adaptación climática debe estar estrechamente ligada a la promoción del trabajo decente.
“El cambio climático está modificando profundamente las condiciones en las que trabajan millones de personas. Frente a este escenario, avanzar hacia el trabajo decente implica garantizar entornos laborales seguros y saludables, fortalecer la protección social, promover la gestión de riesgos y asegurar que las estrategias de adaptación climática protejan tanto la productividad como la dignidad y los derechos de quienes trabajan. La transición hacia economías más resilientes solo será posible si las personas ocupan un lugar central en esa transformación”, destacó Cardona.
La OIT ha advertido que el estrés térmico ya constituye uno de los principales riesgos emergentes para el empleo. Según sus estimaciones, cuando la temperatura supera los 24 °C o 26 °C la productividad comienza a disminuir, mientras que al alcanzar los 33 °C o 34 °C los trabajadores pueden perder hasta el 50 % de su capacidad laboral en actividades de intensidad moderada. Cuando la temperatura corporal supera los 40,6 °C, el riesgo puede llegar incluso a provocar la muerte.
El impacto será desigual en el territorio nacional
El análisis identifica importantes diferencias regionales. Bogotá registraría el impacto económico más severo con 1,42 billones de pesos perdidos en términos de productividad, seguida por Medellín y Cali con 752 y 458 mil millones de pesos, respectivamente. Barranquilla con 389 mil millones de pesos y Bucaramanga con 228 mil millones de pesos, completan los cinco territorios más afectados del país.
No obstante, el estudio advierte que el 56,3 % de las pérdidas económicas se concentraría fuera de las principales áreas metropolitanas, especialmente en ciudades y municipios intermedios así como zonas rurales dispersas donde predominan actividades económicas altamente dependientes de las condiciones climáticas, como la agricultura, la ganadería, la pesca y otras labores primarias desarrolladas en gran medida por trabajadores informales.
Desde una perspectiva sectorial, el mayor impacto recaería sobre ‘Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca’, que dejaría de percibir 1,93 billones de pesos a nivel nacional durante los ocho meses analizados.
Le siguen ‘Comercio y reparación de vehículos’, con pérdidas de 1,85 billones de pesos; ‘Actividades artísticas, entretenimiento y otros servicios’, y ‘Alojamiento y servicios de comida’, ambas con 1,01 billones de pesos. En una escala menor, pero con cifras críticas, aparecen las ‘Industrias manufactureras’ (995 mil millones de pesos); ‘Transporte y almacenamiento’ (927 mil millones de pesos) y ‘Construcción’ (880 mil millones de pesos).
Un reto para la salud, la productividad y la competitividad
El Consejo Colombiano de Seguridad advierte que las consecuencias del fortalecimiento del Fenómeno de El Niño trascienden la disminución de la productividad. Las altas temperaturas incrementan el riesgo de estrés térmico, deshidratación, enfermedad renal, cáncer de piel ocupacional, enfermedades respiratorias y transmitidas por vectores, además de afectar la concentración y aumentar la probabilidad de incidentes y accidentes laborales.
A ello se suma el deterioro de la calidad del aire, la reducción en la disponibilidad de agua y las interrupciones que estos eventos generan sobre las cadenas de suministro, el abastecimiento energético y la continuidad de las operaciones empresariales.
Por esta razón, el CCS hace un llamado para que las organizaciones incorporen la adaptación al cambio climático dentro de sus estrategias corporativas, integrando estos riesgos en los Sistemas de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo, y poniendo en práctica las siguientes recomendaciones:
· Incorporar los riesgos asociados al cambio climático en el Sistema de Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST), actualizando la identificación de peligros y valoración de riesgos asociados a eventos climáticos extremos.
• Adaptar las jornadas laborales para reducir la exposición al calor, promoviendo pausas de recuperación, hidratación permanente y turnos de trabajo en horarios de menor radiación solar.
• Fortalecer la vigilancia de la salud de los trabajadores expuestos a altas temperaturas, implementando procesos de aclimatación, seguimiento médico y capacitación para prevenir el estrés térmico.
• Revisar la dotación y los elementos de protección personal, asegurando que sean adecuados para las condiciones climáticas y minimicen la carga térmica.
• Capacitar a la fuerza laboral para reconocer signos tempranos de estrés térmico y actuar oportunamente.
• Incluir los fenómenos climáticos extremos en los planes de emergencia, contingencia y continuidad del negocio, fortaleciendo la resiliencia de la infraestructura, los procesos y las cadenas de suministro.
• Impulsar prácticas sostenibles y tecnologías limpias, junto con estrategias de vigilancia epidemiológica para prevenir enfermedades ocupacionales asociadas al calor, la radiación solar y otros riesgos derivados del cambio climático.
59 Congreso de Seguridad, Salud y Ambiente
Este encuentro se consolida como el principal escenario de actualización y diálogo para quienes lideran la gestión de la seguridad y salud en el trabajo, la sostenibilidad y la gestión integral de riesgos en Colombia. Durante tres días, más de 90 expertos nacionales e internacionales compartirán conocimientos, experiencias y tendencias sobre los desafíos que están transformando el mundo del trabajo, con una agenda que incluye conferencias, paneles, conversatorios y masterclass dirigidas a fortalecer la competitividad y la resiliencia de las organizaciones.
Como parte de esta edición, los asistentes también podrán recorrer la versión número 40 de Expo CCS, la principal muestra comercial del país en seguridad, salud en el trabajo y sostenibilidad, donde empresas nacionales e internacionales presentarán tecnologías, servicios y soluciones innovadoras para la gestión de riesgos y el bienestar de los trabajadores. De esta manera, el CCS reafirma su propósito de impulsar el intercambio de conocimiento y la adopción de herramientas que permitan construir organizaciones más seguras, sostenibles y preparadas para los retos del futuro.















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