Lo que hay detrás de la red invisible de pagos

Lo que hay detrás de la red invisible de pagos

En menos de dos segundos, el tiempo que tarda un usuario en acercar su celular a un datáfono, se activa una cadena de validaciones que involucra más de diez actores del sistema financiero. Lo que para el consumidor ocurre casi de forma instantánea es, en realidad, un proceso complejo. Según cifras de la Superintendencia Financiera,

En menos de dos segundos, el tiempo que tarda un usuario en acercar su celular a un datáfono, se activa una cadena de validaciones que involucra más de diez actores del sistema financiero. Lo que para el consumidor ocurre casi de forma instantánea es, en realidad, un proceso complejo. Según cifras de la Superintendencia Financiera, el sistema financiero procesa en promedio 39 mil transacciones por minuto, y el 82% de ellas ocurren por canales digitales.
Cada vez que se paga con datáfono o a través de una página web, intervienen el banco del comercio, redes globales como Visa y Mastercard, procesadores de pago, y la entidad que emitió la tarjeta.
A medida que los pagos electrónicos ganan terreno frente al efectivo, entender esta infraestructura dejó de ser un tema técnico. Cada vez más empresas están integrando servicios financieros en su operación, apoyadas en soluciones que les permiten conectarse a esta red sin desarrollarla desde cero.
Cómo funciona el proceso
Todo comienza en el terminal de pago, que es el datáfono, si el pago es presencial, o la pasarela de pagos, si el pago es electrónico. El dispositivo captura la información de la tarjeta y la envía al banco del comercio, que se conecta con la red global correspondiente.
Este banco se conecta con redes globales como Visa o Mastercard, que actúan como intermediarias y llevan la solicitud hasta la entidad emisora. En cuestión de milisegundos, el banco emisor verifica tres condiciones: disponibilidad de fondos, validez de la tarjeta y ausencia de alertas de fraude. La respuesta recorre el mismo camino de vuelta y se traduce en la aprobación o rechazo que ve el usuario.
La transacción, sin embargo, no termina ahí. Tras la aprobación, las entidades involucradas realizan la compensación y liquidación de los recursos para que el dinero llegue efectivamente al comercio.
El negocio detrás de la infraestructura
Lo que ha cambiado en los últimos años no es la arquitectura del proceso, que lleva décadas consolidada, sino quién puede acceder a ella. Fintech como Mono ofrecen a las empresas la posibilidad de integrarse a esa infraestructura, sin tener que desarrollar la tecnología subyacente, lo que reduce barreras de entrada para sectores que no tenían la capacidad de participar en el ecosistema de pagos. 
“Antes, conectarse a estas redes requería años de desarrollo y licencias que solo los grandes jugadores podían costear. Hoy, una empresa puede integrarse rápidamente y ofrecer servicios financieros como parte de su producto principal”, aseguró Juan Camilo Poveda, CEO de Mono.
Alirio Aguilera
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