Por: Sergio Rengifo. Director Ejecutivo de CECODES Hay momentos en los que liderar una empresa se parece más a pilotear un avión en medio de una tormenta que a seguir una ruta despejada. El destino está definido, la tecnología existe y la tripulación está preparada, pero las condiciones externas, la visibilidad, el clima, la coordinación
Por: Sergio Rengifo. Director Ejecutivo de CECODES
Hay momentos en los que liderar una empresa se parece más a pilotear un avión en medio de una tormenta que a seguir una ruta despejada. El destino está definido, la tecnología existe y la tripulación está preparada, pero las condiciones externas, la visibilidad, el clima, la coordinación del tráfico, hacen la diferencia entre un aterrizaje exitoso y uno caótico.
Así está hoy la transición hacia la sostenibilidad: sabemos hacia dónde vamos, pero aún no tenemos todas las condiciones alineadas para llegar de la mejor manera.
El Business Breakthrough Barometer 2026, de nuestra casa matriz el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), en cuya construcción participamos desde CECODES, pone cifras a esta realidad. Nos habla de un empresariado convencido, decidido, pero también preocupado por los riesgos de avanzar sin suficiente coordinación.
Y ese contraste es, precisamente, el punto de partida del desafío. Un desafío que define la competitividad
Las empresas hoy enfrentan una presión sin precedentes. Por un lado, los impactos del cambio climático son cada vez más evidentes: eventos extremos, interrupciones en cadenas de suministro y volatilidad en costos energéticos. Por otro, las reglas del juego cambian rápidamente, influenciadas por tensiones geopolíticas y marcos regulatorios aún en construcción.
En este contexto, la sostenibilidad dejó de ser un tema reputacional para convertirse en un factor estructural del negocio. No es un “extra”; es parte del núcleo estratégico.
El Barómetro lo confirma con contundencia: el 92 % de los líderes empresariales espera que la sostenibilidad sea una fuente de ventaja competitiva, y el 89 % ha mantenido o aumentado su inversión climática. Esto no es discurso, es asignación de capital.
Sin embargo, el mismo informe advierte una alerta importante: el 68 % considera que una transición climática desordenada es cada vez más probable. Es decir, estamos avanzando, pero no necesariamente de manera coordinada.
Y cuando la coordinación falla, los costos aparecen. Un dato particularmente relevante es que el 47 % de las empresas reportó aumentos en los costos relacionados con el clima en el último año. Esto deja claro que el cambio climático ya no es un riesgo futuro: es una realidad financiera presente.
Frente a esto, el sector empresarial ha tomado una decisión que merece ser destacada: no detenerse.
Al contrario, las compañías están acelerando su transformación, apostando por soluciones que hoy tienen sentido no solo ambiental, sino económico: energía limpia, electrificación, economía circular y agricultura regenerativa. ¿La razón? Son, cada vez más, las opciones más competitivas en costos, resilientes y seguras.
Aquí hay un cambio de paradigma profundo: la sostenibilidad ya no compite con la rentabilidad, sino que la impulsa.
El Barómetro también recoge una voz casi unánime del empresariado global: la necesidad de mayor claridad y estabilidad en las políticas públicas. De hecho, el 85% de los líderes empresariales pide marcos regulatorios más sólidos y predecibles. Este punto es crucial. No se trata de pedir más regulación por sí misma, sino mejor regulación: coherente, de largo plazo y alineada con la realidad productiva.
Sin esta base, la transición corre el riesgo de ser más costosa e ineficiente. Incluso, el informe advierte que una mala gestión podría traducirse en inflación y aumento de precios para los consumidores, afectando directamente a la sociedad.
Desde Colombia, este panorama global debe leerse como una advertencia, pero sobre todo como una oportunidad.
Tenemos condiciones únicas: recursos naturales estratégicos, un empresariado cada vez más comprometido y un ecosistema de innovación en crecimiento. Pero el momento exige decisiones más audaces.
Considero que hay tres caminos prioritarios: alinear la política pública con la ambición empresarial para generar visión de largo plazo; acelerar la infraestructura habilitante, especialmente en transición energética; y fortalecer la colaboración, entendiendo que esta transformación no será exitosa si cada actor avanza por su cuenta.
La buena noticia es que el rumbo está claro. La sostenibilidad ya no es un debate ideológico ni una tendencia pasajera: es una realidad económica.
La tensión también está clara: avanzar rápido, pero hacerlo bien. La pregunta entonces no es si vamos a llegar, sino si sabremos coordinar el vuelo para aterrizar a tiempo, de manera ordenada y con todos a bordo.















Leave a Comment
Your email address will not be published. Required fields are marked with *