Resistencia a los antibióticos: más de 39 millones de muertes en el mundo entre 2025 y 2050
La resistencia a los antibióticos representa un desafío creciente para la salud pública. Cuando estos medicamentos dejan de ser eficaces frente a determinadas bacterias, las infecciones pueden ser más difíciles de tratar, aumentar el riesgo de complicaciones y requerir una atención más compleja.
En 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que una de cada seis infecciones bacterianas confirmadas por laboratorio en el mundo en 2023 presentó resistencia a los antibióticos. La resistencia la desarrollan o adquieren las bacterias, no las personas, y su avance puede dejar a los pacientes con menos opciones de tratamiento.
Esta amenaza y desafío de salud pública podría aumentar en las próximas décadas. Un análisis de la Universidad de Oxford y del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, publicado en The Lancet en 2024, estima 39,1 millones de muertes directamente causadas por resistencia bacteriana en el mundo durante el periodo 2025–2050. Se trata de proyecciones y no de un desenlace inevitable.
En América Latina y el Caribe, la Organización Panamericana de la Salud y la Alianza Mundial para la Investigación y el Desarrollo de Antibióticos han difundido una proyección cercana a 650.000 muertes relacionadas con la resistencia antimicrobiana por año para 2050. Esta estimación considera una carga más amplia de infecciones resistentes que las muertes directamente causadas por la resistencia.
¿Por qué los antibióticos pierden eficacia?
Las bacterias pueden sufrir mutaciones y adquirir mecanismos de resistencia. El uso innecesario o inadecuado de antibióticos favorece este fenómeno y con ello, la supervivencia y propagación de las bacterias resistentes. A esto se suman factores como las fallas en higiene y control de infecciones, la falta de agua segura, las barreras para acceder a diagnósticos y tratamientos adecuados y el tiempo que conlleva el desarrollo de nuevos antibióticos.
Por eso, enfrentar la RAM implica no solo utilizar adecuadamente los antibióticos, sino también prevenir infecciones y actuar oportunamente para evitar complicaciones que puedan aumentar la necesidad de tratamientos antimicrobianos.
Cuando un antibiótico deja de actuar contra una bacteria, una infección puede prolongarse o agravarse y requerir hospitalización, cuidados intensivos o tratamientos más complejos. Además, la posibilidad de prevenir y controlar infecciones es fundamental para realizar de manera segura procedimientos médicos como las cirugías.
En Colombia, el Instituto Nacional de Salud destacó en su balance 2025–2026 el fortalecimiento de la vigilancia de la resistencia antimicrobiana y la incorporación de nuevas herramientas para identificar bacterias de importancia para la salud pública. Detectar oportunamente estos cambios permite reconocer infecciones potencialmente más difíciles de tratar y orientar mejor la respuesta de los servicios de salud.
“Cuando un tratamiento deja de funcionar, las consecuencias se sienten en la vida de las personas: más días de enfermedad, preocupación para las familias y una atención más compleja. Prevenir infecciones y actuar antes de que una herida empeore son acciones concretas que pueden contribuir frente a este desafío. Desde Essity buscamos que el conocimiento y la innovación lleguen a quienes toman decisiones de cuidado todos los días”, afirma Ingrid Olivares, gerente clínica de Essity.
Prevenir infecciones también contribuye al uso responsable de antibióticos
En el cuidado de heridas, la prevención y el manejo oportuno de las infecciones comienzan con una adecuada evaluación de la lesión y su causa, la limpieza y el seguimiento de su evolución.
Una herida puede contener microorganismos sin estar infectada. Por eso, encontrar bacterias en ella no significa automáticamente que sea necesario utilizar un antibiótico. La valoración profesional permite determinar qué cuidados necesita cada paciente, identificar señales de infección y decidir cuándo se requiere una intervención adicional.
Una guía internacional publicada en Journal of Wound Care en mayo de 2026, con el apoyo de Essity, analiza el uso responsable de antimicrobianos en el manejo de heridas y el papel de los apósitos de captación microbiana. La publicación reúne evidencia disponible y el consenso de expertos para orientar la prevención y la intervención temprana en incisiones quirúrgicas, heridas de difícil cicatrización, Pie Diabetico y Ulcera Venosa en piernas.
Entre las alternativas disponibles para la prevención y el manejo de la infección se encuentra Cutimed Sorbact, una familia de apósitos de Essity cuya superficie recubierta con DACC permite que microorganismos se adhieran mediante una interacción física, y en cada cambio el apósito, se remueva hasta el 73% de la carga bacteriana promoviendo la mejora de la herida y su cicatrización.
Su mecanismo de acción no depende de la liberación de antibióticos o antisépticos en la herida y, por su modo de acción puramente físico, no se espera el desarrollo de resistencia antimicrobiana. De esta forma, la tecnología puede formar parte de un enfoque de cuidado local orientado a controlar la carga microbiana y apoyar el uso responsable de antimicrobianos.
“Una herida no se trata solo cubriéndola. Es necesario entender qué la causó, cómo está evolucionando y si presenta señales de infección. La captación física de microorganismos puede ser parte del cuidado local, pero la elección del apósito depende de las necesidades de cada paciente. Cuando se requieren antibióticos, estos deben utilizarse con la indicación y el seguimiento adecuados”, explica Olivares.
Consultar oportunamente cuando una herida empeora, evitar la automedicación y cumplir adecuadamente los tratamientos indicados son acciones que pueden ayudar a prevenir complicaciones. Frente a la RAM, estas medidas deben complementarse con educación al equipo de salud, mejores diagnósticos, prevención y control de infecciones en los servicios de salud y acceso oportuno a tratamientos eficaces.