Unidos por miles de corazones: alianza que transforma la atención cardiovascular infantil en Colombia
Cuando un niño nace con una cardiopatía congénita, recibir un diagnóstico oportuno y acceder a tratamiento especializado puede marcar la diferencia entre una vida con mayores posibilidades de desarrollo y un desenlace que pudo haberse evitado. En Colombia, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, las cardiopatías congénitas están entre las malformaciones más frecuentes. Atender estas enfermedades requiere infraestructura de alta complejidad, tecnología especializada y, especialmente, talento humano con una formación que toma años.
Ese fue el desafío que comenzó a abordar la alianza entre el Hospital Infantil San Vicente Fundación y la Fundación Infantil Santiago Corazón, una relación que se consolidó desde 2014 y que tuvo uno de sus principales hitos con la creación de la Unidad Infantil Santiago Corazón, inaugurada el 14 de mayo de 2019.
Una alianza que comenzó con la necesidad de ampliar la atención especializada
a historia, sin embargo, comenzó varios años antes. Santiago Corazón trabaja desde 1988 por los niños con cardiopatías congénitas, a partir de la historia de Santiago Franco, quien nació en Medellín con una enfermedad cardíaca en una época en la que la infraestructura, la tecnología y los especialistas disponibles estaban orientados principalmente a la atención de adultos. La experiencia de su familia llevó a convertir esa pérdida en una causa que hoy continúa impactando la vida de niños en diferentes regiones del país.
En el caso del Hospital Infantil San Vicente Fundación, el punto de partida fue la necesidad de ampliar su capacidad para atender a niños con enfermedades cardiovasculares complejas. La institución contaba con atención cardiológica, pero no tenía una unidad de cuidado intensivo cardiovascular pediátrico ni una unidad de cuidado intermedio con las condiciones necesarias para atender este tipo de pacientes.
La respuesta fue construir un proyecto integral. Santiago Corazón acompañó el desarrollo de la infraestructura, la adquisición de tecnología biomédica y, con especial énfasis, en la formación del talento humano. Pediatras intensivistas, cirujanos cardiovasculares, anestesiólogos, personal de enfermería y perfusionistas participaron en capacitaciones para fortalecer las capacidades requeridas por un programa de esta complejidad.
La primera cirugía cardiovascular pediátrica se realizó el 8 de marzo de 2017, antes de la inauguración de la Unidad Infantil Santiago Corazón. Dos años después, la apertura de la unidad permitió consolidar una capacidad instalada de 16 camas para cuidado intensivo y un quirófano destinado a atender pacientes de alta complejidad.
Para Luisa Fernanda Muriel, directora ejecutiva de Santiago Corazón, la dimensión de esta alianza va mucho más allá de la construcción de un espacio físico. “Desde el principio entendimos que no se trataba únicamente de adecuar un espacio, sino de desarrollar un programa integral que incluyera infraestructura, tecnología biomédica, formación del talento humano y un modelo de atención de alta complejidad”.
Una unidad que amplió la capacidad de atención cardiovascular pediátrica
El impacto de esa apuesta se refleja hoy en la capacidad que tiene el Hospital Infantil San Vicente Fundación para atender pacientes que llegan desde diferentes departamentos del país. Chocó, Córdoba, Caldas, Cesar y Atlántico hacen parte de los territorios de procedencia de pacientes que llegan en busca de atención cardiovascular especializada.
Desde la apertura de la unidad se han atendido cerca de 4.500 niños en los servicios de cardiología pediátrica. De ellos,700 en cuidados intensivos y 638 en cirugías cardiovasculares.
Capacidades que se traducen en oportunidades de vida
Detrás de cada cifra hay una historia familiar. Una de ellas es la de Ana Isabel, quien llegó al Hospital Infantil San Vicente Fundación luego de que su pediatra detectara dificultades en su peso. El ecocardiograma confirmó una cardiopatía congénita que requería cirugía. Para Sara Ruiz, su mamá, el diagnóstico estuvo acompañado de miedo e incertidumbre. La intervención se realizó pocos días después y, pese a la complejidad del procedimiento, Ana Isabel tuvo una recuperación favorable, tras cuatro días en cuidado intensivo y su posterior hospitalización.