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IA 16 Sep 2026 Por

La IA ya edita videos. Lo difícil sigue siendo hacer periodismo

La inteligencia artificial está transformando la forma en que se producen las noticias. Lo que antes requería largas jornadas de edición hoy puede resolverse en cuestión de minutos: transcribir entrevistas, traducir contenidos, limpiar el audio, generar subtítulos, producir gráficos e incluso crear imágenes y secuencias audiovisuales a partir de instrucciones escritas. Sin embargo, la verdadera revolución no consiste en producir más contenido, sino en hacerlo sin perder el rigor periodístico.

Para Emanuel Enciso Camacho, docente de la Especialización virtual en Dirección y Producción de Contenidos Audiovisuales, modalidad virtual, de la Fundación Universitaria del Área Andina, la inteligencia artificial debe entenderse como un aliado estratégico capaz de optimizar los procesos de producción, pero nunca como un sustituto del criterio editorial.

Las tareas que la IA ya resolvió

Las herramientas de inteligencia artificial han automatizado buena parte del trabajo operativo que históricamente ocupaba a los equipos de edición.Hoy es posible generar transcripciones automáticas, traducir entrevistas a diferentes idiomas, sincronizar subtítulos, mejorar la iluminación de un video, estabilizar imágenes, eliminar ruido de fondo, equilibrar niveles de audio y producir gráficos animados en cuestión de segundos.

Modelos como Veo, Sora o Seedance incluso permiten desarrollar secuencias audiovisuales con calidad cinematográfica a partir de instrucciones detalladas, ampliando las posibilidades creativas para medios y productores independientes. “La inteligencia artificial libera tiempo para que los equipos se concentren en lo verdaderamente importante: construir mejores historias y tomar decisiones editoriales de mayor valor”, explica Enciso.

La automatización, sin embargo, tiene límites. La selección de las mejores declaraciones, la construcción del relato, la continuidad narrativa, la elección de las imágenes más representativas y el contexto que acompaña una noticia continúan siendo decisiones que requieren experiencia, sensibilidad y conocimiento periodístico.

Aunque una plataforma pueda resumir una entrevista o sugerir una secuencia de edición, todavía no comprende los matices que determinan el verdadero valor informativo de un acontecimiento. “La IA puede ejecutar tareas técnicas con gran eficiencia, pero el editor sigue siendo quien decide qué contar, cómo hacerlo y por qué esa historia merece ser publicada”, afirma el académico.

La velocidad también aumenta la responsabilidad

Publicar primero ya no garantiza informar mejor. En un entorno donde circulan imágenes manipuladas, audios sintéticos y videos creados con inteligencia artificial, verificar la autenticidad de cada contenido se ha convertido en una tarea indispensable. Por ello, cada vez aparecen nuevos perfiles profesionales dedicados exclusivamente a supervisar el uso de estas herramientas, revisar los resultados que generan y validar la información antes de su publicación.

Su función no consiste en ralentizar los procesos, sino en asegurar que la rapidez no comprometa la credibilidad del medio. “Las audiencias digitales castigan con rapidez los errores. Recuperar la confianza perdida siempre resulta mucho más difícil que publicar unos minutos después”, señala Enciso.

Ya no basta con dominar un software de edición. El profesional también debe aprender a diseñar instrucciones precisas, comprender cómo funcionan los modelos generativos y evaluar críticamente cada resultado que producen.

Ese proceso, conocido como ingeniería de prompts, implica mucho más que redactar comandos. Requiere incorporar criterios técnicos relacionados con iluminación, composición, color, sonido, efectos visuales y narrativa, además de orientar a la herramienta hacia resultados acordes con los objetivos de cada producción.

“El editor deja de ser únicamente un operador técnico para convertirse en un curador de la inteligencia artificial. Su trabajo consiste en mejorar continuamente los resultados que ofrece el algoritmo hasta alcanzar los estándares de calidad requeridos”, explica.

La ética también se edita

El potencial creativo de la inteligencia artificial obliga a reforzar los protocolos editoriales. Antes de incorporar imágenes, videos o recursos generados por IA, los equipos deben verificar la procedencia del material, respetar los derechos de autor y evitar que el contenido induzca a interpretaciones erróneas o confunda a la audiencia.

También resulta indispensable conocer cómo fueron entrenados los modelos utilizados, cuáles son sus políticas de tratamiento de datos y qué mecanismos ofrecen para garantizar transparencia sobre las fuentes de información empleadas. En este escenario, la ética deja de ser un asunto exclusivo del periodista y se convierte en una condición esencial para el uso responsable de la tecnología.

La inteligencia artificial ya permite verificar imágenes manipuladas durante procesos electorales, detectar montajes audiovisuales y analizar en tiempo real grandes volúmenes de datos durante eventos deportivos o transmisiones en vivo. Sin embargo, esa capacidad de procesamiento solo adquiere valor cuando se complementa con el análisis humano.

De acuerdo con Enciso, ese equilibrio será el principal diferencial de los comunicadores en los próximos años. “La inteligencia artificial no viene a reemplazar al profesional que sabe pensar críticamente. Viene a reemplazar las tareas repetitivas para que el talento humano pueda concentrarse en aquello que ninguna máquina puede hacer: interpretar, crear y tomar decisiones con criterio.”

La calidad seguirá teniendo rostro humano

Aunque estas herramientas permiten multiplicar la producción, también tienden a repetir estilos visuales, estructuras narrativas y recursos estéticos que terminan homogeneizando los contenidos. Por eso, el verdadero desafío para los medios no será producir más videos, sino ofrecer piezas capaces de combinar la eficiencia de la automatización con el valor agregado del pensamiento humano.

La inteligencia artificial redefinirá la velocidad de las salas de edición, optimizará los flujos de trabajo y ampliará las posibilidades creativas del periodismo audiovisual. Pero la confianza seguirá dependiendo de algo que ninguna tecnología ha logrado automatizar: el criterio de quienes cuentan las historias.

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Autor

Alirio Aguilera

Alirio Aguilera, periodista bogotano egresado de la Universidad Central de Bogotá, especializado en periodismo económico en la Universidad de la Sabana y con magister en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana con amplia experiencia en medios de comunicación y también como docente de varias universidades y con gran experiencia como asesor de comunicaciones en el sector público y privado.

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