Solo el 36% de las tierras son propiedad de mujeres: el reto de transformar el campo colombiano
Durante generaciones, el aporte de las mujeres rurales al campo estuvo asociado principalmente a labores de apoyo, cuidado y producción que con frecuencia permanecieron fuera de los espacios de decisión. Hoy, impulsadas por la búsqueda de equidad, su rol ha evolucionado de manera radical: las campesinas ya no solo recolectan alimentos, ahora son administradoras, empresarias, investigadoras e inversionistas. Es una evolución que empresas del agro como BASF han acompañado con formación técnica en campo. Pero, a pesar de este gran salto, la realidad nos demuestra que aún hay un largo camino por labrar.
Para entender este reto, basta mirar quiénes son los verdaderos dueños de la tierra. Según el informe Propiedad Rural en Colombia (2022) del DANE y ONU Mujeres, el panorama sigue siendo desigual. De los predios rurales con un único dueño, solo el 36% le pertenece a una mujer. Además, cuando logran ser propietarias, el 72% de ellas posee terrenos menores a tres hectáreas, espacios tan pequeños que dificultan generar rentabilidad a gran escala.
A esta barrera física se suma una carga invisible. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (2021) del DANE reveló que el 93% de las mujeres en zonas rurales realiza trabajos no remunerados, como cocinar, limpiar o cuidar a la familia, frente a un 57% de los hombres. Esta enorme falta de tiempo libre actúa como un ancla que les impide participar activamente en la economía productiva de sus comunidades.
Pero ¿qué pasaría si logramos equilibrar la balanza? El impacto global sería monumental. La FAO estima que lograr la igualdad de género en los sistemas agroalimentarios, la cadena que lleva los alimentos de la siembra al plato, elevaría el Producto Interno Bruto (PIB) mundial en cerca de un billón de dólares. Y lo que es más valioso aún: sacaría del hambre a 45 millones de personas.
Justamente por esta razón, la FAO declaró este 2026 como el Año Internacional de la Mujer Agricultora. Bajo este contexto, el Día Mundial de la Mujer Rural (15 de octubre) deja de ser una simple fecha conmemorativa para convertirse en un llamado a la acción.
“Las mujeres rurales han demostrado que su lugar en el campo no está en la periferia, sino en el centro de las decisiones. Nuestro compromiso es acompañarlas con conocimiento técnico y herramientas que les permitan seguir liderando la transformación hacia una agricultura más sostenible“, afirmó Teófilo Bustingorri, managing director y líder comercial de BASF Soluciones para la Agricultura Colombia.
Sin embargo, ningún actor puede lograrlo solo. Empresas, universidades, organizaciones sociales y entidades públicas pueden abrir más caminos a través de la formación, la tecnología, la financiación y el acceso a la tierra. BASF Soluciones para la Agricultura, por ejemplo, impulsa jornadas de capacitación técnica en manejo integrado de cultivos, con enfoque en el uso racional del agua, control de plagas y buenas prácticas agrícolas. Muchas de estas actividades son lideradas o integradas por mujeres rurales, quienes encuentran en estos espacios la oportunidad de adquirir conocimientos técnicos y compartir su experiencia en campo.
Reconocer a las mujeres rurales es apenas el punto de partida. El verdadero reto del campo colombiano es que la mujer que siembra también sea dueña de la tierra, de sus decisiones y de su futuro. Esto implica facilitar su acceso a conocimiento, formación, tecnología, financiación, propiedad y espacios donde puedan participar en las decisiones que definen el futuro de sus territorios.