Desconocimiento y malos hábitos agravan el impacto de la diabetes en Colombia
La diabetes puede avanzar silenciosamente durante años y afectar diferentes órganos del cuerpo antes de que una persona conozca su diagnóstico. En Colombia, la magnitud de esta enfermedad representa un desafío para el sistema de salud y para la población. Al 31 de agosto de 2025, la Cuenta de Alto Costo tenía reportados 2.597.719 casos de diabetes mellitus. Por su parte, la Federación Internacional de Diabetes (FID) estima que cerca de 3,03 millones de adultos entre los 20 y los 79 años vivían con esta condición en 2024.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el desconocimiento. Según la FID, el 16,2 % de los adultos que viven con diabetes en Colombia no sabe que tiene la enfermedad. A escala mundial, cerca de 250 millones de personas, de un total de 589 millones de adultos con diabetes, tampoco han recibido un diagnóstico. Sin embargo, el reto va más allá de identificar a quienes viven con esta condición. También implica que la población conozca sus factores de riesgo, comprenda la importancia de los controles médicos y reconozca las consecuencias que puede tener un manejo inadecuado.
“Tenemos que ser más proactivos en la búsqueda de la población en riesgo. Es fundamental promover el tamizaje temprano y que las personas comprendan la importancia de realizarse los exámenes correspondientes. La diabetes puede avanzar durante años y, cuando se detecta tarde, los pacientes pueden llegar a presentar complicaciones que afectan seriamente su calidad de vida”, explica el doctor José Luis Torres, presidente de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo (ACE).
A este panorama se suman los hábitos de vida de la población. El consumo frecuente de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, una alimentación desequilibrada y la falta de actividad física son factores que aumentan el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. La preocupación también alcanza a niños y adolescentes, pues el sobrepeso y la obesidad durante estas etapas pueden tener consecuencias para la salud en el futuro.
“El consumo de ultraprocesados, el exceso de bebidas azucaradas y los hábitos sedentarios están teniendo un impacto en la salud de la población. El uso cada vez mayor de pantallas también favorece la inactividad física, una situación que preocupa especialmente cuando encontramos niños con problemas de obesidad. Por eso, debemos trabajar desde edades tempranas en la educación alimentaria y la promoción de hábitos saludables”, señala Torres.
Las consecuencias de la diabetes van mucho más allá de los niveles elevados de glucosa en la sangre. Cuando no se identifica y controla adecuadamente, puede ocasionar enfermedades cardiovasculares, daño renal, pérdida de visión, lesiones en los nervios y amputaciones de miembros inferiores. La Organización Mundial de la Salud – OMS – señala que la diabetes causó directamente 1,6 millones de muertes en 2021, mientras que la enfermedad renal atribuible a esta condición provocó otras 530.000.
“Uno de los grandes desafíos para hacerle frente a la diabetes es la desinformación que circula en las redes sociales, donde muchas veces se difunden recomendaciones sin respaldo científico que pueden confundir a las personas y llevarlas a tomar decisiones equivocadas sobre su salud. A esto se suma la falta de conciencia sobre la importancia de adoptar hábitos de vida saludables. Muchas personas no dimensionan los riesgos de una alimentación inadecuada y el sedentarismo hasta que aparecen las primeras complicaciones. Necesitamos fortalecer la educación en salud para que las personas puedan identificar información confiable, reconocer sus factores de riesgo y comprender que la prevención comienza con las decisiones que toman cada día”, enfatiza el especialista.
Por esta razón, el tratamiento no puede concentrarse exclusivamente en reducir los niveles de azúcar en la sangre. Desde la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo advierten que el abordaje debe contemplar también la salud cardiovascular y renal, el control del peso, la presión arterial y los niveles de colesterol. La atención integral permite identificar otros factores que pueden agravar la enfermedad y actuar oportunamente para prevenir complicaciones.
A las dificultades relacionadas con la educación y la prevención se suman las barreras para acceder a consultas especializadas, medicamentos y pruebas diagnósticas, así como las dificultades para garantizar la continuidad de los tratamientos. De acuerdo con los planteamientos del especialista, mejorar el manejo de la diabetes también exige fortalecer la atención médica y la formación de los profesionales de la salud, de manera que los pacientes reciban un acompañamiento oportuno y continuo.
En esa dirección, la ACE actualizó sus guías de práctica clínica para el manejo de la diabetes tipo 2 en adultos, después de diez años. El documento se elaboró mediante una metodología basada en la evidencia científica y el consenso de expertos, con el propósito de aportar criterios para el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de los pacientes.