El mercado colombiano amanece con la principal incógnita del semestre despejada. Tras la segunda vuelta presidencial del domingo 21 de junio, en la que, según el preconteo de la Registraduría, Abelardo de la Espriella se impuso por un margen estrecho sobre Iván Cepeda, y a la espera de la declaratoria oficial que corresponde al escrutinio,
El mercado colombiano amanece con la principal incógnita del semestre despejada. Tras la segunda vuelta presidencial del domingo 21 de junio, en la que, según el preconteo de la Registraduría, Abelardo de la Espriella se impuso por un margen estrecho sobre Iván Cepeda, y a la espera de la declaratoria oficial que corresponde al escrutinio, los inversionistas pasan de operar sobre escenarios electorales a evaluar señales de gestión. Lo hacen, además, sobre un telón de fondo global que también cambió en las últimas semanas: una Reserva Federal más dura de lo previsto, un precio del petróleo a la baja por la desescalada en Oriente Medio y una corrección de fondo en el oro y bitcoin. Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio, reúne los cuatro frentes en una sola lectura.
El nuevo mapa: un peso que nadó contra la corriente global
El rasgo más llamativo del semestre es que el peso colombiano se fortaleció justo cuando el dólar se afianzaba en el resto del mundo. La explicación está en la convivencia de dos fuerzas de signo contrario. A nivel global, el dólar es fuerte: en su reunión del 17 de junio, la primera bajo la presidencia de Kevin Warsh, la Reserva Federal mantuvo su tasa de referencia en el rango de 3,50 % a 3,75 % por cuarta vez consecutiva y por decisión unánime, y elevó sus proyecciones para el cierre del año, borrando del lenguaje cualquier sesgo hacia recortes en 2026. A nivel local, el peso se apreció con fuerza por un factor político: a medida que el mercado fue incorporando un resultado electoral percibido como favorable a la disciplina fiscal y a la inversión privada, los capitales se reposicionaron hacia los activos colombianos.
A esa dinámica se sumó un tercer factor que descomprimió la presión sobre los precios: el acuerdo de paz provisional entre Estados Unidos e Irán moderó la tensión en torno al Estrecho de Ormuz y llevó el precio del Brent por debajo de los US$80 por barril, frente a los cerca de US$97 de finales de mayo. La consecuencia para los cuatro mercados es directa. El dólar global se mantiene firme por la Reserva Federal, el peso llega fortalecido por el cierre del ciclo electoral, y el oro y bitcoin pierden el impulso del refugio que les daba la tensión geopolítica, al tiempo que sienten el peso de unas tasas que no bajarán este año.
El dólar y el peso: de la prima electoral a la ejecución
El peso llega a la elección desde una posición de fortaleza estructural. La Tasa Representativa del Mercado se ubica en $3.459,53 y, en lo corrido de 2026, la moneda colombiana acumula una apreciación cercana al 9,5 %, lo que la convierte en una de las monedas emergentes con mejor desempeño del mundo. Solo en junio, antes de la segunda vuelta, el dólar había cedido más de 200 pesos, las acciones locales acumulaban avances de doble dígito desde la segunda mitad de mayo y los títulos de deuda pública se valorizaban con fuerza. Es la fotografía de un mercado que fue descontando de forma anticipada un resultado y reacomodando sus posiciones antes de que llegara la noticia.
En la apertura de este lunes 22 de junio el comportamiento confirmó esa lectura: el dólar profundizó la caída y abrió en $3.389,50, unos $70 por debajo de la TRM, en niveles no observados desde febrero de 2020, mientras las acciones locales extendían sus ganancias. El movimiento, aunque relevante, resultó moderado frente a la fuerte apreciación de las semanas previas, lo que ratifica que el grueso de la reacción ya había ocurrido. Como buena parte del recorrido se dio por anticipado, el margen de apreciación adicional tras el resultado del preconteo es más limitado de lo que sugiere el titular. Los analistas lo describen como una situación de riesgos asimétricos: el escenario que habría disparado el dólar de forma abrupta quedó descartado, mientras que el escenario confirmado ya estaba en buena parte incorporado en los precios. Por eso la atención del mercado se desplaza ahora del resultado electoral hacia la ejecución del nuevo Gobierno: el perfil del equipo económico, las señales sobre el manejo de las finanzas públicas y la credibilidad fiscal serán los factores que definan si la fortaleza del peso se sostiene o se modera en las próximas semanas. El margen estrecho de la votación, en un país polarizado, añade una capa de atención sobre la gobernabilidad.
Calendario y datos de la coyuntura:
• Tasa Representativa del Mercado: $3.459,53 vigente para el cierre de la semana, con el peso entre las monedas emergentes más fuertes del año.
• Desempeño en 2026: apreciación cercana al 9,5 % del peso frente al dólar, una de las mayores entre las economías emergentes.
• Apertura del 22 de junio: el dólar abrió en $3.389,50, unos $70 por debajo de la TRM, en niveles no vistos desde febrero de 2020, con las acciones locales al alza.
• Tasa Banco de la República: política monetaria local todavía restrictiva, con la atención puesta en la trayectoria de la inflación y en las señales fiscales del nuevo Gobierno.
• Reserva Federal: tasa mantenida en 3,50 % a 3,75 % el 17 de junio, sin recortes previstos en 2026 y con un sesgo más restrictivo en el debut de Kevin Warsh.
• Lectura de mercado: el resultado del preconteo, en buena parte descontado, limita el recorrido adicional del peso y traslada el foco hacia el escrutinio oficial y la ejecución fiscal del próximo Gobierno.
“El peso llegó a la elección desde una posición de fortaleza poco común, porque el mercado se anticipó y descontó el resultado antes de que ocurriera. Eso cambia la pregunta. Ya no se trata de quién gana, sino de qué tan creíble sea la hoja de ruta fiscal del nuevo Gobierno. La fortaleza del peso es real, pero descansa sobre una expectativa, y las expectativas se sostienen o se corrigen según los hechos. Para el hogar colombiano, lo importante no es adivinar el techo del peso, sino entender que la tasa de cambio seguirá siendo sensible a cada señal de los próximos meses”, afirma Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio.
Esa sensibilidad es justamente la que vuelve valiosa la previsibilidad. Para los más de tres millones de hogares colombianos que dependen de remesas, o para quien recibe pagos del exterior, poder fijar la tasa de cambio antes de que llegue una transferencia deja de ser un tecnicismo y se convierte en una herramienta de planeación. Plataformas del ecosistema local como Littio han incorporado esa función, que permite preacordar la tasa USD/COP antes de recibir una remesa o un pago, para montos definidos y con una vigencia de hasta 72 horas. En un periodo en el que cada señal del nuevo Gobierno puede mover la tasa, anticiparla cambia la capacidad real de planear.
El euro: en torno a 1,148 dólares y el efecto del dólar global
El euro refleja la otra cara del fortalecimiento del dólar a nivel mundial. La moneda europea se cotiza alrededor de 1,148 dólares por unidad, por debajo de los cerca de 1,165 que registraba a finales de mayo, presionada por el giro más restrictivo de la Reserva Federal y por un diferencial de crecimiento que sigue favoreciendo a la economía estadounidense. El Banco Central Europeo ha sostenido una postura firme, pero el mercado lee con más fuerza la señal de una Reserva Federal que descarta recortes y mantiene su tasa elevada, lo que refuerza al dólar frente a las principales divisas.
Para el colombiano que recibe pagos en euros, estudia en Europa o viaja al continente, la lectura combina dos movimientos. Frente al dólar, el euro se ha debilitado; frente al peso, en cambio, el panorama es mixto, porque el peso también se apreció con fuerza. De forma referencial, al cruce actual el euro se ubica alrededor de $3.970 pesos. La conclusión práctica no cambia: gestionar el balance en más de una moneda fuerte sigue siendo una herramienta de planeación para quien tiene una vida financiera conectada con el exterior, más que un producto de nicho.
“El euro se mueve cerca de sus mínimos de varias semanas frente al dólar, y eso no es una historia europea, es una historia del dólar. Cuando la Reserva Federal deja claro que no va a bajar tasas, el dólar se fortalece frente a casi todo, y el euro lo siente. Para el colombiano con gastos o ingresos en Europa, la clave es entender que el dólar y el euro se mueven por motores distintos, y que tener parte del balance en cada uno es lo que permite no quedar expuesto a un solo factor”, explica Torroledo.
El oro: la corrección que confirmó la tesis
El oro ofrece la mejor ilustración de cómo una corrección puede confirmar una tendencia en lugar de negarla. Tras marcar un máximo histórico cercano a US$5.602 por onza el 29 de enero, el metal cotiza ahora alrededor de los US$4.170 por onza, una caída relevante frente a los cerca de US$4.450 de finales de mayo. Dos factores explican el retroceso reciente. El primero es el giro de la Reserva Federal: al descartar recortes y mantener las tasas reales en terreno positivo, encarece el costo de oportunidad de mantener un activo que no paga cupón. El segundo es la desescalada geopolítica: el acuerdo de paz provisional entre Estados Unidos e Irán redujo la demanda de refugio que había sostenido los precios en los meses anteriores.
Lo importante es que ninguno de esos dos factores toca el motor estructural del oro. El comprador de fondo no es el inversionista financiero sensible a las tasas, sino el banco central que diversifica sus reservas por razones fiscales y geopolíticas, una demanda que se ha mantenido firme durante cinco trimestres consecutivos por encima de las 200 toneladas. Por eso la corrección, aunque pronunciada, responde a una toma de ganancias y a un cambio en el apetito por riesgo de corto plazo, y no a una salida estructural. La distinción entre una y otra cosa es exactamente lo que define cómo mirar al oro dentro de un balance diversificado.
Proyecciones publicadas por casas de análisis para el cierre de 2026:
• Goldman Sachs: una mayoría de los grandes inversionistas espera precios al alza hacia fin de año, con una porción relevante proyectando niveles superiores a US$5.000 por onza.
• JP Morgan: un rango proyectado entre US$5.200 y US$5.300 por onza al cierre del año.
• Bank of America: un escenario de US$5.000 por onza en un horizonte de dos años si se mantienen los factores fiscales y geopolíticos de fondo.
“La corrección del oro no contradice la tesis, la confirma. El oro bajó por dos razones de corto plazo, una Reserva Federal más dura y un mundo con menos miedo tras la tregua en Oriente Medio, pero ninguna de las dos cambia el motor de fondo, que es la compra de los bancos centrales. Cuando el comprador estructural no responde a las tasas, una toma de ganancias no es un cambio de tendencia. Por eso el oro sigue siendo, para un balance diversificado, una reserva de valor con baja correlación frente al peso”, explica Torroledo.
La pregunta para el hogar colombiano es cómo tomar esa exposición. Hasta hace poco, hacerlo desde el país exigía lingotes con estándar London Good Delivery de 400 onzas, además de custodia, transporte y seguro, lo que dejaba el activo fuera del alcance del minorista. La tokenización modificó esa ecuación. Plataformas del ecosistema local como Littio integraron oro tokenizado respaldado por metal físico custodiado en Suiza, accesible desde un dólar digital y con los números de serie de los lingotes consultables públicamente. El cambio no es de precio, es de acceso.
Bitcoin: el activo macro, puesto a prueba
Bitcoin atravesó en las últimas semanas exactamente el tipo de episodio que confirma su nueva naturaleza. Tras alcanzar un máximo histórico cercano a US$126.200 el 6 de octubre de 2025, el activo cotiza ahora alrededor de los US$63.000 a US$64.000, con indicadores de sentimiento que reflejan un miedo extremo entre los participantes. La caída no respondió a un evento interno del mundo cripto, sino a los mismos factores que movieron al resto del mercado: la tensión geopolítica de las semanas previas y el giro más restrictivo de la Reserva Federal. Es la prueba de que la institucionalización de los últimos años, con los fondos cotizados al contado y las tesorerías corporativas, convirtió a bitcoin en un activo de riesgo macro que sube y baja con el apetito por riesgo global.
Esa es la lectura de fondo que conviene interiorizar. En el corto plazo, bitcoin se comporta como un activo de riesgo y amplifica los movimientos del mercado, en parte por el apalancamiento que opera en torno a él. En el horizonte estructural se mantienen la escasez programada, con el próximo halving en 2028 que reducirá la emisión, y un suministro que ya superó los veinte millones de unidades. La distancia entre ambas lecturas explica por qué las proyecciones de las casas de análisis siguen siendo amplias y, a la vez, por qué cualquier exposición debe dimensionarse con plena conciencia de su volatilidad.
Proyecciones publicadas por casas de análisis para el cierre de 2026:
• JPMorgan: un escenario de US$170.000 por unidad bajo condiciones favorables de liquidez y apetito por riesgo.
• Citigroup y Bernstein: rangos centrales en torno a los US$143.000 y US$150.000 respectivamente.
• Standard Chartered y Goldman Sachs: escenarios que van desde los US$100.000 hasta los US$200.000, condicionados a la trayectoria de tasas y a la claridad regulatoria.
“Bitcoin acaba de dar una lección sobre lo que es hoy Cayó con fuerza, pero no por algo propio del mundo cripto, sino por la geopolítica y por la Reserva Federal, los mismos factores que mueven a las acciones. Eso confirma que es un activo de portafolio con todas sus consecuencias: su volatilidad es estructural y amplifica los movimientos del mercado. No es un activo para mirar el precio cada día, es un activo para entender el riesgo antes de tomar cualquier exposición”, señala Torroledo.
Como ocurrió con el oro, el acceso minorista también se desplazó del exchange internacional hacia las plataformas locales. Littio, por ejemplo, integró bitcoin con precio actualizado cada veinte segundos a través de su alianza con Ouinex y con operación dentro de la propia plataforma, sin necesidad de registrarse en intermediarios del exterior. El activo ya estaba disponible para el gran capital; lo que cambió es que ahora también lo está para el minorista colombiano, con las reglas a la vista.
La lectura integrada: una ventana para planear con cabeza fría.
Puestos en un mismo plano, los cuatro mercados dejan una conclusión coherente para el hogar colombiano con perfil global. El dólar global está firme por la Reserva Federal, pero el peso se fortaleció por el cierre del ciclo electoral; el euro se debilitó frente al dólar; y el oro y bitcoin corrigieron en el corto plazo sin que se rompa su tesis de fondo. El punto no es elegir un ganador, sino entender que cada activo cumple una función distinta dentro de un balance: el dólar y el euro operan como reserva de valor líquida, el oro como refugio de baja correlación con el peso, y bitcoin como una posición de mayor riesgo y volatilidad que exige dimensionamiento.
Hay, además, un matiz de oportunidad que conviene leer con prudencia. Un peso fuerte significa, en términos prácticos, que construir hoy una reserva en monedas fuertes exige menos pesos que hace un mes. No se trata de adivinar el piso del dólar ni de cronometrar el mercado, sino de reconocer que estos periodos de fortaleza del peso son ventanas de planeación. Y el cambio de fondo de esta década no está en los precios, sino en el acceso: diversificar el balance hacia dólares, euros, oro o bitcoin, que antes exigía cuentas en el exterior e intermediarios especializados, hoy puede hacerse desde un celular y partiendo de un dólar digital, en plataformas como Littio que reúnen las cuatro clases de activo en un mismo balance multimoneda, con comisiones visibles antes de confirmar y liquidez inmediata.
“La incertidumbre sobre el resultado electoral comienza a despejarse, pero el mercado nunca se queda sin preguntas: ahora mira la ejecución fiscal, la Reserva Federal y la geopolítica. En ese entorno, la decisión de fondo del hogar colombiano ya no es si conviene diversificar, sino cómo hacerlo de forma eficiente y desde un solo lugar. Un peso fuerte abre una ventana para planear con cabeza fría, no para reaccionar con euforia. Eso es democratizar el acceso, no prometer resultados”, concluye Torroledo.















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