Cuidar el cuerpo en el trabajo una deuda empresarial que no podemos aplazar
Por: Mónica María Quiroz, docente de la Escuela de Psicología y Talento Humano y Sociedad del Politécnico Grancolombiano.
Cuando me siento frente al computador por horas, o cuando observo a colegas que deben permanecer de pie toda una jornada, me pregunto si somos realmente conscientes de lo que el trabajo le exige a nuestro cuerpo. Hablar de riesgos laborales suele llevarnos a pensar en accidentes graves, químicos peligrosos o máquinas industriales, pero pocas veces nos detenemos en el enemigo silencioso que desgasta la salud de millones de trabajadores: los riesgos biomecánicos.
Me refiero a esos movimientos repetitivos, a las posturas incómodas, a las cargas que parecen menores pero que con el tiempo se convierten en lesiones crónicas. A esos escritorios mal diseñados, sillas que no acompañan la postura o herramientas que nunca fueron pensadas para cuidar al trabajador. Son detalles que, día tras día, marcan la diferencia entre una vida laboral saludable y un futuro lleno de limitaciones físicas.
¿Cómo identificarlas? En el Politécnico Grancolombiano desarrollé una guía práctica de evaluación del riesgo biomecánico, en colaboración con las docentes Martha Janeth Cifuentes y Derly Zamora, un material que reúne metodologías internacionales como RULA, REBA, NIOSH, OCRA, ROSA o JSI.
Estas metodologías han sido desarrolladas por diversos autores, y no siempre son fácilmente accesibles o comprensibles para el público general. Por eso, junto con las docentes, hemos logrado traducirlas en prácticas aplicables, aprovechando el principio de acceso abierto (Open Access) y facilitando su implementación tanto de forma manual como virtual, mediante el laboratorio de medición biomecánica del Poli.
Lo que en realidad ofrece son rutas claras para que las empresas identifiquen, midan y prevengan los problemas antes de que sea tarde. Y aquí está la clave: no se trata solo de cumplir con una norma, sino de entender que la salud de los trabajadores es, al mismo tiempo, bienestar humano y productividad empresarial.
Desarrollando esta guía vi cómo muchas organizaciones caen en la trampa de normalizar el dolor. “Es que a todos nos duele la espalda”, “son cosas de la edad”, “ese hormigueo en la mano es pasajero”… frases que esconden un problema estructural. El cuerpo humano no está diseñado para soportar tareas repetitivas sin pausas, ni para estar atrapado en un escritorio ocho horas seguidas. Y cuando las empresas no actúan, los costos llegan: incapacidades largas, rotación de personal, disminución de la productividad y trabajadores que pierden calidad de vida.
La ergonomía no es un lujo, es una inversión, y lo es porque un trabajador sano rinde más, se ausenta menos y se compromete con su organización. Los líderes empresariales deberíamos dejar de ver la prevención como un gasto obligatorio y empezar a verla como una estrategia inteligente de sostenibilidad. Un negocio que ignora la salud de su gente, tarde o temprano, se vuelve insostenible.
Lo que más me llama la atención es que hoy contamos con todas las herramientas para hacer las cosas mejor. Evaluar riesgos biomecánicos ya depende de metodologías probadas que permiten identificar puntos críticos y rediseñar procesos. No se trata de grandes transformaciones de un día para otro, sino de pequeños cambios acumulados: un puesto de trabajo ajustado a la altura de la persona, un software que recuerde las pausas activas, una herramienta que reduzca la fuerza necesaria, un horario que distribuya mejor la carga.
Sin embargo, reconozco que el cambio cultural es el más difícil. Todavía existe la idea de que el trabajador debe adaptarse al trabajo, y no al revés. Pero si de verdad creemos en organizaciones sostenibles, debemos darle la vuelta a esa lógica: el trabajo debe adaptarse al ser humano. Esa es la verdadera revolución pendiente en nuestras empresas.
No exagero al decir que cuidar el cuerpo en el trabajo es una forma de justicia social. Porque ningún trabajador debería tener que escoger entre ganarse la vida o conservar su salud. La prevención de riesgos biomecánicos no es un tema técnico reservado a especialistas, es un asunto humano, ético y empresarial.
Yo sueño con un futuro en el que las organizaciones entiendan que la competitividad también se construye desde el bienestar físico de su gente. Un futuro en el que los dolores de espalda, las lesiones en las manos o el agotamiento crónico no sean vistos como “parte del trabajo”, sino como señales de alerta. Los empresarios tienen una decisión que tomar: seguir ignorando estos riesgos o asumir que cada inversión en ergonomía es una inversión en el futuro de la organización.
