Mover dinero dentro de Colombia nunca fue tan rápido. La masificación del ecosistema interoperable del Banco de la República (Bre-B) y la madurez de las billeteras digitales han hecho que pagar una factura, transferir al banco competidor o cerrar un negocio local tome apenas un par de segundos. Sin embargo, cuando el capital debe cruzar
Mover dinero dentro de Colombia nunca fue tan rápido. La masificación del ecosistema interoperable del Banco de la República (Bre-B) y la madurez de las billeteras digitales han hecho que pagar una factura, transferir al banco competidor o cerrar un negocio local tome apenas un par de segundos. Sin embargo, cuando el capital debe cruzar las fronteras colombianas, el ritmo financiero parece retroceder décadas. Una transferencia internacional en el país todavía puede tardar entre uno y cinco días hábiles en verse reflejada.
Esta brecha temporal contrasta con una realidad económica innegable. De acuerdo con las últimas métricas del Banco de la República, Colombia consolidó un máximo histórico en la recepción de remesas de trabajadores en el exterior, superando la barrera de los US $10.000 millones anuales. A esto se suma el ecosistema de exportadores de servicios (desarrolladores de software, creadores de contenido y consultores) que inyectan divisas constantemente.
A nivel regional, la consultora Grand View Research estima que el mercado de pagos transfronterizos en América Latina alcanzó un valor de US $30.690 millones y mantendrá un crecimiento anual sostenido del 7,4% hacia el 2033.
“La demora va más allá de un tema estrictamente bancario. Miles de empresas, emprendedores y profesionales independientes en Colombia dependen de los pagos internacionales para operar, cubrir costos y expandirse. Cuando el dinero tarda en llegar, también se retrasan decisiones de negocio y oportunidades de inversión. La velocidad de los pagos se ha convertido en un factor clave para la competitividad del país”, explica Lady Chaparro, Country Manager Colombia
Según detalla el directivo, la desconexión entre la velocidad del dinero local y el internacional se debe a tres razones estructurales que actúan como un cuello de botella:
● Múltiples intermediarios. Muchas operaciones deben pasar por uno o varios bancos corresponsales antes de llegar al destinatario, sumando etapas de validación y procesamiento.
● Controles regulatorios y de seguridad. Las entidades financieras deben realizar verificaciones relacionadas con el cumplimiento normativo, la prevención del lavado de activos y la validación de la información de los usuarios.
● Conversión de divisas y conciliación de sistemas. Cuando la operación involucra distintas monedas y plataformas de pago, los tiempos de acreditación pueden extenderse.
En el contexto colombiano, las fricciones regulatorias asociadas al control de divisas y los horarios de corte de las mesas de dinero de los bancos tradicionales provocan que las transferencias que entran después del mediodía queden congeladas hasta el siguiente día hábil. Para las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), que representan el 99% del tejido empresarial del país y buscan internacionalizarse, este desfase de caja frena su capacidad de respuesta frente a competidores globales.
“La rapidez para mover dinero entre países ha dejado de ser una comodidad para convertirse en una necesidad estratégica. Reducir las fricciones en las transferencias internacionales no solo mejoraría la experiencia de los usuarios, sino que también permitiría que Colombia avance hacia una economía más ágil, competitiva y preparada para participar en un mercado cada vez más global”, concluye Chaparro.















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