En el marco del Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite que realiza Fedepalma en Barranquilla, el director de Agromira, Julio Sevillano, expresó su preocupación por la suspensión de un programa de asistencia técnica especializada que durante los últimos tres años benefició a productores palmeros de Tumaco, Nariño. Según explicó el dirigente, la decisión
En el marco del Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite que realiza Fedepalma en Barranquilla, el director de Agromira, Julio Sevillano, expresó su preocupación por la suspensión de un programa de asistencia técnica especializada que durante los últimos tres años benefició a productores palmeros de Tumaco, Nariño.
Según explicó el dirigente, la decisión se originó tras la aplicación de una resolución que generó una inhabilidad para uno de los aliados estratégicos del programa, situación que terminó afectando directamente a 110 productores y cerca de 700 hectáreas de cultivo.
“Veníamos desarrollando un trabajo importante a nivel agronómico, comercial y de sostenibilidad. Durante dos años consecutivos logramos brindar asistencia técnica integral a nuestros productores y esperábamos continuar con un tercer año de acompañamiento especializado”, afirmó Sevillano.
El programa era financiado con recursos del Fondo de Fomento Palmero y contaba con el respaldo de la empresa Salamanca Oleaginosas, que aportaba recursos para fortalecer la competitividad de los pequeños productores de la región.
Sin embargo, la entrada en vigencia de una disposición normativa impidió la continuidad del convenio debido a que el aliado privado hacía parte de la junta directiva de Cenipalma, circunstancia que, según explicó Sevillano, generó una inhabilidad con eventuales consecuencias legales.
Impacto directo en 110 productores
La suspensión del convenio dejó sin atención técnica personalizada a decenas de familias que dependían de este acompañamiento para mejorar sus indicadores productivos y sanitarios.
“Nos sorprendió la forma como se aplicó la norma porque terminó afectando el desarrollo de actividades que permitían hacer más rentable, productiva y sostenible la actividad palmera en Tumaco”, señaló.
Aunque el gremio reaccionó de manera inmediata para evitar que los productores quedaran completamente desatendidos, la solución implementada ha consistido en capacitaciones grupales, jornadas de campo y actividades colectivas de transferencia de conocimiento.
Para Agromira, estas acciones representan un esfuerzo importante, pero no reemplazan la asistencia individualizada que se realizaba finca por finca.
“La diferencia es enorme. Antes se identificaban las necesidades específicas de cada productor, las brechas de productividad y las acciones de mejora. Hoy se trabaja de manera colectiva, lo cual es valioso, pero insuficiente frente a las necesidades reales del territorio”, explicó el dirigente.
Preocupación por la sanidad de los cultivos
Uno de los principales temores de los productores está relacionado con la sanidad vegetal de los cultivos.
La región de Tumaco ha enfrentado históricamente graves desafíos fitosanitarios. En 2007, una epidemia asociada a la Pudrición del Cogollo devastó alrededor de 35.000 hectáreas de palma de aceite, generando una de las mayores crisis productivas del sector en el país.
Aunque la introducción de materiales híbridos tolerantes permitió recuperar parte de la actividad palmera, la enfermedad continúa presente en el territorio y requiere monitoreo permanente.
Sevillano aseguró que durante los últimos tres años la asistencia técnica permitió mantener los niveles de incidencia por debajo del 1 %, un indicador considerado favorable para la estabilidad económica de los productores.
“Existe una alerta porque dejamos de realizar un trabajo que venía mostrando resultados positivos. El acompañamiento permanente permitía detectar oportunamente cualquier problema sanitario y actuar antes de que generara impactos mayores”, indicó.
La preocupación radica en que la ausencia de visitas técnicas personalizadas podría dificultar la detección temprana de nuevos focos de afectación.
Un llamado a revisar la normativa
Frente a esta situación, Agromira pidió al Gobierno Nacional, a las autoridades del sector y a los organismos gremiales revisar la reglamentación que dio origen a la suspensión del convenio.
Para Sevillano, es necesario encontrar mecanismos que garanticen la transparencia y la idoneidad institucional sin afectar los procesos de acompañamiento a los pequeños productores.
“La solicitud es que se revise la situación con un enfoque práctico y ajustado a la realidad del territorio. Quienes hacen parte de los órganos de dirección muchas veces son los mismos actores que conocen las necesidades del sector y están comprometidos con su desarrollo”, manifestó.
El dirigente considera que una revisión concertada permitiría encontrar alternativas que hagan posible retomar los esquemas de asistencia técnica personalizada que funcionaron entre 2023 y 2025.
“Lo importante es convocar a todos los actores involucrados y construir una solución que responda a las necesidades reales de los productores”, agregó.
Preparativos frente a posibles fenómenos climáticos
A las dificultades institucionales se suma ahora la incertidumbre climática.
Los productores de Tumaco siguen con atención los pronósticos meteorológicos relacionados con posibles fenómenos extremos que podrían afectar el comportamiento de los cultivos durante los próximos meses.
De acuerdo con Sevillano, actualmente se adelantan procesos de capacitación y documentación para identificar las mejores prácticas de manejo frente a escenarios de déficit o exceso de lluvias.
“Estamos preparándonos, entendiendo los posibles impactos y buscando alternativas para mitigar los efectos que puedan generar estos eventos climáticos en los cultivos”, explicó.
Mientras tanto, los palmicultores de Tumaco esperan que las discusiones surgidas durante el Congreso Nacional de Cultivadores de Palma permitan abrir espacios de diálogo que conduzcan a la recuperación de los programas de asistencia técnica especializada, considerados fundamentales para la productividad, la sostenibilidad y la sanidad de una actividad económica que sostiene a cientos de familias en la costa pacífica colombiana.















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