Colombia–EE. UU.: una relación que resistió la política, pero que mantuvo la resiliencia en los vínculos comerciales
Un balance de AmCham Colombia, entre 2022 y 2025, evidencia un crecimiento de 27,3 % en las exportaciones no minero-energéticas, un aumento de 31,4 % en la llegada de turistas estadounidenses y una reducción de 33,8 % en la inversión proveniente de Estados Unidos entre 2022 y 2025.
Al cierre del gobierno del presidente Gustavo Petro, la relación entre Colombia y Estados Unidos se puso a prueba y evidenció la solidez de sus bases estratégicas. El cuatrienio estuvo marcado por un deterioro de la confianza política entre los dos gobiernos y por diferencias en asuntos sensibles como la política antidrogas, la seguridad, la gestión migratoria y algunos temas de la agenda internacional.
Sin embargo, la arquitectura bilateral construida durante décadas —el acuerdo comercial, las instituciones, el Congreso de Estados Unidos, la cooperación en seguridad y justicia, las empresas, la academia, las comunidades y la diáspora— permitió que los canales de relacionamiento se mantuvieran operativos y evitó que las tensiones políticas interrumpieran de manera estructural el vínculo entre ambos países. En ese contexto, la relación trascendió las diferencias políticas, se preservó la cooperación en seguridad entre la Fuerza Pública y la Policía, y el sector privado sostuvo la dinámica comercial, aunque quedó como principal desafío la incertidumbre en torno a la estabilidad jurídica para los inversionistas.
Entre 2022 y 2025, la relación bilateral estuvo marcada por una paradoja: mientras el entorno político se volvió más tenso e incierto, el sector productivo colombiano sostuvo y, en algunos frentes, amplió su presencia en el mercado estadounidense. Lo anterior se ve reflejado en materia de comercio, las exportaciones colombianas hacia Estados Unidos se mantuvieron prácticamente estables durante el cuatrienio. Pasaron de US$14.757,5 millones en 2022 a US$14.868,3 millones en 2025, lo que representa un crecimiento de 0,8 %, de acuerdo con la información del Dane.
Sin embargo, detrás de esa estabilidad se produjo una transformación favorable de la canasta exportadora. Las exportaciones no minero-energéticas crecieron 27,3 %, al pasar de US$7.757,4 millones a US$9.877,2 millones, según datos del DANE, consolidándose como el principal motor de las ventas colombianas hacia el mercado estadounidense. En contraste, las exportaciones minero-energéticas disminuyeron 28,7 %, al pasar de US$7.000,1 millones a US$4.991,1 millones, reflejando una mayor participación de bienes con valor agregado dentro del intercambio comercial.
En materia de turismo, Estados Unidos se consolidó como el principal mercado emisor de turistas hacia Colombia, con un crecimiento acumulado de 31,4 % durante el periodo. El número de visitantes estadounidenses pasó de 903.752 en 2022 a cerca de 1,19 millones en 2025, de acuerdo con datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, aunque el último año registró una leve disminución de 0,6 % frente a 2024, en un entorno marcado por mayores desafíos en materia de seguridad y percepción internacional del país.
En el frente externo, las remesas continuaron desempeñando un papel fundamental para la economía colombiana. En 2025 alcanzaron un máximo histórico de US$13.098 millones, de acuerdo con cifras del Banco de la República, convirtiéndose en uno de los principales factores de estabilidad del sector externo y en una fuente esencial de ingresos para millones de hogares colombianos.
El principal desafío del periodo se observó en la inversión. En el caso de Estados Unidos, principal inversionista histórico extranjero en Colombia, los flujos de inversión disminuyeron 33,8 %, al pasar de US$5.096 millones a US$3.375 millones, según los datos del Banco de la República, reflejando un deterioro del ambiente de inversión durante la segunda mitad del cuatrienio.
En materia de seguridad, la cooperación entre las entidades de ambos países se mantuvo activa. Esta coordinación institucional permitió preservar la cooperación bilateral, pese a las diferencias de enfoque entre los gobiernos y al fracaso de la política de “paz total” frente al deterioro de la seguridad, el fortalecimiento de los grupos armados ilegales y la expansión de las economías ilícitas.
La relación continúa respondiendo a un interés mutuo. Colombia aporta capacidad operativa, experiencia institucional y conocimiento del territorio, mientras Estados Unidos contribuye con tecnología, inteligencia, cooperación judicial y fortalecimiento de capacidades. Su sostenibilidad sigue sustentada en objetivos compartidos, responsabilidades claramente definidas y resultados verificables que contribuyan a la seguridad de ambos países y de la región.
El Congreso de Estados Unidos mantuvo un papel central como espacio de respaldo, supervisión y definición de recursos para Colombia, aunque en un marco más estrecho y condicionado. Ambos partidos coinciden en que Colombia es clave para la seguridad hemisférica, la lucha contra las drogas, la estabilidad regional, la migración y la democracia, pero el apoyo ya no es automático y depende de resultados verificables.
El interés se mantiene, pero con mayores exigencias en seguridad, institucionalidad y derechos humanos. El Congreso sigue siendo un actor de continuidad, aunque el respaldo bipartidista requiere interlocución constante y justificación política. Por ello, la relación con Estados Unidos exige mantener vínculos activos con ambos partidos y los principales centros de decisión en Washington.
“El gobierno entrante del presidente electo Abelardo de la Espriella llega con vientos a favor, en un contexto de gran optimismo y altas expectativas. El cambio en la relación bilateral ya comienza a delinearse, y los esfuerzos realizados en las últimas semanas en Washington anticipan una etapa de acercamiento que podría traducirse en transformaciones significativas en la dinámica entre ambos gobiernos. Sin embargo, la sostenibilidad de la relación dependerá de factores más estructurales: instituciones sólidas, respaldo bipartidista, reglas estables, resultados verificables y una agenda que también cuente con legitimidad dentro de Colombia”, señaló María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia.
“Colombia tiene la capacidad de presentar una agenda propia, clara y propositiva ante Estados Unidos, con base en sus intereses y capacidades como aliado democrático, su experiencia en seguridad, su ubicación estratégica, su gestión migratoria, su potencial energético, minero y agroindustrial, su talento humano, biodiversidad y un acuerdo comercial consolidado”, agregó Lacouture.