La mayoría de las previsiones sitúan al peso entre 4.000 y 4.200 COP por dólar para finales de año
Por Tiago Lacerda, analista de mercados de Axi
La próxima decisión de política monetaria de la Reserva Federal tendrá lugar el 29 de julio de 2026, y los mercados descuentan una alta probabilidad de que los tipos se mantengan sin cambios en el rango del 3,50-3,75 %. Sin embargo, precisamente en esa tranquilidad que genera el consenso, radica el riesgo para América Latina. Nueve de los dieciocho miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) previeron al menos una subida de tipos para finales de año en el «dot plot» de junio, y la mediana de la tasa de fondos federales para finales de año se revisó al alza, pasando del 3,4 % en marzo al 3,8 %.
Para Colombia, Brasil, Chile y México, la diferencia entre mantener los tipos o subirlos el 29 de julio no es una cuestión teórica. Se traduce directamente en flujos de capital, presión sobre la moneda y el coste de la refinanciación de la deuda soberana.
Un mantenimiento sin orientaciones futuras moderadas sigue implicando un endurecimiento de las condiciones financieras para los prestatarios de los mercados emergentes, ya que persiste la fortaleza del dólar y la prima de riesgo de los bonos regionales se mantiene elevada. Para el peso colombiano (que ya cotiza bajo presión en medio de un déficit fiscal interno y una crisis de independencia del banco central), un mantenimiento con tono restrictivo por parte de la Fed elimina cualquier catalizador a corto plazo para su apreciación.
El escenario de subida de tipos conlleva consecuencias que la región no está en condiciones de absorber en este momento debido a su situación estructural. El Banco de la República de Colombia ya ha subido su tipo de interés oficial en 275 puntos básicos desde principios de 2026, situándolo en el 12 %, con una inflación general del 5,8 % en mayo y una inflación subyacente del 6,0 %, ambas muy por encima del objetivo del 3 %.
El gobernador Leonardo Villar ha señalado que la inflación cerrará 2026 por encima del 6 % y alcanzará el objetivo en 2028. Una subida de tipos por parte de la Fed intensificaría la fortaleza del dólar, lo que amplificaría la presión a la depreciación del peso precisamente en un momento en el que el BanRep tiene un margen limitado para responder de forma agresiva sin frenar una frágil recuperación.
La mayoría de las previsiones ya sitúan al peso en un rango de entre 4.000 y 4.200 COP por dólar para finales de año. Una subida de tipos por parte de la Reserva Federal aceleraría esa trayectoria y, al mismo tiempo, elevaría el coste del servicio de la deuda colombiana denominada en dólares.
El panorama general de América Latina agrava el riesgo específico de Colombia. El real brasileño, el peso mexicano y la moneda chilena, vinculada al cobre, se enfrentan todos al mismo mecanismo de transmisión. Una política monetaria más restrictiva de la Reserva Federal implica un dólar más fuerte, mayores diferenciales en los mercados emergentes y unos costes de financiación locales más elevados, en un momento en el que el impulso de crecimiento regional ya es frágil.
El auge de la inversión impulsado por la inteligencia artificial que está alimentando la inflación en EE. UU. (uno de los factores citados explícitamente en las actas del FOMC de junio) crea una asimetría adicional: el capital que, de otro modo, podría buscar rentabilidad en los mercados emergentes está siendo absorbido a nivel nacional en Estados Unidos, lo que reduce el flujo de inversión extranjera del que dependen las economías latinoamericanas para financiar sus déficits por cuenta corriente. Este es el factor que el consenso subestima. La próxima medida de la Fed no se produce de forma aislada, sino que se suma a una reasignación estructural de capital que ya está jugando en contra de la región.
Se espera que los responsables políticos mantengan los tipos sin cambios el 29 de julio, al tiempo que se reservan la opción de endurecer aún más la política monetaria si la inflación resulta persistente. Esto significa que el mercado prestará menos atención a la decisión en sí y más al discurso del presidente Warsh en la rueda de prensa, en busca de señales sobre septiembre.
Para los operadores y gestores de carteras latinoamericanos, la cuestión clave no es si la Fed tomará medidas el 29 de julio, sino si Warsh da a entender que el ciclo de subidas se ha evitado realmente o si simplemente se ha aplazado. Un aplazamiento, que es el resultado más probable, mantiene la presión sobre las divisas y los bonos regionales sin aportar la claridad que permitiría a los inversores institucionales posicionarse con convicción. En ese contexto, el peso colombiano y el real brasileño siguen siendo vulnerables a cualquier sorpresa al alza en la inflación en los datos estadounidenses de aquí a la reunión del FOMC de septiembre, y las posiciones en renta fija de la región deberían reflejarlo.