Por: Iván Tunjano, docente de finanzas de la Universidad Politécnico Grancolombiano Para millones de personas, cada mundial trae mucho más que futbol. Trae conversaciones, reuniones, camisetas, apuestas entre amigos y una tradición que atraviesa generaciones enteras: llenar el álbum Panini, y esta actividad no es necesariamente económica. Y aunque parezca solo un gasto más, detrás
Por: Iván Tunjano, docente de finanzas de la Universidad Politécnico Grancolombiano
Para millones de personas, cada mundial trae mucho más que futbol. Trae conversaciones, reuniones, camisetas, apuestas entre amigos y una tradición que atraviesa generaciones enteras: llenar el álbum Panini, y esta actividad no es necesariamente económica.
Y aunque parezca solo un gasto más, detrás de cada sobre de láminas hay algo profundamente humano que nos conecta. Hay emoción, hay ilusión, hay conexión social. Porque no se trata solo de pegar monitas… se trata de cambiar repetidas, de la felicidad de encontrar la laminita difícil, de hacer listados de números de láminas, de sentarse a llenar páginas, de intercambiar láminas en la oficina o en el colegio.
Y eso es importante decirlo en tiempos donde se suele presentar la educación financiera como si vivir bien significara dejar de disfrutar. Y esto es completamente equivocado. El problema no es gastar. El problema es gastar sin conciencia. Las personas cambiamos nuestros hábitos de consumo. Gastamos más en reuniones, plataformas, camisetas, domicilios, etc… y sí, también en el álbum Panini. ¿Por qué?
Las emociones colectivas tienen un efecto poderoso sobre nuestra forma de consumir. Cuando algo nos emociona, el cerebro tiende a darle más valor a la satisfacción inmediata que a las consecuencias futuras. Por eso, muchas compras dejan de pasar por la lógica y empiezan a pasar por la emoción: el álbum, las reuniones, las camisetas, los “gastos pequeños”. Y casi sin darnos cuenta, terminamos justificándolo con frases familiares: “Solo es durante el Mundial”, “Eso después se recupera”, “Me lo merezco”.
No porque no entendamos el valor del dinero, sino porque disfrutar también es una necesidad humana.
Y aunque ninguna de esas frases es necesariamente incorrecta, el problema aparece cuando pequeños gastos emocionales empiezan a acumularse sin control. Porque el cerebro no siente el impacto de $10.000 aquí, $20.000 allá u “otro sobrecito más”. Pero el presupuesto sí.
Entonces, ¿qué deberíamos hacer? La respuesta no es dejar de vivir experiencias que nos hacen felices. La respuesta es aprender a disfrutarlas sin comprometer nuestro bienestar futuro.
1. Crear un “presupuesto emocional”
Así como existe dinero para transporte o mercado, también debería existir dinero para disfrutar. Separar un monto específico para el Mundial o la diversión en general, ayuda a disfrutar sin culpa y sin desorden financiero.
2. Entender que felicidad y consumo no son exactamente lo mismo
Muchas veces el momento feliz no viene de comprar más, sino de compartir más. Un partido entre amigos puede generar más bienestar que comprar algo por presión social.
3. Evitar las compras invisibles
Los gastos pequeños repetidos suelen ser los más peligrosos porque el cerebro no los registra con facilidad. Unas láminas hoy, un domicilio mañana, una suscripción adicional, una apuesta pequeña. Individualmente parecen insignificantes, juntos pueden convertirse en un desbalance importante en el presupuesto.
4. Habla con tu “yo del futuro”
Una buena pregunta antes de cualquier gasto impulsivo es:
¿Estoy disfrutando esto… o estoy comprometiendo tranquilidad futura por emoción momentánea? Siempre que tienes una decisión difícil por tomar, yo aconsejo que le pregunten a su yo del futuro. ¿Qué haría en su lugar?
Quizás la conversación ya no debería ser entre “ahorrar” o “disfrutar”. Tal vez el verdadero equilibrio está en aprender a hacer ambas cosas al mismo tiempo. Ganar es poder disfrutar un Mundial, llenar un álbum con emoción, compartir con quienes queremos… y aun así seguir construyendo estabilidad, tranquilidad y bienestar para la vida que viene después del pitazo final.















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